Arte y Letras

Lucas Museum of Narrative Art: cuando Frida Kahlo se encuentra con Robert Crumb

Foto Lucas Museum of Narrative Art.
Foto: Lucas Museum of Narrative Art.

Hace poco, muy poco tiempo, en esta misma galaxia, se ha inaugurado un museo.

Y se ha inaugurado un museo con todo el sentido y la ambición que un espacio museístico requiere, que no es poco y que cada vez se ve menos. Ha sido en Los Ángeles y fue el pasado 22 de septiembre. Se trata del Lucas Museum of Narrative Art.

Este espectacular museo surge de la iniciativa de George Lucas y su esposa Mellody Hobson y se centra en el arte, pero desde un punto de vista narrativo: buscan mostrar cómo la humanidad ha usado las imágenes para contar historias. Y lo hace sin ningún tipo de complejos y mucho menos de prejuicios.

El museo, de más de nueve mil metros cuadrados de zonas expositivas, cuenta además con dos teatros, el Robert Flaherty y el Slavko Vorkapich, una biblioteca y un parque de más de diez mil metros cuadrados. Además de los obligados restaurante, tienda y espacios para eventos. El edificio, de estética futurista, que quiere parecer, y parece, una nave espacial, ha sido diseñado por el arquitecto Ma Yansong y el parque por la paisajista Mia Lehrer.

En las salas y pasillos del museo se mezclan sin ranking ni estatus ni clases Frida Kahlo, Frank Miller, Norman Rockwell, Banksy, Howard Pyle, Artemisia Gentileschi, Winsor McCay, Fernando Botero, Van Gogh, Robert Crumb, Diego Rivera, Maurice Sendak, Robert Capa, Ralph McQuarrie, Beatrix Potter, Charles Schulz o Jack Kirby, entre muchos más. Aquí el protagonismo no está en el medio, sino en lo que se cuenta. No es un museo de arte como se entiende tradicionalmente, cuadros y esculturas, simplificando. Ni una simple reunión de la colección particular de Lucas. Este museo posee un discurso museológico claro y contundente: se trata de mostrar cómo los seres humanos cuentan historias a través del arte, de las imágenes. Para lograrlo, la estructura de la visita no va por medios artísticos, ni escuelas, ni estilos. El recorrido expositivo presenta una distribución que no es lineal y que trata de mostrar la propia complejidad de la idea tras este museo. Tiene varios espacios temáticos y autorales. La temática principal y que ocupa toda la primera planta es «La historia del arte narrativo: héroes, mitos y lo sagrado», que muestra cómo la humanidad ha estado contando historias de forma visual durante milenios. Otra sección se titula «La vida cotidiana», en la que se muestran representaciones del día a día, cómo el arte ha representado y jugado con lo cotidiano, cómo está contando nuestra vida común, la infancia, el juego, el amor, la maternidad, el trabajo, etc. El museo ha dado protagonismo también a diversos temas concretos con exposiciones temporales como los géneros en la ficción, con especial protagonismo para el western. También se han destacado varios medios artísticos como el cómic, la fotografía y el arte mural. Y este ambicioso programa se cierra con algunas muestras temporales dedicadas en exclusividad a autores específicos como Norman Rockwell, Frank Frazetta o Thomas Hart Benton, entre otros.

Lucas y Hobson han creado un museo, no sé si único, ya que siempre habrá algún referente previo, pero con un espíritu innovador admirable. La mezcla de medios artísticos pocas veces se ha visto a este nivel, de inversión, de calidad y también de falta de prejuicios. Es cierto que en la última década los museos y los centros de arte se han abierto al cómic, la ilustración o el grafiti, pero no los han integrado en sus colecciones permanentes ni en sus discursos expositivos con la contundencia con que lo han hecho aquí. El Lucas Museum se centra en un tema presente en toda la historia humana, pero que pocas veces, seguramente ninguna, ha sido situado en el foco principal de un centro cultural. El arte de contar historias por medio de imágenes es el tema que da sentido y coherencia a este museo, como se lo ha dado al propio devenir de la humanidad. En lugar de repetir lugares comunes —en esto la creación contemporánea se lleva la palma—, el nuevo museo de Los Ángeles ofrece una mirada transversal, llena de contenido e innovación conceptual, con obras que podrían estar en cualquier otro museo del mundo. No se ha tratado de encontrar una excusa para mostrar una colección particular como ocurre en muchas ocasiones, sino de una colección con un sentido claro desde su mismo nacimiento, a la que se le ha construido un edificio a su medida y con la intención de potenciar el discurso que ya posee. Son muchos los «millonarios» que buscan un edificio público para poder mostrar sus colecciones de arte contemporáneo, con el objetivo, no tan secreto en muchos casos, de tratar de revalorizar la propia colección de cara a posibles futuras ventas. Lucas y Hobson poseen una colección de suficiente entidad como para no necesitar revalorizarla. De hecho, Lucas ha dejado muy claro que no piensa deshacerse de obra, que cada una de sus piezas está por un motivo y que forman parte de su memoria cultural. De hecho, desde que comenzó su colección, cuando aún estaba estudiando hace más de cuarenta años, comprando un original de la tira de prensa Alley Oop por treinta dólares, no ha vendido una sola pieza. Y la colección cuenta con más de cuarenta mil obras. Y encima se han pagado ellos el museo.

La solidez de la propuesta se ve claramente, más allá de la propia colección, en la junta directiva, donde además de Lucas y Hobson se encuentran dos pesos pesados de la cultura contemporánea y la narración audiovisual como Steven Spielberg y Guillermo del Toro. Como vicepresidenta se encuentra Andrea Wishom, presidenta de Skywalker Holdings. El peso museístico recae en Michael Govan, director del Los Angeles County Museum of Art (LACMA), y John McCarter Jr., presidente emérito del Field Museum de Chicago. El ámbito educativo e institucional cuenta con Henry Bienen, presidente emérito de la Northwestern University, y Arne Duncan, antiguo secretario de Educación de Estados Unidos con Barack Obama. Y completan la junta Cesar Conde, ejecutivo de medios y televisión; Jim Gianopulos, veterano ejecutivo cinematográfico y antiguo responsable de 20th Century Fox y Paramount; y Matthew Yale, fundador de Grove Partners. La composición refleja el carácter transversal del museo, combinando creación artística, experiencia museística, educación, comunicación, gestión empresarial y un intenso conocimiento de las industrias culturales.

El equipo curatorial del Lucas Museum of Narrative Art da buena prueba de la importancia del discurso expositivo en el museo, lo que lo sitúa mucho más allá del capricho de una pareja de millonarios. Este equipo muestra la seriedad y el rigor con los que se ha diseñado el espacio. Una de sus figuras principales es Pilar Tompkins Rivas, responsable del área curatorial y de colecciones. Cuenta con una amplia trayectoria en arte contemporáneo, arte latino y chicano y cultura visual de Los Ángeles. Su trabajo ha contribuido a ampliar el discurso del museo hacia cuestiones relacionadas con la identidad, la comunidad y la representación social, apoyando la integración del museo en su territorio más inmediato. Ryan Linkof es el responsable de los programas cinematográficos; está especializado en fotografía, cine y cultura visual. Anteriormente trabajó en instituciones como el Academy Museum of Motion Pictures y el LACMA, y participa en la construcción del discurso que relaciona fotografía, imágenes en movimiento y arte narrativo. Laela French, con una larga trayectoria vinculada a los archivos de Lucasfilm, aporta su especialización en patrimonio cinematográfico, objetos, vestuario, maquetas y materiales de producción. Y el propio George Lucas, que mantiene una participación directa en la orientación artística y conceptual del museo. Este equipo da al museo una aproximación interdisciplinar en la que pintura, ilustración, cómic, fotografía, muralismo y cine se integran en igualdad de condiciones y de prestigio dentro de la narrativa del centro.

El cine, como no podía ser de otra manera, ostenta un protagonismo especial en el museo. Las dos salas de proyecciones —Robert Flaherty Theater y Slavko Vorkapich Theater— han sido concebidas para proyectar continuamente materiales que van desde el cine primitivo y las vanguardias hasta la animación, el documental y el cine contemporáneo. Las sagas creadas por Lucas, Star Wars e Indiana Jones, tienen también su espacio, sobre todo la primera. Ambas han tenido un protagonismo especial en la inauguración, algo totalmente lógico, tanto por el peso de ambas en la cultura popular contemporánea como por la enorme capacidad de atracción de público, que nunca está de más, sobre todo ante una inversión multimillonaria como la que ha necesitado este espacio.

La biblioteca es otro de los puntales. Está pensada como un centro de investigación; los libros se pueden consultar, pero no pueden salir en préstamo; cuenta con cerca de cuarenta mil volúmenes, de los cuales treinta mil son cómics; dos mil novecientos volúmenes provienen de la biblioteca de Joseph Campbell, autor del libro El héroe de las mil caras, una de las influencias más reconocidas por el propio Lucas en su trabajo. También cuenta con fondos de la biblioteca del Rancho Skywalker y tres mil libros de arte donados por Steve Martin.

Un museo de estas características, con una visión del arte y la creación transversal, con una inversión de muchos millones, con una rigurosidad artística y académica incontestable y una maravillosa falta de prejuicios artísticos, abre una nueva puerta a este tipo de centros culturales, mostrando un nuevo camino que se sale de los ya trillados. A poco que la apuesta de Lucas y Hobson funcione, y todo parece apuntar a que lo hará, será cuestión de tiempo para que muchos tabúes en torno a la cultura popular y su convivencia con las artes «clásicas», incluyendo en esta apreciación a lo contemporáneo, caigan por su propio peso. Frente a la suma de objetos artísticos que pueblan muchos centros de arte, con discursos empalagosos y con mucho de fuego de artificio oculto en una semántica oscura, el Lucas Museum ofrece una narrativa poco común, apoyada tanto en la fuerza del discurso en torno al arte narrativo como en la calidad indiscutible de las obras que llenan sus paredes. Muchos espacios de arte contemporáneo, cuando trabajan con medios como el cómic o el grafiti, lo hacen desde las premisas de un centro de arte actual, atrayendo al nuevo medio a sus parámetros, no modificando su discurso expositivo hacia el cómic o el grafiti. Y no se trata de que esto sea incorrecto; de hecho, han surgido muchas obras interesantes desde esta premisa, pero el Lucas Museum avanza en la integración de los diferentes medios artísticos en un espacio cultural, valorando cada obra por su valor artístico e integrando su significado original dentro de un relato concreto sin forzar en ningún momento ni la obra ni el discurso.

Y sí, además hay naves de La guerra de las galaxias. ¿Qué más se puede pedir?

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