Arte y Letras

Instituto Cervantes: la gran idea cultural de las tres últimas décadas

cartografias
Ilustración de Sofía Fernández Carrera para Revista Mercurio #226

Antonio Muñoz Molina publica hoy un artículo muy interesante en El País: «Otra televisión, otro país» donde examina el declive de la radiotelevisión pública en España, comparando su estado actual de abandono y privatización con su época de mayor prosperidad. Su artículo acaba con una reflexión sobre cómo quienes trabajan en el Instituto Cervantes observan con envidia la situación de instituciones similares en Europa, como la Alianza Francesa y el Instituto Goethe, que disfrutan de más recursos y autonomía. Por último, critica la tendencia nacional a destruir lo logrado en medio de conflictos políticos constantes, lo que refleja un ciclo de regeneración política ineficaz. En sus palabras:

Quien ha trabajado en el Instituto Cervantes aprende a mirar con envidia y desconsuelo las grandes instituciones europeas en las que se inspiró su fundación, la Alianza Francesa, el Instituto Británico, el Instituto Goethe: dotadas de medios suficientes, de programas y directrices a largo plazo, de una autonomía sujeta desde luego al mandato democrático y a la legalidad, pero no a los vaivenes ni a las directas interferencias políticas […] Pero nuestro peor obstáculo no es nuestra pobreza, sino el encono que ponemos en derruir lo que a pesar de ella a veces hemos sido capaces de levantar, con la misma furia con la que alimentamos el parloteo de cotorras de la discordia política, sin la menor esperanza de regeneración, uncidos a la noria de una campaña electoral permanente, como si ese fuera el destino inevitable que nos ha tocado.

La Revista Mercurio en su reciente número #226 «Cartografías panhispánicas» publica un extenso informe sobre el Instituto Cervantes que corrobora las palabras de Muñoz Molina y que a continuación reproducimos:

1. Historia del Instituto Cervantes

La presentación del órgano del poder blando español

Cuando España, a finales de siglo, estrenó democracia y modernización, muchos países demandaron establecer relaciones con ese nuevo invitado al conjunto de naciones. El año 1992 fue clave para presentarnos al mundo y hacer una demostración de capacidades con los Juegos Olímpicos de Barcelona, la Exposición Universal de Sevilla y los actos del V Centenario. Pero además presentamos también la institución creada un año antes para que la lengua y la cultura fueran nuestro medio de relación e intercambio diplomático con otros países: el Instituto Cervantes. Con él llegábamos los últimos, y llegábamos tarde, al proceso iniciado en todo el mundo a principios del siglo XX, y consolidado después de la Segunda Guerra Mundial: la creación del nuevo poder blando, esa capacidad para repercutir en el concierto internacional usando medios culturales e ideológicos. Instituciones análogas al Cervantes se habían creado un siglo antes en Francia e Italia, en 1934 en Reino Unido y en 1951 en Alemania. Y aunque los responsables ministeriales españoles sí fueron conscientes, ya en la década de 1910, de que en los procesos de internacionalización que se estaban dando era fundamental la labor de propaganda sobre los valores literarios, científicos y artísticos del propio país en comparación con los otros, la situación política no acompañó hasta la llegada de la democracia.

El anuncio del Instituto suscitó un enorme interés internacional en el mundo cultural, diplomático y político. Tanto como para dar pie a pensar que podíamos recuperar ese tiempo perdido. Muchos países de Europa, además de Estados Unidos, Japón, India, Filipinas y Turquía, solicitaron casi inmediatamente la apertura de centros Cervantes. Los planes eran dar respuesta inmediata a todos ellos, abriendo 83 sedes en apenas tres años. Una cifra que tardaría décadas en alcanzarse, porque apenas un año después de presentado, una crisis económica internacional frenó el desarrollo del IC y obligó a replantear su funcionamiento, poniendo además sobre el tablero un dilema que el Instituto arrastra desde su creación: cuánto tienen que pesar en su financiación los ingresos derivados de sus actividades propias, y cuánto el dinero recibido de los presupuestos generales del Estado. O lo que es lo mismo, hasta qué punto debe ser el IC una entidad mercantil dedicada a generar beneficios mediante la enseñanza y difusión del idioma y la cultura en español, y hasta qué punto una herramienta diplomática con cargo a la financiación del Estado.

Primera cervantización con las armas de Don Quijote

El drástico recorte de fondos al IC en 1993 retrasó la apertura y modernización en marcha de los centros Cervantes en todo el mundo. Ante la falta de fondos se decidió otorgar mucho mayor peso a la enseñanza de idiomas, una actividad, a diferencia de la diplomacia, con rendimiento económico objetivo. Desde entonces ha quedado la idea en el imaginario colectivo de que esta es la principal actividad del Instituto. Ciertamente la enseñanza del idioma preponderó hasta 1999, el año en que, por fin consolidado, comenzó a cumplir sus objetivos fundacionales. Para fin de siglo no solo era ya una institución sólida, sino solvente. Así que conforme a los planes para los que había sido creado por los legisladores en 1991, pasó de estar integrado en el Ministerio de Cultura al de Exteriores, donde asumió su doble cometido, que viene cumpliendo desde entonces. La promoción de la lengua y la cultura, y el apoyo diplomático al poder blando español.

Pero el intervalo entre ambas fechas no fueron años vacíos, al contrario. Porque si el Instituto Cervantes nació de una idea gestada por altos funcionarios del Estado, e impulsada y ampliada en sus objetivos por el poder político, se concretó gracias a la labor diplomática de lingüistas, filólogos y especialistas de la lengua española. Convencidos de que no podíamos arrogarnos como país la propiedad del español, ni abandonarlo a criterios parciales, se coordinaron desde sus inicios con los prestigiosos institutos de México, Colombia y Argentina. Con posterioridad también con el conjunto de Academias de Hispanoamérica, y finalmente hasta las entidades de la lengua española en otras naciones acabaron integrándose en el esfuerzo común de impulsarlo.

Pocos actos ilustran mejor esa colaboración americana e internacional que el I Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Zacatecas, en 1997, y cuya secretaría estuvo a cargo del Instituto Cervantes. El IC se presentó al continente americano en el país con mayor número de hablantes del español, y con los medios de comunicación como tema central. Periodistas, lingüistas, empresarios, editores, cineastas y profesores se reunieron para analizar los medios impresos, los audiovisuales y los que aún eran llamados de las nuevas tecnologías, embrión de los medios digitales. Acompañados por los discursos de Gabriel García Márquez, Camilo José Cela y Octavio Paz, allí dieron comienzo los acuerdos de hispanistas e hispanófilos, se recabó el apoyo de las academias americanas y se acordó la firma de más de un centenar de convenios con centros y universidades. Pero sobre todo, los participantes salieron de aquel congreso con una idea de consenso que todavía permanece, y que resumió en una frase su director Nicolás Sánchez-Albornoz en el discurso de cierre: «El español es ante todo una lengua americana, motivo de su vigor, su profunda coherencia interna y su irresistible expansión».

Virgulillas para los cinco continentes: la expansión histórica del IC y su presencia actual en el mundo

Cuando Enric Satué ganó el concurso para diseñar el logotipo del IC, fijó para siempre en su imagen la virgulilla de la eñe y esas dos tes que se tumban para colaborar, dejando en medio el espacio de una institución abierta al mundo. Es un símbolo que hoy lucen las sedes de 92 ciudades y que está llamado a estar en muchas más en el futuro. Pero abrir una sede no depende solo de las ganas y la voluntad de compartir y expandir nuestra cultura y nuestra lengua, sino de las directrices de la política de relaciones estratégicas de España con otros países. Los lazos diplomáticos con la nación de destino y su peso en nuestras relaciones exteriores, además de los factores económicos y culturales, deciden o descartan la apertura de centros. También pesan los criterios mercantiles introducidos desde la crisis del 93, dado que el IC mantiene su componente de explotación comercial a través de la enseñanza del español y la certificación de su conocimiento. Un análisis de los datos económicos, demográficos y de mercado del lugar de destino determinan si la nueva sede será viable a corto, medio y largo plazo. También se considera el número per cápita de libros editados en lengua española, la tasa de educación universitaria y el porcentaje de gastos de investigación respecto al producto nacional bruto. Un conjunto, en fin, de factores económicos, diplomáticos y culturales que deciden la existencia de una sede.

Esto ayuda a comprender que la primera expansión del IC se centrara en los países de nuestro entorno continental, Europa. Como país integrado en la CEE, hoy UE, se puso especial empeño en estar en las mismas ciudades donde tenían sede sus equivalentes europeos: la Alliance Française, el British Council, el Goethe Institut y la Societá Dante Alighieri. En un momento de escasez se buscó su apoyo para compartir recursos como las bibliotecas, pero también para participar juntos en los programas europeos. Se abrieron las primeras aulas Cervantes, un paso intermedio antes de la apertura de una sede, en colaboración con las universidades locales. Entonces fue en Praga, Belgrado y Budapest, pero el modelo se mantiene, y en fecha tan reciente como 2022 abrió sus puertas el Aula Cervantes de Seúl.

Después de esa expansión por nuestro entorno geográfico inmediato y de la estrecha colaboración con Latinoamérica de la primera fase, la mayor parte de aperturas de institutos Cervantes entre final y principio de siglo se produjeron en Brasil, Estados Unidos y la región Asia-Pacífico. Brasil acababa de convertir la lengua española en parte de su enseñanza obligatoria, y tras ser consultado, pidió que los esfuerzos del Cervantes se orientaran a la formación de profesores, por entonces su necesidad más urgente. Ahora el español es fundamental también en este país americano y ocho ciudades brasileñas cuentan con centros Cervantes: la capital Brasilia, Río de Janeiro, São Paulo o Recife, entre otras. Además de cubrir la casi totalidad del país, tienen asignados centros acreditados en países geográficamente próximos a su ubicación, cubriendo Argentina, Uruguay, Chile, Ecuador, Perú, Colombia, Paraguay y Bolivia.

Estados Unidos era y es clave, porque si el español ya se estaba convirtiendo en el 2000 en la segunda lengua del país, hoy lo es a todos los efectos. Por eso la labor del Instituto se centra en atender sus tres variantes lingüísticas y culturales, la hispanoamericana, la propiamente hispana de EE.UU. y la española. Sin perder de vista tampoco un doble proceso social: el rechazo a la emigración hispana y la discriminación por origen, y el progresivo aumento de peso político y económico de los hablantes de español. El centro de Nueva York coordina a los seis que tienen presencia en territorio estadounidense, y sumados extienden su influencia por 35 de los 50 estados. La nueva sede de Los Ángeles, inaugurada en 2022, ha supuesto un paso más, y también la vuelta del IC a su expansión, que no se producía desde la apertura en 2012 de su centro en Croacia. Además, desde el centro de Albuquerque se atienden los centros de examen y centros acreditados de Bahamas, Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, República Dominicana y Trinidad y Tobago. Asia y Oceanía fueron las zonas del mundo donde las sedes Cervantes se abrieron más tarde, para adaptarse a los tiempos gubernamentales y para esperar a que se fortalecieran las relaciones diplomáticas, comerciales y de cooperación con las economías en auge: Corea, China, Japón, Vietnam, Indonesia y Malasia. Las aperturas pueden seguirse históricamente en ese orden. También permiten identificar el frenazo en seco a la expansión que comenzó en esta área y que se extendió al resto de países justo después.

La crisis financiera de 2007-2008 afectó profundamente al Instituto. Los drásticos recortes para reducir el déficit generado por el aumento de intereses de la deuda pública supusieron un recorte de casi la mitad de los fondos que recibía en transferencias del Estado. Pasó de percibir 90,3 millones de euros en 2009 a solo 50,4 millones en 2014. Pero el hachazo no fue únicamente económico. En aquel momento también se privó a los centros Cervantes de la capacidad histórica que habían disfrutado, la de poder incrementar sus gastos en función de sus ingresos. Y se impusieron límites a la contratación de personal. En resumen, se restó al Instituto parte de la independencia de actuación que había tenido como institución pública desde sus orígenes. Y así empezó una larga etapa donde el IC continuaba estando obligado a mantener su actividad mercantil, así como su excelencia en la enseñanza, y a generar más ingresos, pero con menos personal, menos dinero y el mismo número de centros. El resultado fue una descapitalización de sus recursos humanos, una expansión que se canceló y que tardaría años en reanudarse y un cuadro de carencias que se mantienen, en parte, hasta el día de hoy. Casi diez años, hasta 2018, tardó en alcanzar de nuevo el superávit presupuestario, momento en que se pudo reanudar la expansión de la red de centros Cervantes.

Hoy la capacidad de influencia y beneficios económicos generados por cada sede Cervantes parecen ir parejos al número de años que lleva implantada en la ciudad de destino. En Europa y Marruecos se registra el mayor número de estudiantes, con especial demanda de ELE, certificación de Español como Lengua Extranjera para profesores que enseñan español. Le sigue la América no hispanohablante, Brasil y EE. UU. Por contraste, Asia, Oceanía y Oriente Próximo, últimos en recibir sedes, son las áreas donde hay menor número de estudiantes, con muy poca demanda de ELE. Aunque existen excepciones notables, como el centro de Nueva Delhi en India y el de Manila en Filipinas, que tienen el mayor número de estudiantes y horas de toda la red.

Durante los próximos años los planes del IC son concentrar su expansión en el África subsahariana. Esto responde a un interés diplomático, pues resulta fundamental estrechar lazos con el vecino del sur de la UE; pero también a uno cultural, el creciente interés de la población por la cultura y la lengua españolas. En 2019 abrió la sede de Dakar, y Abiyán, en Costa de Marfil, retomó en 2021 una actividad que el IC había iniciado allí en 1991 y cesado en 1994, ahora con una nueva Aula Cervantes. Ese país, junto a Benín y Senegal, resultarán claves para continuar expandiendo la influencia del español y su cultura por el continente africano.

En la vanguardia intelectual de la primera internet

Adelantado a su época, el Instituto Cervantes fue una de las primeras instituciones en abrazar la digitalización en España, cuando esa palabra ni siquiera se empleaba. Como parte de su planificación estratégica, fue incorporando las herramientas informáticas que iban apareciendo en el mercado. Términos hoy ya en desuso, referidos a soportes y tecnologías superadas, o a las que se alude con otros términos, como CD-ROM, hipertexto, multimedia, o autopista de la información, fueron empleados, explicados y aplicados primero por el IC. El Centro Virtual Cervantes, CVC, convirtió al Instituto en pionero en el uso de las nuevas tecnologías en todo el mundo, por integrar la producción académica y la difusión cultural en línea, algo tan natural hoy como novedoso en 1999. Su red de bibliotecas fue la primera en español que permitió consultar documentos directamente en línea, no solo como referencia de título en el catálogo. Dos décadas después y como fruto de ese esfuerzo sostenido, en los 68 portales del IC pueden consultarse casi 61 millones de documentos, algunos fundamentales para seguir la evolución y uso del español en todos los rincones del planeta.

Del covid a los planes UE Next Generation

La pandemia supuso la tercera gran crisis histórica del IC. El cierre de centros obligado por los confinamientos supuso una menor actividad académica y de emisión de certificaciones, y con ella, una drástica reducción de ingresos. El modelo de enseñanza en línea, que hubiera debido asumirse de forma inmediata, no contaba, ni cuenta aún, con suficientes recursos digitales internos para abordarlo. Ahora es una desventaja todavía mayor, porque la digitalización acelerada pospandemia ha generado que instituciones con menos prestigio que el IC, pero más implantadas en internet, tengan mayor capacidad técnica para enseñar y certificar el español en línea.

En 2020 se introdujo un cambio significativo en los fines del Instituto, al incluir en su actividad la difusión en el exterior de las lenguas cooficiales, catalana, gallega y vasca, de forma coordinada con las instituciones que las representan. Las deliberaciones para la creación del IC en 1991 en el Senado y Congreso ya contemplaron esta posibilidad, que se descartó aduciendo la ausencia de demanda internacional. En la concepción actual se entiende que estas lenguas son también parte inseparable de la cultura panhispánica y por tanto deben integrarse en los esfuerzos y fines generales del Instituto.

Pero si hay un cambio que va a afectar al IC en los próximos años es la nueva concepción del español y de las lenguas cooficiales como factor de crecimiento económico y competitividad internacional. En el nuevo panorama tecnológico, y de manera aún más notable con la inteligencia artificial, los idiomas que dominen la transformación tecnológica dominarán también la economía mundial. Esta idea está recogida y desarrollada en el PERTE Nueva Economía de la Lengua, de 2022, que aborda una nueva forma de entender el producto más demandado y exportado de nuestro país: el idioma. Para ser llevado a cabo se ha incluido al IC como uno de sus motores, y como líder de muchos de los procesos que determinarán su éxito.

2. Cómo se gestiona el IC: un Instituto bicéfalo, independiente y de consenso

Para entender el funcionamiento del Instituto Cervantes y su doble organigrama hay que tener muy presente que es una institución dual: por su doble función, diplomática y cultural; por su doble faceta económica, la institucional que absorbe ingresos y la comercial que los genera, y por una misión guiada por fines aspiracionales que deben traducirse en actividades prácticas y rentables, programando actividades de enseñanza y culturales en sus sedes. Esto ayuda a entender por qué se rige por dos órganos: un Patronato y un Consejo de Administración con un equipo directivo a su cargo.

El Patronato está compuesto por un conjunto de personas con capacidad de influencia diplomática y política, y por las máximas instituciones que representan a la lengua y cultura españolas, además de reconocidos escritores. Son miembros permanentes Su Majestad el Rey y el presidente del Gobierno, junto con los titulares de los ministerios de Exteriores y de Educación, Cultura y Deportes. Además, forman parte del Patronato los directores de la RAE, de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, del propio IC y los autores galardonados con el Premio Cervantes, que acceden a representarlo. Lo completan una serie de vocales en representación de las letras y la cultura españolas, las hispanoamericanas, las universidades, las reales academias y las instituciones sociales de carácter cultural.

Por lo que representan en el Estado, en la cultura y en la lengua, estas personas son idóneas para cumplir los tres puntos que resumen la misión del IC. Uno, favorecer la enseñanza del español y las lenguas oficiales de España. Dos, fomentar el encuentro e intercambio de la cultura española y panhispánica con otras culturas del mundo, así como difundir la cultura panhispánica. Y tres, actuar como instrumento privilegiado para reforzar el prestigio y la influencia de España en el mundo, mediante la difusión y promoción de su patrimonio lingüístico y cultural.

El Patronato decide los planes generales del Instituto, y para llevarlos a cabo existe su órgano de gestión, el Consejo de Administración. Junto con el equipo directivo se encarga de la aplicación práctica de los planes del Patronato, a través de la gestión de su presupuesto, y de las actividades de su red de centros. Estas incluyen la enseñanza del idioma, las certificaciones de su grado de conocimiento, la gestión de la red de bibliotecas y recursos, la organización de eventos culturales y la puesta a disposición del público de recursos digitales. La responsabilidad de este órgano también es asegurar los ingresos propios que garantizan la viabilidad del Instituto y su continuidad en el tiempo.

Pero si este organigrama doble ha funcionado con éxito desde 1991 no es solo por lo acertado de sus planes o por su gestión, sino sobre todo porque a lo largo de los años tres principios conceptuales se han mantenido invariables. Uno, el consenso de todos los partidos políticos sobre la importancia del IC, su continuidad y la necesidad de destinarle recursos. Dos, la gestión de unos directores que siempre han construido sobre lo heredado, de forma continuista, al recibir el cargo. Y tres, el alto grado de independencia que se le ha otorgado, poco habitual en una entidad pública. Que esto siga siendo así depende de la voluntad del poder ejecutivo y de las reformas llevadas a cabo por el legislativo. Este último puso en cuestión su tradicional independencia con la Ley de Régimen Jurídico del Sector Público de 2015, a la que el IC está obligado a adaptarse. Aunque las modificaciones introducidas en 2020 vuelven a dotarlo de capacidad para tener una gestión más flexible, a medias entre el derecho público y el privado, será imprescindible mantenerla así. No por capricho, sino porque es necesaria para una institución que tiene que desarrollar su actividad en tantos países distintos y en situaciones tan cambiantes. Con decisiones ágiles y adaptadas a las circunstancias de cada país o ciudad en que está presente.

El poder ejecutivo, y por tanto todos los partidos que representan a la ciudadanía, también tienen que mantener su consenso sobre las especiales características y el valor como institución pública del Instituto Cervantes. Especialmente en esta nueva etapa de impulso y expansión que aprovecha los fondos europeos y entiende que de la lengua y la cultura va a depender también, puede que más que antes, nuestro crecimiento económico y competitividad internacional.

3. Economía del IC: actividades, programa de actuación y cambios producidos por la pandemia y por los fondos europeos

El IC cuenta desde su creación con una doble fuente de fondos, en la que el peso de las transferencias del Estado supone algo más del cincuenta por ciento y el resto corresponde a ingresos por actividades propias. Salvo en las crisis económicas de 1993 y 2008, se ha seguido el criterio de que el Estado haga un desembolso ligeramente superior al de los ingresos que genera el IC. De tal modo que si estos aumentan, los presupuestos del Estado lo doten también con más fondos, facilitando su crecimiento y expansión. En los dos últimos años se ha incorporado además una partida inédita, en forma de créditos para proyectos, con origen en los fondos europeos. Hay que separarla, como aporte adicional y temporal, del presupuesto histórico del IC, que ha ido aumentando hasta los más de 130 millones de euros actuales y que nos ayuda a comprender su dimensión.

El ejercicio 2022 se cerró con un presupuesto de 134.729.830€, procedente en un 56,7% de transferencias y en un 43,3% de ingresos propios, cantidades a las que hay que sumar 26.375.000€ de los fondos europeos. La primera cantidad le permite seguir con su actividad habitual y la segunda se destina a los nuevos proyectos.

Actividades del IC que generan sus ingresos propios

El Instituto obtiene ingresos de la organización de cursos de lengua española y lenguas cooficiales, presenciales, semipresenciales y en línea, y de las certificaciones del grado de conocimiento del español. Existen cinco programas de certificación destinados a diferentes fines y colectivos: el DELE, Diplomas de Español como Lengua Extranjera, sirve a profesores que quieran dedicarse a la enseñanza del español; el CCSE es la prueba de Conocimientos Constitucionales y Socioculturales de España, que es necesario superar para la obtención de la nacionalidad española; el SIELE, Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española, certifica el nivel de español desde A1 hasta C1, mediante un único examen multinivel y por ordenador; el DADIC, Diploma de Acreditación Docente del Instituto Cervantes, se dirige específicamente a formación del profesorado, y el SACIC, Sistema de Acreditación de Centros del Instituto Cervantes, acredita la calidad de la enseñanza del español en centros docentes.

El destino de los fondos europeos en el IC

En el ejercicio 2022 los fondos europeos dejaron más de veintiséis millones de euros, y en el anterior, más de cuarenta y siete. Están destinados a desarrollar la parte que toca al IC del PERTE Nueva Economía de la Lengua, compuesto de catorce proyectos tractores, en los que el IC participa o es directamente protagonista. La digitalización del Instituto Cervantes permitirá prestar en línea todos los servicios del IC con la misma capacidad y ventajas para sus estudiantes que los servicios presenciales. Transformar el modelo actual a uno híbrido permitirá competir en condiciones de igualdad con el resto de instituciones dedicadas a la enseñanza del español. El Observatorio Global del Español, otro de los planes motores, es un cambio revolucionario: si hasta el momento se había aprovechado la expansión natural del español, ahora se trata de impulsarla, junto con las lenguas cooficiales, entendiendo las lenguas como motores del crecimiento económico y, por tanto, necesitadas de estímulos para alcanzar más potencia.

Entre el resto de retos asumidos por el IC dentro del PERTE está el desarrollo de un corpus lingüístico para el desarrollo de la inteligencia artificial en español, que apoyará la divulgación científica. Nuestra lengua está infrarrepresentada en la ciencia, pese a ser la segunda en que más textos científicos se publican después del inglés; casi el 70% de ellos en nuestro país, especialmente sobre medicina.

4. Los homólogos europeos del IC: Alliance Française, Goethe Institut y Societá Dante Aligheri

Las cuatro lenguas más estudiadas en el mundo son, en este orden, inglés, francés, español e italiano. Por eso cuando se trata de comparar al IC con instituciones análogas tiene sentido elegir las de Francia, Alemania e Italia, dejando fuera al British Council, ya que tras el Brexit ha dejado de participar en los proyectos comunes de la UE. Aquellas, además de tener importancia por la lengua que representan, actúan en el marco de la Unión y tienen también como misión difundir y apoyar su lengua y su cultura. El derecho comunitario ha conseguido además que tengan similitudes en su organigrama, forma de gestión y regulación legal. Pero ahí acaban sus coincidencias con el IC.

Tanto la Alianza Francesa fundada en 1883, como la Sociedad Dante Alighieri en 1889 e incluso el más tardío Instituto Goethe de 1951, están mucho más extendidos por el mundo y tienen mucha mayor capacidad de influencia. No solo por el mayor tiempo que llevan funcionando o por su número de hablantes. Es el número de personas que estudian una lengua, y el peso que esta representa en la economía global, lo que determina la capacidad de influencia de un instituto de la lengua.

El Cervantes tiene una posición privilegiada con el español, tercera lengua más estudiada del mundo, pero también tiene ahí su desventaja, al ser una lengua con mucho menos peso que las otras en el PIB mundial. Justo el caso contrario es el del Instituto Goethe, con pocos hablantes y estudiantes de alemán, pero séptima lengua por peso económico. El francés en cambio ocupa la segunda posición en el mundo por número de estudiantes, y también por peso económico. El italiano, mucho menos importante por su peso en el PIB mundial, es la cuarta lengua más estudiada. Todo ello se traduce en la diferencia de esfuerzo y en la gestión que tiene que abordar cada instituto para cumplir sus fines.

El Goethe tiene que influir en 130 millones de hablantes, de los cuales 15,4 millones son estudiantes. Pero no depende de la enseñanza, porque sus ingresos por actividades propias son solo el 20% de su presupuesto. El ministerio de exteriores alemán lo financia en un 80% con transferencias, y ello significa que en el Goethe Institut pesa más ejercer la influencia diplomática a través del idioma y la cultura alemana que la enseñanza. Es una estrategia consistente para un país, Alemania, con el cuarto mayor PIB del planeta. El caso de la Alianza Francesa es justamente el contrario. Obtienen dos tercios de su enorme presupuesto, 2.100 millones de euros en el último ejercicio, de la enseñanza y certificación del francés. Es el segundo idioma más estudiado en el mundo tras el inglés, y la Alianza aprovecha esa característica, y otra también particular de su lengua. De sus 321 millones de hablantes, 190 millones la tienen como segunda lengua, o lo que es lo mismo, son o han sido estudiantes en potencia. El 61,8% de ellos se encuentra en países de África. Su mercado para la enseñanza, por tanto, es enorme.

La Sociedad Dante Alighieri es la institución con presupuesto más modesto, incluso en comparación al IC, pero también la que más se parece a la española. Su presupuesto total en 2022 fue de 9.321.213€; más de la mitad proceden de transferencias del Estado, y el resto, de la enseñanza. Aunque con un modelo similar, ingresos más modestos, con solo 85 millones de hablantes y casi 20 millones de estudiantes, su presencia internacional es mucho mayor que la del IC.

De los 591 millones de hablantes de español en el mundo, 98 millones lo han aprendido estudiando. Pero en los últimos ocho años el IC solo ha emitido certificaciones de dominio del idioma para 600.000 de ellos; es menos del uno por ciento. Dado que el modelo de aprendizaje ha venido siendo presencial más que en línea o híbrido, parece claro que la actual red internacional del IC no da para más. Ahí es donde su digitalización podría ser clave para expandir sus ingresos. Dado que, como hemos visto en la comparación, el número de estudiantes del idioma marca la diferencia, y que el español tiene en esto una gran ventaja, está claro que el IC no es capaz de acaparar a su gran mayoría, como sí hace la Alianza Francesa.

Además, por presencia internacional el IC es la más débil de las cuatro instituciones. El Cervantes tiene sedes en 92 ciudades, la Alianza Francesa en 829, la Sociedad Dante Alighieri en 482 y el Instituto Goethe en 158. Si hablamos de presencia en países, el IC está en 45, la Alianza en 135, el Goethe en 98 y la Dante en 80. La mayor capacidad futura del IC pasa también por acercarse a las cifras de sus homólogos europeos.

Pero esa expansión dependerá también de una voluntad política que mantenga el equilibrio entre transferencias del Estado e ingresos propios. Si cada crisis económica mundial retrasa diez años, como ocurrió en 1993 y 2008, la expansión del IC, tendremos más difícil que la potencia del Instituto como herramienta diplomática y difusora de la cultura y el idioma alcance a sus homólogos europeos. Verdaderamente es aquí donde los miembros del Patronato que pertenecen al mundo cultural e intelectual tienen la capacidad de influenciar a quienes dentro del mismo deciden las políticas de Estado. Todo un reto.

5. América Latina y el Instituto Cervantes

Latinoamérica fue el gran apoyo del Instituto Cervantes en sus inicios. Lo recordaba el actual director del IC, Luis García Montero, en su treinta aniversario, explicando que los exilados españoles, entre ellos el primer director, Nicolás Sánchez-Albornoz, además de Francisco Ayala, José Ferrater Mora, María Zambrano y Adolfo Sánchez Vázquez, lograron que se impusiera una nueva toma de conciencia. La del español como un patrimonio compartido entre nosotros y América del que desde luego no somos ni propietarios ni guías, sino solo una parte más de la cultura panhispánica. Nuestro modo de expresarnos en español es, por tanto, igual en importancia al del resto de hablantes.

Con lo que sí contamos es con la ventaja de un desarrollo económico como país que nos permite liderar la influencia de la cultura y lengua españolas. España, como principal inversor en Latinoamérica, comenzó allí la internacionalización de sus empresas y estas, al expandirse al resto del mundo, contribuyeron también a internacionalizar la lengua común y los patrones culturales. Pero no tendría sentido haber creado sedes del IC en los países latinoamericanos, pues hubiera supuesto competir con unos países con cuyas instituciones se estableció una estrategia de cooperación desde el principio.

En América Latina la labor del IC está centrada en su cooperación con instituciones académicas y culturales, y en su actuación como instrumento del poder blando. Ello implica que el Ministerio de Exteriores tenga un mayor peso en la actividad del Instituto en Latinoamérica. Después de la pandemia la reputación de España en el mundo ha aumentado, tanto en la OCDE como en el conjunto de países latinoamericanos, donde ha subido casi ocho puntos. Ese prestigio, junto a la cultura y la lengua, nos mantiene en la estrategia exterior de la UE como uno de los interlocutores preferentes con Latinoamérica. Pero hay además nuevas oportunidades para la propia actividad del IC debido a dos cambios importantes que, en relación con la lengua, se están produciendo en la parte latina del continente. El español se ha convertido en lengua franca en el Caribe anglófono, francófono y holandés. Y también en aquellas organizaciones que se expresan en portugués, inglés, francés y guaraní, además de en español. Incluso adquiere cada vez más importancia en organizaciones que por sus especiales características no tienen el español como lengua oficial: el Banco de Desarrollo del Caribe (CDB), el Sistema Regional de Seguridad (SRS) y la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECS).

El segundo factor de oportunidad para el IC en Latinoamérica es el aumento de su número de usuarios de internet. Cada vez más hogares y ciudadanos tienen conexión, y dado que el español es la tercera lengua por uso en la red, y que el IC está digitalizándose para abordar su modelo híbrido pospandemia, estamos en un escenario óptimo para expandir su influencia. También el desarrollo del corpus lingüístico para facilitar la creación de la inteligencia artificial en español, liderado por el IC, se está haciendo con una concepción global, que por supuesto incluye a Latinoamérica. El Decálogo ético para una cultura digital panhispánica, publicado en 2021, es un ejemplo de ello.

Mantener y expandir la gran idea de 1991

Hoy, a treinta y dos años de su creación, el Instituto Cervantes es la institución más importante en enseñanza del español, de certificación de su conocimiento y de formación de profesores. Su anuario, que viene publicándose desde 1998, dedicado a describir la dimensión, peso y utilización del español en la actualidad, resulta un recurso imprescindible cuando se trata de abordar el estudio y seguimiento de la difusión de la lengua y la cultura en nuestro idioma. Como herramienta diplomática y de hermanamiento con Latinoamérica y el mundo, ha adquirido una importancia fundamental dentro de los recursos del Ministerio de Exteriores. Su gran reto, ahora, es que las reformas emprendidas para modernizarlo, ayudadas por los fondos europeos, sirvan tanto para superar sus deficiencias como para mantener su liderazgo, logrando así la pervivencia y relevancia presentes y futuras de una institución que es, citando a Antonio Muñoz Molina, «una de las pocas grandes ideas culturales que ha tenido nuestro país en las últimas décadas»

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5 Comentarios

  1. Antonio Bedmar Fernández

    Perdón por poner el dedo en la llaga, pero creo que una de las razones de que no se le dé más apoyo al Instituto Cervantes es que los españoles empezando por nuestros políticos no queremos defender nuestro idioma. Ya ha habido sentencias sobre el uso del catalán y el español en Cataluña que no se han cumplido y no ha pasado nada.

    Incluso creo que si un gobierno central quisiera apoyar en serio al IC podría perder el apoyo de sus socios nacionalistas. Y como parece que ir contra los nacionalistas es ser de derechas (y a lo mejor lo es) gran parte de la prensa no apoyará al idioma español.
    Es más, creo que eso nos está pasando ya. Apoyar al idioma español parece cosa de fachas, esa puede ser una de las mayores razones para que el IC esté como está.

    • Es predicar en el desierto.
      Recuerde que la revista JotDown baila el agua a el agua a la izquierda española. No hay ni un articulista que disienta del pensamiento único progresista, con todo lo que eso conlleva: callar ante los abusos de supremacistas racistas y filo-terroristas socios del PSOE.
      Si en la actualidad española no te han llamado alguna vez «facha» o «fascista» es que algo estás haciendo mal…
      Un saludo.

      • «Si en la actualidad española no te han llamado alguna vez «facha» o «fascista» es que algo estás haciendo mal…»
        Como impedir la asistencia médica a 7291 personas en situación de vulnerabilidad, por poner un ejemplo.

      • Abel "el bedel"

        Oh, Andy, fachapobre. Siempre que te leo me doy cuenta de que tienes ganas de tirar un pedo, pero te contienes por el placer de aguantarlo hasta la mañana siguiente.

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