
La era digital ha revolucionado nuestro mundo. Desde los años 90 del siglo pasado hasta la fecha las herramientas tecnológicas se han vuelto imprescindibles en la sociedad. Los ámbitos personales, familiares, laborales y académicos se han visto afectados por sus indudables ventajas. La finalidad de las herramientas de la era digital se dirige a la satisfacción de las necesidades de la sociedad; sin embargo, paradójicamente, las tecnologías han generado a su vez nuevas necesidades y su uso puede convertirse en patológico al realizarse de forma excesiva y/o compulsiva, lo cual implica consecuencias negativas sobre aquellos ámbitos de la vida personal y social afectando de manera clínicamente significativa. Ejemplos de ello son el creciente aislamiento social, pese a la constante conectividad digital, o el bajo rendimiento académico frente al ingente fluir de conocimiento e información.
La tecnología ha cambiado nuestro mundo físico y social. En el ámbito laboral se acuñó el concepto de tecnoestrés, relacionado directamente con los efectos psicosociales negativos del uso de las TIC. Se considera una enfermedad de adaptación, causada por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías del ordenador de manera saludable (Brod C., 1984). Por estas y otras tantas razones han ido apareciendo partidarios y detractores de las tecnologías, hasta llegar a los actuales debates de prohibición de instrumentos, como el móvil en entornos escolares. Lejos de controversias no se puede afirmar que la tecnología sea nociva para la persona; lo nocivo radica en el uso problemático, más allá de la comodidad y necesidad de usarla. La tecnoadicción es un tipo de conducta adictiva que convierte en patológico el uso de una herramienta que, diseñada para satisfacer necesidades humanas, se convierte en necesaria y limitadora de la libertad y la voluntad de la persona que la utiliza. El uso problemático de las tecnologías de la información y la comunicación es considerado una adicción comportamental (Echeburúa et al., 2009). La constante exposición a las tecnologías promueve en muchos casos conductas de ocio digital perjudiciales para la salud mental. El uso problemático de Internet es un fenómeno creciente de nuestro tiempo que se da, sobre todo, en los grupos más jóvenes.
En los últimos años, el uso problemático de Internet ha trascendido la consideración de trastorno del control de impulsos para encuadrarse en las adicciones comportamentales, aceptando que tiene una base común con el resto de las conductas adictivas. Las consecuencias a nivel psicológico y conductual que el uso problemático de Internet provoca en las personas —y sobre todo en las más jóvenes—, demandan una respuesta eficaz. Con el fin de analizar la realidad del uso problemático de Internet y el trastorno por videojuegos y ofrecer respuestas eficaces, Fundación Adsis realiza un estudio sobre Usos de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) y tecnoadicciones en población adolescente y joven, impulsado por el Programa de Prevención de Tecnoadicciones y otras conductas adictivas del Centro Aluesa.
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