Fantasy is escapist, and that is its glory. If a soldier is imprisoned by the enemy, don’t we consider it his duty to escape? If we value the freedom of mind and soul, if we’re partisans of liberty, then it’s our plain duty to escape, and to take as many people with us as we can! (J. R. R. Tolkien)
Cuando Henry Darger murió, en 1973, en la modesta habitación que tenía alquilada en el North Side de Chicago desde hacía cuarenta años se encontró un manuscrito de más de quince mil páginas de apretado texto, junto con varios centenares de dibujos, acuarelas y collages destinados a ilustrarlo. Era una novela fantástica titulada In the Realms of Unreal (aunque el título completo es algo más largo, en consonancia con la desmesurada narración: Historia de las Vivian, en lo que se conoce como los Reinos de lo Irreal, en la Guerra Tormenta Glandeco-Angeliniana causada por la Rebelión de los Niños Esclavos), cuyas inquietantes ilustraciones constituyen uno de los más notables exponentes —y actualmente uno de los más cotizados— del denominado art brut o arte marginal.
En los Reinos de lo Irreal se centra en las aventuras de siete niñas, las Vivian, princesas del Cristiano País de Abbieannia, que apoyan una insurrección de niños cautivos contra sus brutales captores, los glandelinianos, que los explotan y maltratan sin piedad. La acción transcurre en un gigantesco planeta imaginario alrededor del cual orbita la Tierra, y en las ilustraciones se alternan las escenas idílicas, que parecen sacadas de un cuento de hadas, con las más descarnadas imágenes de masacres y torturas, a menudo inspiradas en los martirologios cristianos.
Uno de los aspectos más llamativos de las ilustraciones de En los Reinos de lo Irreal es el hecho de que las niñas, cuando aparecen desnudas, suelen exhibir diminutos pero inequívocos genitales masculinos, sin que en el texto aparezca ninguna mención al hermafroditismo o a una posible transexualidad, lo cual, según algunos estudiosos de la vida y la obra de Darger, podría deberse a que, sencillamente, el autor ignoraba que las niñas no tenían pene. Esta inverosímil explicación lo es un poco menos si se conoce la desolada biografía de Darger, cuya precaria salud psíquica lo llevó, tras la muerte de su padre, a un sórdido asilo de Illinois «para niños débiles mentales», del que logró huir a los dieciséis años, no sin antes sufrir todo tipo de malos tratos y vejaciones. Durante el resto de su vida, salvo el brutal paréntesis de la Primera Guerra Mundial, se dedicó a realizar tareas de limpieza en un hospital de Chicago y a componer su monumental novela ilustrada en la soledad de su habitación. Presumiblemente, nunca tuvo relaciones íntimas ni ningún tipo de vida social.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.








¡Uala! No conocía la obra de Darger, qué interesante. Era un pionero de la teoría Queer y él sin saberlo! Jeje
Poca broma, como dicen en Catalunya. También fue un pionero de lo que ahora se denomina «alta fantasía» y un artista plástico de primer orden.
Pero si escribes un artículo sobre ellos tan detallado en una revista de tendencias es porque te obsesionan. Porque hay una fascinación personal tuya, como escritor, por ese mundo imaginario pasado. Es decir, hay un problema personal con un pasado traumático que te fascina y quizás te impida descubrir en esas obras otras facetas o interpretaciones.
No me obsesionan, pero me interesan mucho, sobre todo Tolkien por su gran repercusión en la cultura de masas. Y, por supuesto, hay otras facetas e interpretaciones, y es probable que algunas se me escapen. Por eso considero tan importantes los comentarios de las/os lectoras/es.
Eso de la cultura de masas yo personalmente lo veo como algo accesorio, o si prefieres como efecto secundario. Lo que realmente importa de Tolkien es ese vínculo personal, íntimo, que se crea entre los grandes escritores y sus lectores, desarrollado a lo largo de numerosas lecturas, donde sientes que está escribiendo para ti, que es un amigo que está compartiendo contigo un universo maravilloso. Creo que el mismo Borges le concedería a esta altura el título de clásico.
Creo que ambas cosas son ciertas: su apropiación por la cultura de masas, con la banalización que conlleva, es un efecto secundario, y, sí, Tolkien establece un vínculo íntimo con los lectores, y lo consigue porque escribe desde la vivencia personal más intensa. Y conecta con un imaginario colectivo alimentado por los cuentos de hadas, los mitos y las leyendas (y también la religión). Otra cosa son los valores y la visión del mundo que transmite, que hace que algunos lo amemos y lo detestemos a la vez.
Lo del “oscuro abismo al que su progreso tiende” ¿No habría que interpretarlo como una advertencia contra la excesiva industrialización? En esas palabras veo la preocupación ecológica. Si viviera Tolkien hoy qué duda cabe de que estaría infinitamente más cerca de Greta Thunberg que de Donald Trump (un orco bastante clásico). Dices que es maniqueo, pero lo que predomina entre sus personajes son los seres ambivalentes y la mayoría potencialmente peligrosos. Los elfos podían llegar a ser bastante jodidos si comenzabas una relación con el pie izquierdo. Ni hablar de los enanos. Conseguir congeniar esos seres diversos en la comunidad del anillo es una proeza de tolerancia. El mismo Gandalf de los libros no es ningún abuelete reblandecido por su debilidad por los Hobbits. Eso corre por cuenta y riesgo de las películas. Hablando de mujeres poderosas, difícil encontrar un ser más poderoso que Galadriel. Carlo, entre tú y el Sr. Frabetti está la respuesta a esta pregunta: ¿Estás absolutamente seguro de que el hecho de saber que Tolkien era católico no condicionó tu apreciación de la obra? ¿Estás seguro de que todos tus reparos se mantendrían si no supieras nada de la biografía de Tolkien? Te digo esto porque yo leí a a Tolkien antes de saber nada de él, y luego al enterarme de que era católico no le di mayor trascendencia al dato (y vengo de familia atea). Afinando la pregunta: ¿Estás seguro de que lo que encuentras “reprochable” está dentro de su obra? ¿No será como el test de las manchas de Rorschach?
Por alguna extraña razón, mi respuesta ha salido abajo del todo.
No sabía estas cosas de Tolkien, y no sabía quién era Darger. Curioso… Yo nunca pude con Tolkien ni nada de eso; pasé de leer periódicos deportivos y «tintines» a leer a Balzac; así, de golpe, a los 16 años. La fantasía puede tener dos efectos: uno estupefaciente (quizá es el caso de Tolkien) y otro liberador. El efecto liberador yo creo que lo tiene cuando: «sólo en el mundo irreal las cosas aparecen como lo que son y como lo que pueden ser» (Marcuse). Este aspecto liberador lo encuentro en pasajes fantasiosos de Goethe, en novelas del psicótico De Nerval, en paisajes oníricos de Watteau…
Yo creo que, en alguna medida, y salvo casos extremos muy polarizados en un sentido u otro, la fantasía cumple las dos funciones a la vez, la escapista/estupefaciente y la distanciadora/liberadora. Pero no al 50 %: hay obras más liberadoras que escapistas y viceversa. Y el efecto también depende de la persona que lee el texto fantástico, cómo lo hace y en qué momento.
Feérico. Hace años que no leía ese adjetivo.
Graicas.
Aunque la RAE ya lo admite, se consideraba un galicismo (del francés fée, hada) y algunos puristas lo consideraban un signo de afrancesamiento (por no decir una cursilada). Celebro que valores positivamente su uso, poco frecuente a pesar de que carece de sinónimos precisos.
Yo también leí «El señor de los anillos» sin saber casi nada de Tolkien: solo que era lingüista y profesor en Oxford, lo cual me predisponía a su favor. Y, como te digo en el comentario anterior, me fascinó y me irritó a la vez desde el primer momento. Mucho después supe que era católico, y solo muy recientemente averigüé que era ultraconservador.
En cuanto al maniqueísmo, no consiste necesariamente en presentar personajes «de una pieza», sino en concebir el mundo como el campo de batalla entre el Bien y el Mal (con mayúsculas). Por otra parte, los buenos son complejos, es cierto, pero los malos son malísimos, un ejemplo claro de «demonización del enemigo».
Sin duda Tolkien sería ecologista y, por supuesto, estaría mucho más cerca de Greta que de Donald; pero probablemente sería un ecologista irracional y tecnófobo, de los que demonizan las centrales nucleares y comen carne.
Tiene personajes femeninos muy potentes, es cierto, y ese es uno de sus mayores méritos.
Y, sí, estoy seguro de que lo que le reprocho a Tolkien está en él, entre otras cosas, porque nunca ocultó -es más, hizo ostentación de ello- su conservadurismo preconciliar ni su rechazo del progreso (hay que ser muy reaccionario para tachar de progresista a C. S. Lewis).
Creo que no me dejo nada. Gracias, Rafa, por tus concienzudos coentarios.
Quitando la coincidencia del calendario en sus vidas, lo cierto es que no veo muchas similitudes. Me parece, de hecho, una forma de analizarlo muy maniquea. De hecho, estoy seguro que echaría pestes del trabajo de Darger.
No sé si eres tú el sujeto de la última frase o te refieres a Tolkien; en el primer caso, deberías comprobarlo: el trabajo de Darger es muy inquietante, pero ataca la tiranía y defiende los derechos de la infancia. Ni por su ética ni por su estética se puede echar pestes sobre él. Puede que Tolkien se escandalizara ante algunas escenas, pero seguramente valoraría la propuesta moral.
No he hablado de moral. Crear universos válidos desde el punto de vista ontológico pero desconectados del mundo y de lo que pasa en la realidad no era algo que le gustase mucho a Tolkien. De ahí que huyera de la etiqueta «alegoría» prefiriendo en su lugar historias con «aplicabilidad».
Hay gente que simplemente busca verdades morales metafísicas, eternas e inmarcesibles en un mundo especialmente cambiante. Quitando el ludismo de sus obras, no veo qué tiene esto de malo, la verdad.
Buscar verdades morales no tiene nada de malo, todo lo contrario. Pero partir de supuestas verdades reveladas e incuestionables no es buscar. Y hablar de un Mal con mayúscula, inhumano e irreductible, no es otra cosa que el mito del diablo -o el mito del enemigo en su versión laica-, tan conveniente para quienes detentan el poder y gestionan el miedo.
Al parecer, Tolkien no dijo eso. (Ver https://thetolkienist.com/2014/01/03/not-a-tolkien-quote-fantasy-is-escapist-and-that-is-its-glory/)
El tema del escapismo en Tolkien no es claro ni simple. En sus cartas dice » toda novela que considera con seriedad las cosas, debe tener un sesgo de miedo y horror si aun remota o representativamente ha de parecerse a la realidad y no resultar mero escapismo»
Hizo numerosas afirmaciones en el mismo sentido. Pero estoy de acuerdo en que el tema no es simple, como no puede ser de otra manera en una obra de la riqueza y complejidad de la de Tolkien. Sería absurdo decir que su obra es «mero escapismo», pero creo que el escapismo/conservadurismo prevalece sobre la crítica o tan siquiera el análisis en profundidad.