Ciencias

Elon Musk, la esketamina y el sempiterno complejo de inferioridad de la psicología «efectista»

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Imagen promocional de la película «Alguien voló sobre el nido del cuco»

Elon Musk, el magnate tecnofeudalista y aspirante eterno a visionario universal, vuelve a copar titulares para satisfacer su necesidad de feedback en vena. Esta vez, no se trata de la colonización de Marte ni de lo malos que son los sindicatos en Suecia, sino de una revelación sobre su salud mental. En una reciente entrevista con Don Lemon, Musk confesó el uso de ketamina para tratar episodios de depresión. «La ketamina me ayuda a ver la vida desde una perspectiva más amplia», confesó con esa mezcla de suficiencia y transparencia que solo alguien con sus recursos puede permitirse. Desde luego, no es el primer multimillonario en ponerse en manos de la psiquiatría de vanguardia, pero cuando se trata de Musk, tenemos la obligación de buscar una ganancia secundaria basada en una estrategia empresarial con el único objetivo de ganar más dinero.

Vayamos al grano, el uso terapéutico de la ketamina —o, más precisamente, su derivado esketamina— no es ninguna novedad para quienes siguen de cerca los avances en psiquiatría. Sin embargo, para el público general, esta noticia podría ser tan sorprendente como que los pulpos tienen tres corazones. La esketamina, administrada generalmente en forma de aerosol nasal, ha demostrado una eficacia extraordinaria en el tratamiento de la depresión resistente. Y aquí, queridos lectores, es donde la historia se torna fascinante. Este fármaco representa una ruptura radical con las formas clásicas de entender la farmacología psiquiátrica. Durante décadas, el tratamiento de los trastornos del ánimo se ha basado principalmente en inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y otros antidepresivos que se recetan un poco a ojo de buen cubero y «me vas diciendo como lo llevas». Es cierto que, aunque efectivos para muchos, requieren semanas para mostrar resultados y, además, no funcionan igual con todas las personas. En contraste, la esketamina actúa rápidamente, en cuestión de horas, modulando los receptores NMDA del glutamato y promoviendo la sinaptogénesis en el cerebro. Es decir, repara el sistema neural con la precisión quirúrgica de un relojero suizo trabajando en un Patek Philippe, mientras los ISRS son más bien el equivalente a un mecánico de coches intentando arreglar un reloj de pared con unos alicates.

Permítanme señalar que la llegada de nuevas herramientas terapéuticas al campo de la psiquiatría frecuentemente tropieza con una barrera de resistencia, a menudo procedente de ciertos sectores de la psicología «efectista», término con el que quiero señalar a todos los profesionales de la conducta humana que se aferran a modas pasajeras, conceptos vacíos y soluciones simplistas que venden bien en redes sociales pero carecen de rigor científico y profundidad clínica. Tal resistencia no es nueva, sino más bien un eco persistente de debates históricos sobre avances como el tan vilipendiado electroshock, cuyo estigma, aunque en parte comprensible, suele eclipsar su indudable eficacia en contextos controlados. Esto, por supuesto, nos lleva a reflexionar sobre la dinámica casi shakespeariana entre la psicología y la psiquiatría: una relación marcada por tensiones, donde la primera parece, en ocasiones, relegada a un segundo plano mientras la segunda se adorna con el manto del progreso y la ciencia. Como diría Freud (o Frasier Crane), aquí hay material para toda una sesión.

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8 comentarios

  1. Todo lo que gira en torno a Elon Musk es oscuro, este man no da un paso sin anticiparse a lo que mejor le conviene, exponer su «vulnerabilidad» y el estado de su salud mental, no es otra cosa que el narcisismo que lo caracteriza, y no me sorprende que tenga algún vínculo con las farmacéuticas, todo gira en torno a seguir enriqueciéndose y por supuesto, figurar… «One man show», ¡detestable!.
    Es innegable que la ciencia contribuye en mejorar la calidad de vida de las personas y ha desarrollado tratamientos efectivos que ayudan a regular la química del cerebro, sin embargo acceder a tratamientos efectivos y acordes a la patología es un privilegio que solo una minoría puede darse, la mayoría de enfermedades mentales son tratadas sin rigurosidad y en la mayoría de los casos con diagnósticos equivocados, y ni hablar de los fármacos, para todos lo mismo, se generaliza y homogeniza las particularidades de cada caso y la fórmula es casi igual para todos… En fin.
    Y valdría la pena revisar las nuevas prácticas del manejo de pacientes con enfermedad mental en el primer mundo, Finlandia y Alemania, que en las dos últimas década han replanteado el uso de fármacos, reemplazando la terapia química (en muchos cosas) por una práctica de inclusión, humanizada, con un acompañamiento holístico (que critica el autor de la psicología y reduce a una moda…) generando entornos donde el paciente tiene acceso a una atención multidisciplinar, replantea muchas cosas.
    En conclusión, nada está escrito, lo único cierto aquí es el desequilibrio y el modelo político y social en el que solo unos pocos tienen derechos. Me genera incertidumbre la intervención del señor Musk en tanto asunto y el poder que se le ha otorgado.

    • Pues parece que es tendencia en Silicon. Entre Bezos censurando su propio periódico que lo caricaturizaba adorando a Trump y Zuckerberg diciendo que se arrepiente de haber pedido perdón por cosas como Cambridge Analytica y condenando la verificación de noticias cómo censura contra Trump ya vemos por donde corren los malos vientos. Tecnofeudalismo y tecnofascismo dando alas a un loco que lo mismo amenaza con invasiones a México, a Canadá o a Dinamarca.

  2. Gracias. Me ha encantado.

  3. Hay para meterle bastante diente… pero me quedo con esta maravilla de síntesis (ni la del amoniaco) : “la rapidez con la que llega la cuerda es tan importante como su resistencia”… y si estás en plena masa de agua ya no te digo!!!

  4. Antonio Rojas Garcia

    Gustándome el artículo, creo que está mal enfocado en la dicotomía psicología mala / psiquiatría buena. Conozco a varios psiquiatras «holísticos», algunos de cierta congregación religiosa, que con el «glamour» de sus fans se alejan bastante de la evidencia científica con tal de vender libros. Y psicólogos excepcionales que desde diferentes perspectivas basadas en la evidencia hacen una labor encomiable para el tratamiento de la salud mental. Creo que las fronteras en investigación en salud mental son mucho más borrosas, al menos en lo que a disciplinas se refiere, de lo que refleja el artículo

  5. Te puede gustar más o menos el planteamiento pero desde luego el autor tiene la dignidad del que sabe escribir bien, con un toque de sarcasmo y valentía que ya quisieran tantos. Maencantao…

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