Arte y Letras Fotografía

Joel Meyerowitz, a compás

'Joel Meyerowitz. Europa 1966-1967'. Exposición en el Museo Picasso Málaga hasta el 12 de diciembre de 2024.
‘Joel Meyerowitz. Europa 1966-1967’. Exposición en el Museo Picasso Málaga hasta el 12 de diciembre de 2024.

Pude comprobar hace unos días, cuando asistí a unos de los festivales de flamenco que durante el periodo estival se celebran en Andalucía, cómo el público se deshacía en ovaciones durante ciertos momentos de la actuación. A pesar de algún murmullo disonante relacionado con el carácter picnic que a veces toma estos eventos, en los que las coca-colas y las patatas fritas forman coreografía entre el ir y venir de los asistentes, consiguió instaurarse la magia. 

Era una de esas inusuales noches frescas de verano en las que hubiera agradecido sacrificar mi look veraniego por una sudadera y un par de vaqueros. Creo que empecé a tiritar porque en un momento de gran fraternidad, mi amiga, con su habitual elegancia, se inclinó para sacar de su bolso un pañuelo y prestármelo mientras me cuchicheaba al oído: se nota que estamos al lado del río Anzur. 

Acto y seguido, el cantaor o la cantaora, no recuerdo bien, se fue despidiendo, y entre reverencias y agradecimientos hizo una reflexión: eran muchas las giras y los espectáculos que recorrían por todo el mundo, pero era solo en la tierra cuando podía sentir el calor de un público diestro siempre en el saber acompañar con un ole a compás. 

Nunca antes se me hubiera ocurrido relacionar este concepto con el de «instante decisivo» en fotografía, de no haber sido porque justo unos días previos se lo había oído decir al fotógrafo Joel Meyerowitz (el Bronx, 1938) en un entorno tan diferente como lo era el Auditorio Christine Ruiz-Picassso, en una conversación mantenida con Miguel López-Remiro, director artístico del Museo Picasso Málaga y comisario de la exposición Joel Meyerowitz. Europa 1966-1967.

Tengo que reconocer que una de las cosas que más me gustan de las inauguraciones son todas esas actividades que se desarrollan de modo paralelo y que en este caso adquirían una especial significación, al encontrarse el propio fotógrafo en la ciudad casi sesenta años después de su primer viaje. Me parecía un lujo escucharle hablar sobre su trabajo, con un interlocutor que sabía sacar lo mejor de él en su propio idioma. 

Al principio no podía creer que la charla fuera a desarrollarse en el inglés nativo del neoyorkino Meyerowitz, desacostumbrada como estaba a oír a líderes políticos y otras personalidades públicas a expresarse en un idioma que no fuera el suyo propio. Pero este no era el caso, el comisario y director del museo Miguel López-Remiro se manejaba en un perfecto inglés, a pesar de los tecnicismos y las profundas reflexiones que a veces exigía el tema. Por primera vez tuve la sensación de la igualación generacional. Sorprendida, iba comprendiendo aquello que en el coloquio se iba desgranando, hablaban de fotografía y ese era uno de mis campos de actuación. 

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