
Este artículo está disponible en la revista Jot Down Places.
Cuenta la leyenda que, en el mes de abril de 1410, el infante Fernando de Aragón, a la sazón corregente de Castilla y aspirante al trono aragonés, andaba guerreando contra los musulmanes del Reino de Granada cuando se vio asaltado por la duda de conquistar antes las tierras de Loja o lanzarse sobre Antequera. Con este dilema se echó a dormir y, en sueños, se le apareció una figura femenina, vestida de blanco, que le susurró la famosa frase que todavía se utiliza cuando se toma una decisión de resultado incierto: «Salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera».
Y, de esta manera, tuvo claro cuál sería su destino. Se dirigió al cerro llamado de la Ermita, instaló sus reales y llevó a cabo su campaña de asedio hasta que consiguió entrar en la ciudad amurallada el 16 de septiembre de ese mismo año 1410. De inmediato, se identificó a Santa Eufemia, la del Bien Hablar, con la dama que tan fantásticamente había resuelto la disyuntiva y cuyo martirio se conmemoraba ese mismo día.
La tradición conjuga imaginación, fe y épica con ciertas dosis de realidad y reúne en un único relato a aquel infante segundón y a una mártir de Calcedonia convertida en la patrona principal de una villa situada a muchos kilómetros de la antigua Bitinia. Este infante gobernó enclaves mediterráneos y territorios usurpados a los nazaríes, ostentó varios títulos castellanos y aragoneses, pero, curiosamente, ha pasado a la historia como Fernando de Antequera, aunque no anduviera por estos lares más de seis meses. Transcurrido este tiempo, se marchó con viento fresco a continuar sus incursiones por reinos de moros, dejando a Rodrigo de Narváez y Biedma como alcaide y distribuidor de haciendas entre los caballeros que hicieron posible la hazaña.
Esos repartos serían el origen de los latifundios y de los numerosos títulos nobiliarios que aún ostentan algunas familias, así como de la gran cantidad de conventos pertenecientes a las órdenes religiosas fundadas al calor de la conquista. La mezcla de gentes que poblaron y repoblaron los campos con apellidos que delatan su origen norteño, aún evidente en algunos paisanos de este siglo, también encontraría en estos repartos su causa.
La Colegiata de San Sebastián, construida en el siglo XVI en el mismo corazón de Antequera, es el libro que mejor resume este matrimonio entre gobernantes terrenales y santos protectores. En su interior se halla el sarcófago con los restos de Rodrigo de Narváez, y su impresionante torre campanario de ladrillo, levantada a principios del siglo XVIII, se remató con el Angelote, una veleta de más de tres metros de altura que, según dicen, guarda una reliquia de Santa Eufemia.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Estereotipado y poco documentado. Y la fuente a la que acude para la visita…
Interesante, conozco tosa esa zona. Pero noticias, en vez de Cádiz o de Antequera, dices Sanxenxo, Langreo, Santoña, Cambrils y parece que ya tienes un titular.
Muy interesante todo lo que escribe Laura Minguez Valdes