Música

In memoriam: B.B. King

Foto: Corbis
Foto: Corbis

Permitan que, por una vez, comience un artículo en registro personal porque creo que como mínimo un puñado de lectores habrá vivido la misma experiencia. Uno de los momentos musicales que quedaron más marcados a fuego en mi memoria es el día en que por primera vez vi a B.B. King sobre un escenario.

Era uno de mis primeros conciertos; era un adolescente imberbe que todavía iba al colegio. De hecho, recuerdo que tuve que elegir cómo gastar lo que había ahorrado de mi paga, si yendo a ver al legendario bluesman o un grupo de moda por entonces, que también me gustaba mucho y que según me contaron después hizo uno de conciertos de su carrera. Pero la historia me pesó más que la novedad y nunca me arrepentí. B.B. King me dio todo lo que esperaba.

Apenas recuerdo nada de los momentos anteriores al concierto salvo un continuo y neblinoso estado de excitación. Sentía que iba a ver Historia con mayúscula. En aquellos tiempos en que no había internet y la televisión programaba música de manera aleatoria e imprevisible, solamente tenía un puñado de sus canciones grabadas en una cassette o actuaciones registradas en vídeo VHS. No es que uno escuchase a B.B. King en la radio, ya me entienden. Pero era consciente de que B.B. King procedía de una generación legendaria y era un miembro clave en la ahora ya larga estirpe de músicos de blues y rock. Era el ídolo de muchos de mis ídolos, músicos que sí había podido escuchar con más asiduidad y que en algunos casos habían muerto antes de nacer yo, como Jimi Hendrix o Duane Allman. Si para aquellas leyendas de otro tiempo B.B. había sido ya una leyenda, imaginen lo que era para un chaval que estaba haciendo poco menos que arqueología musical. Para mí era como ver el pasado del pasado. B.B. King era como las pirámides de Egipto; algo tan antiguo que define el mundo, era un cimiento, la raíz misma de todo. Casi temblaba antes de verlo aparecer.

Tenía el escenario a apenas dos o tres metros y no sabía muy bien qué esperar, porque las imágenes del VHS eran algo demasiado distante y frío como para que un adolescente inexperto pudiera traducirlas mentalmente a la experiencia de la música en vivo.

Y entonces apareció. Recuerdo perfectamente la oleada de emociones ante la sola visión de su figura. Emociones que no podría describir con palabras, salvo decir que tuve que contenerme para no soltar una lágrima en público. Allí estaba Él, el hombre al que adoraban todos los músicos a los que yo adoraba. Orondo, con una engañosa apariencia de gigante que era más el producto de sus anchas espaldas que de su estatura, porque en realidad no era particularmente alto. Iba vestido con una de sus típicas chaquetas estampadas a base de dibujos irisados, que brillaba como el envoltorio de un regalo; algo decididamente hortera si uno lo mira aisladamente, porque parecía hecha con retales del forro de algún sillón antiguo. Pero a él le quedaba bien. Parecía alguien distinguido. Incluso con aquella chaqueta, podías perfectamente imaginarlo dando clases en alguna universidad, o como director de un banco, o como jefe en alguna una fábrica, sentado tras una elegante mesa leyendo algún informe con sus antiparras. Desprendía una aureola de autoridad amable, como uno de esos comisarios de policía de las películas que están a punto de jubilarse o como el profesor al que admiran todos los alumnos.

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5 comentarios

  1. Pingback: In memoriam: B.B. King

  2. Maestro Ciruela

    ¡Estupendo y muy emotivo artículo, de Gorgot! Ha sido tan bueno, que le voy a perdonar a King sus acercamientos ¡a Sinatra! y a usted que le siga gustando «Starwars», ¡Ja, ja, ja!

  3. Pingback: La sonrisa de B. B. sobre las mesas de la plaza Lafayette - Jot Down Cultural Magazine

  4. -Pura Vida y Vos -Paz y Amor -Peace and Love-

  5. Bender rodriguez

    Yo tuve la fortuna de verlo en Santiago de Compostela, a principios de los 90. Esperabamos un concierto tranquilo, y esos negros no dejaron que nos quedáse mos quietos ni un segundo. Ya calentaron el ambiente tocando durante un buen rato hasta que, en el climax de la cancion, el «director» de la banda anunciaba la entrada de BB king, el cual irrumpía disparando una serie de notas con su caracteristico vibrato que te electrizaban todo el cuerpo. Aparte de una mano magica y una voz impresionante, tenía un sentido del espectáculo insuperable. Irrepetible.

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