Cine y TV

‘Doraemon’: loser por imperativo categórico

Doraemon. Imagen LUK Internacional.
Doraemon. Imagen: LUK Internacional.

«Y es que eres un caso, eres de lo que no hay, Nobita, eres torpe y patoso, mal estudiante, indeciso y bastante vago, negado para los deportes, muy cobarde y también asustadizo, no se puede confiar en ti para nada, no das más que problemas, eres muy despistado, tienes la cabeza llena de pájaros, pero eres un buenazo, te dejas llevar por todo y encima eres un mimoso». 

Con este monólogo, Doraemon, experimenta la epifanía del amor robótico mientras Nobita hace piruetas en el horizonte con su gorrocóptero. Este invento conocido en la pérfida Albión como propeller beany copter se trata del mayor prodigio tecnológico que ha dado la ciencia ficción, muy por encima del aclamado y necesario ansible y que funestamente se asocia a la cultura nerd desde que lo empezó a usar el inspector Gadget. 

Doraemon es una serie de animación japonesa basada en un manga homónimo que se empezó a publicar en 1969, y narra las aventuras y desventuras de Nobita, un chico fantasioso, holgazán y quejoso —arriba más— que tiene la sana costumbre de interrumpir a Shizuka, su amor platónico, mientras se baña. Shizuka es una chica tierna, estudiosa y amigable que va vestida con polo y falda rosa o vestido blanco. Cuenta una antigua leyenda que cual Belle de Jour, durante un tiempo estuvo frecuentado foros de internet de dudosa reputación. 

Doraemon, el coprotagonista y quien a la postre le da nombre a la serie, es un gato-robot del siglo XXII que viaja atrás en el tiempo enviado por Sewashi Nobi, el nieto de Nobita, con el objetivo de cambiar su historia de vida y que así sus descendientes, entre los que él se incluye, puedan disfrutar de un futuro mejor. Es un gato defectuoso y sin orejas, ya que le fueron devoradas por unos ratones que acabaron traumatizándolo. 

Nobita tienes unos compañeros que nadie desearía para sí mismos. Por un lado está Gigante —cuyo nombre es Takeshi—, un matón enorme que durante los más de mil episodios que lleva la serie no deja ni un minuto de darle mamporros y collejas a chaval que se relaciona con él. A su lado Nelson y Jimbo de Los Simpsons son más blandos que Pereza cantando «Pienso en aquella tarde». El otro prenda es Tsuneo, un niño rico al que le gusta pavonearse continuamente de sus posesiones materiales y que disfruta fastidiando y chinchando a Nobita. Estos simpáticos personajillos, hay que decirlo alto y claro, están continuamente haciendo bullying a nuestro amigo, y no hay día en el que no deseemos con toda nuestra alma un crossover con Mazinger Z para que Afrodita A les aplaste el cráneo a ambos con cada uno de sus pechos. 

Como verán, al perfil psicológico de los protagonistas de la serie no les hace sombra ni el guionista de Trainspotting, con el importante añadido de que está pensada para un público infantil, lo que nos da muchas pistas sobre por qué Japón es el país de los Hikkikomori, ya saben, esos chicos recluidos en sus habitaciones motu proprio por fobia social —y miedo a que les hostien, añadiría—. 

Para dar vidilla a esta historia de maltrato físico y psicológico, Doraemon posee un bolsillo de la cuarta dimensión, cual chistera mágica de Juan Tamariz, del que va sacando inventos de todo tipo con la intención de facilitar la vida a su amigo Nobita. En el transcurso de cada episodio veremos como Nobita acaba haciendo un uso torticero de los mismos con el consiguiente estropicio final. El catálogo de ingenios es espectacular y es el elemento narrativo que le da humor, frescura y colorido a estos escolares pizpiretos (cof, cof). 

Además de la interminable serie, hay más de treinta y cinco películas donde el grupo de chicos tienen experiencias de todo tipo y ponen en valor la amistad para salir siempre airosos de los líos en los que se meten. Los seguidores más fieles de Doraemon, tras descubrir que el doblaje de una película estuvo a cargo de Alaska y Mario, esperábamos que esa aventura comenzase en un autobús escolar conducido por Takeshi Kitano a punto de introducirles en Battle Royale.

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2 Comentarios

  1. Pingback: ‘Doraemon’: loser por imperativo categórico - Multiplode6.com

  2. No he entendido muy bien el objetivo del artículo, parace una breve sinopsis de la serie.

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