
(Viene de la primera parte)
Este artículo está originalmente publicado en inglés, bajo licencia CC BY en la revista Journal of controversial ideas, la primera revista interdisciplinaria de acceso abierto, revisada por pares, creada específicamente para promover la libre indagación sobre temas controvertidos y que desde Jot Down recomendamos a nuestros lectores. Puedes apoyar la revista Journal of controversial ideas aquí.
Consideraciones para los responsables políticos
Propósitos políticos
La tabla 2 ofrece un resumen de las consideraciones para los responsables políticos. Comenzamos discutiendo tres categorías principales de políticas comúnmente disputadas, si bien reconocemos que no son exhaustivas (por ejemplo, no discutimos las políticas relativas al lenguaje). Esta discusión revela que las políticas pueden variar mucho con respecto a si las facetas del sexo, el género y/o la identidad de género (e incluso qué aspectos de cada una) son más relevantes para el propósito de la política.

Espacios, grupos y servicios solo para mujeres
El primer conjunto de políticas busca promover la privacidad, la seguridad y otras dimensiones del bienestar de las niñas y las mujeres. Un subconjunto de estas políticas se refiere a los espacios íntimos públicos (o estatales) como aseos, vestuarios, refugios y albergues, dormitorios o prisiones, dotándolos de instalaciones propias, de las que se excluye a los hombres (y a los niños a partir de cierta edad). Con respecto a la privacidad, se reconoce que en ciertos contextos (como en los alojamientos comunales o en el caso de una persona empleada como encargada de los vestuarios), la necesidad de privacidad justifica la provisión para un solo sexo (por ejemplo, la Ley de Igualdad del Reino Unido, 2010). En este caso, son las variables físicas del sexo fenotípico o, más concretamente, del sexo social, las más relevantes para estas políticas. Sin embargo, cabe señalar que hay variaciones entre los individuos y las poblaciones en cuanto a la importancia de este tipo de privacidad y en qué contextos. Por ejemplo, la desnudez mixta (por ejemplo, en las saunas) es habitual en algunos países.
Con respecto a la seguridad, esta exclusión se basa en el hecho de que los hombres constituyen la gran mayoría de los autores de la objetivación sexual, el acoso sexual y la violencia sexual. Por lo tanto, este aspecto de la política se basa en la expresión de ciertos comportamientos masculinos y, hasta cierto punto, en una ventaja masculina en la fuerza física que forma parte del sexo fenotípico. Al igual que otras exclusiones basadas en diferencias estadísticas de grupo (por ejemplo, la edad mínima para conducir o la jubilación obligatoria), es una forma de trazado de líneas imperfecta que es a la vez excesiva e insuficiente: excluye a todos los hombres (no solo a la minoría que supone una auténtica amenaza para las mujeres); y no excluye a las mujeres peligrosas. Los miembros de los grupos excluidos pueden considerar estas políticas como denigrantes (por ejemplo, implicando que no son competentes para conducir o trabajar, o que son agresores potenciales), pero estos costes expresivos se consideran justificados, ya que se sopesan con los beneficios prácticos y, en estos casos, con la mejora de la seguridad para las mujeres.
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