
Señores, hemos perdido la conexión, pero… lo que hemos visto habla por sí solo. El transbordador ha sido aparentemente invadido —o conquistado, si lo prefieren— por monstruosas hormigas espaciales. Desde nuestra posición es difícil saber si devorarán a los terrícolas o solo los esclavizarán. Una cosa es segura: ¡nadie podrá detenerlas! ¡Pronto vendrán! Un servidor da la bienvenida a nuestros nuevos amos y recuerda a las hormigas que, con mi prestigio en la televisión, puedo resultar muy útil a la hora de reunir obreros para sus túneles de azúcar. (Kent Brockman, Los Simpson)
Supongo que cualquier persona medianamente interesada en el cine sabe quién es Saul Bass. Es posible que al principio no les suene ese nombre, pero si digo que era el visionario que estuvo detrás de los títulos de crédito y carteles publicitarios de muchas películas clásicas de los cincuenta o sesenta, cuyas introducciones animadas se convirtieron incluso en parte de la identidad visual de directores como Otto Preminger y Alfred Hitchcock, seguro que les vendrá a la mente más de una imagen icónica (y si no, algo más abajo recordaremos algunos de esos títulos de crédito). Por lo general se le menciona para hablar de su importancia como revolucionario de los créditos, algo menos de sus carteles, y todavía menos de cómo su particular sentido del diseño se hizo omnipresente en la vida diaria gracias a los logos de algunas célebres empresas. Ciertamente, los créditos que concebía eran como pequeñas películas dentro de otras películas, creaciones con un estilo tan característico que el nombre de su autor terminó convirtiéndose en una referencia cultural; una fama insólita para alguien que en esencia estaba desempeñando un papel técnico de esos que siempre pasan desapercibidos para el público. Piensen en los montadores, cuya influencia en el formato final de cualquier película es determinante; está claro que el montaje es uno de los aspectos más importantes en el arte cinematográfico, punto. Aun así, el 99% del público sería incapaz de nombrar a un solo montador. Pues imaginen qué atención se iba a prestar a quienes diseñan los créditos. Y sin embargo Saul Bass captó esa atención. Pero no es de los créditos de lo que pretendo hablar aquí, o no únicamente, sino del cineasta que pudo llegar a ser y nunca fue.

Poca gente recuerda o sabe siquiera que Saul Bass realizó varios cortometrajes y documentales —uno de los cuales le valió un premio Óscar—, y que llegó a dirigir un largometraje, del que se habla bastante poco. Durante años, aquella única película fue objeto de desdén, olvido, burlas e indiferencias. También se convirtió, eso sí, en un objeto de culto entre estudiantes de cine, entre algunos cinéfilos empedernidos, entre los críticos que la han tenido como una visita obligada para entender mejor el mundo estético de su autor, y entre los amantes de la ciencia ficción contemplativa típica de la Era de Acuario. Siendo sinceros, no es una obra maestra. Es imperfecta y renqueante; en varias facetas puede considerarse floja. En otras, sin embargo, lleva impresa la huella del genio. Por ejemplo, como cabía esperar de alguien como Saul Bass, el apartado visual produce momentos fascinantes, incluso apabullantes. Demuestra que si se lo hubiesen permitido podría, quizá, haber corregidos sus errores y reforzado sus aciertos en sus siguientes largometrajes, quizá llegando a rodar alguna maravilla que nunca llegó a existir. Pero no hubo suerte. Aquella su ópera prima estrenó con una atroz y engañosa campaña publicitaria que la condenaba a un fracaso cantado de antemano. Para colmo, antes de ese estreno fue mutilada; los ejecutivos de Paramount Pictures decidieron eliminar una parte clave del metraje que le daba sentido a todo lo demás: el final. El gran debut de Saul Bass como director, que se produjo cuando ha había cumplido cincuenta años, fue desdeñado por el público e incomprendido por la crítica. Nunca le permitieron ponerse al frente de otra película. Había usado todo su prestigio para disparar un único cartucho. Falló. Hollywood no le perdonó el fracaso. Uno de los más inigualables artistas visuales de su tiempo tuvo que volver a conformarse con rodar documentales o ejercer funciones secundarias en el trabajo de otros. Tal vez, si la misma película la hubiese dirigido un treintañero, la industria se hubiese fijado más en lo bueno que en lo malo, y le hubiese concedido otra oportunidad. Pero no fue el caso.
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Qué grande Saul Bass. Él, Pablo Ferro, Maurice Binder, Kyle Cooper, etc. dignificaron y dieron sentido a lo que hasta entonces era un mero trámite que las productoras tenían que pasar. Acreditar a tal o cual, permitir que el público tomara asiento si llegaba tarde, y luego empezar el film en sí.
Recuerdo haber visto el cartel de la película en los cines allá por el 79 u 80 y pensar, como el chiquillo que era, que se trataba de una continuación de «Encuentros en la tercera fase». Si no me equivoco, la cinta se estrenó aquí en 1979, al año siguiente de la que acabo de citar. Probablemente el ditribuidor tenía aquella en mente y decidió aprovechar su tirón.
En su momento no la vi, pero pude hacerlo tras un pase no recuerdo si de TVE2 o de C+. La película me dejó bastante frío, quizás también por las expectativas creadas durante años de espera, pero cierto es que las imágenes de las hormigas son alucinantes y alucinógenas. Yo, que estaba entusiasmado con el trabajo de Peter Parks y la Oxford Scientific Films, las disfruté como el enano que ya no era.
Hace unos años me dediqué a montar, en la mejor edición que encontré en internet, el audio de la única copia en español que circulaba por la red (en un nefasto 4:3, además), además de crearle subtítulos con mi spanglish de primaria. Ahora me obligas a buscar esta edición con ese final; espero que circule alguna copia por ahí. Qué malo eres, Emilio…
Por cierto, recomendable también su corto «Quest», con guión de Ray Bradbury. No es que lo recuerde especialmente, pero sí que parte de su imaginería visual se me ha quedado grabada en la memoria, luego algo tendría (deberé buscarlo también; qué malo eres, Emilio, jaja…).
Y ya que estamos, ¿para cuándo la segunda parte de los thrillers conspiranoicos?
Un cordial saludo.
Probablemente en C+. Tengo el vago recuerdo de haberla visto ahí, y haberme quedado totalmente perdido al terminar. Quizás deba echarle un ojo con ese final…
Saul Bass fue un genio absoluto.