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La leyenda de Billy el Niño (III): la traición

Un grupo de Rangers tejanos, mostrando las armas y vestimentas características de la época de Billy el Niño (foto: DP)
Un grupo de Rangers tejanos, mostrando las armas y vestimentas características de la época de Billy el Niño (foto: DP)

(Viene de la segunda parte)

Billy no era una mala persona. Es decir, no asesinaba gratuitamente. La mayoría de quienes mató se lo merecían. Por descontado, no puedo defender sus robos de caballos y ganado, pero cuando consideras que le obligaron a llevar esa vida de forajido mediante los esfuerzos para asegurar su arresto y procesamiento, es difícil culpar al pobre chico por lo que hizo. Una cosa es cierta: Billy era tan valiente como lo pintan, y sabía defenderse. Le cargaron prácticamente todos los asesinatos que se produjeron en Lincoln County durante aquellos días, pero fue simplemente porque su nombre se había convertido en sinónimo de atrevimiento e intrepidez. Cuando el sheriff William Brady fue asesinado, todos condenamos el hecho. No porque a muchos de nosotros nos gustase el sheriff, sino por la manera en que sucedió. Como es natural, el asesinato de un representante de la justicia volvió a muchos de nuestros amigos en nuestra contra e hizo mucho daño a nuestro bando de cara a la opinión pública. (Susan McSweeen, viuda de Alexander McSween).

Debió de haber tenido buena madera dentro de él, ya que siempre se convertía en un experto de cualquier cosa que intentase hacer. Cuando era duro, era tan duro como cualquier hombre lo pueda llegar a ser. Demasiado duro en ocasiones, pero por entonces todo era duro en este condado. (John Meadows, amigo de Billy).

En 1878, el prestigio de Nuevo México ante el resto de la nación estaba por los suelos. El estado se había ganado justa fama de constituir el feudo de unas instituciones políticas y judiciales sumidas en un cenagal de corrupción. Y como ya narramos en episodios anteriores, la más extensa de sus comarcas había terminado inmersa en una completa anarquía, para preocupación de las altas instancias. Los sangrientos enfrentamientos entre pistoleros del condado de Lincoln habían estado ocupando las portadas de los periódicos, produciendo la sensación generalizada de que las autoridades estatales habían perdido el control de aquel territorio. Es interesante comprobar cuán lejos resonaban los escándalos que se producían en Nuevo México, porque eso ayuda a entender la enorme relevancia internacional que terminaría adquiriendo una figura como la de Billy el Niño. Aunque Nuevo México era un estado fronterizo en el que abundaban los parajes con baja densidad de población organizados como un simulacro de civilización, lo que allí sucedía tenía mucha repercusión en el exterior. Por ejemplo, para los habitantes de la costa este del país, las noticias sobre lejanos tiroteos en el Far West constituían un morboso entretenimiento. Habían transcurrido más de dos décadas desde el final de la guerra civil americana, pero en la frontera parecía no disiparse nunca el olor a pólvora. Incluso en Europa se extendía la fascinación por aquella frontera donde merodeaban los forajidos, donde la ley era poco más que un molesto ruido de fondo al que rara vez se prestaba atención. Podríamos casi decir que Nuevo México representaba en 1878 algo similar a lo que Chicago sería en 1930: un violento anfiteatro en donde ganaban fama criminales y justicieros y, por ende, un inagotable crisol de grandes historias.

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4 comentarios

  1. Pingback: La leyenda de Billy el Niño (II): la guerra de Lincoln - Jot Down Cultural Magazine

  2. Excelente saga, muy atento a todas las entregas. Enhorabuena.

  3. Pingback: La leyenda de Billy el Niño (y IV): Cacería, fuga y muerte - Jot Down Cultural Magazine

  4. mencanta vily the kid

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