Arte y Letras Historia

Ellis y Castle Garden, las islas de los corazones rotos

Immigrants view the Statue of Liberty while entering New York harbor aboard an ocean liner en route to Ellis Island, New York City, 1910s. (Photo by Edwin Levick/Getty Images)
Inmigrantes contemplando la Estatua de la Libertad, 1910.Fotografía: Getty Images.

1910. Un barco se adentra en la desembocadura del río Hudson. Los viajeros se agolpan junto a las barandas y, entre ruidosas muestras de euforia, reciben la impertérrita bienvenida de la Estatua de la Libertad, la gigantesca mujer de piedra que han ansiado contemplar durante semanas de travesía. A proa está su destino final, la populosa isla de Manhattan; Nueva York todavía procesa la inmensa mayoría de la inmigración en los Estados Unidos. Pero los pasajeros del buque no pisarán la ciudad de inmediato. Será medio kilómetro más adelante de la famosa estatua donde el barco se detendrá para que desembarquen, llevando consigo maletas, bolsas o cajas sobre los hombros. Forman una larga cola ante un enorme edificio de ladrillo rojo; varios funcionarios, mediante gestos, los van conduciendo hacia al interior. Allí, en un amplio espacio que recuerda a la nave de un mercado, aguardan turno para que los agentes de la autoridad aduanera y los sanitarios los sometan a un examen que no todos ellos aprobarán. Son gente pobre; la mayoría proceden de Europa. La isla de Ellis, la última puerta hacia una nueva vida.

Quienes muestran síntomas de alguna dolencia infecciosa pasarán una cuarentena en las celdas habilitadas al efecto en el edificio. Algunos, quizá la minoría más infortunada, morirán allí, separados de su sueño por unos pocos centenares de metros de agua. Aun así, la cuarentena es el menor de los males para quien ha bajado del barco tosiendo, demacrado, o aparentando mala salud. Quienes dan signos de padecer alguna enfermedad contagiosa peligrosa o un trastorno mental, podrían ser rechazados, al igual que quienes por cualquier otro motivo son juzgados como una potencial carga pública. Durante un día típico en Ellis, de cada millar de inmigrantes examinados habrá entre veinte y cuarenta a los que no se permitirá entrar en los Estados Unidos. Tendrán que volver a embarcar con rumbo a Europa, perdiendo una oportunidad única y desperdiciando un pasaje cuya adquisición les había supuesto años de esfuerzos. A menudo, ese rechazo significa que habrá familias que quedarán partidas por la mitad; que habrá padres e hijos, esposos o hermanos que tendrán que despedirse, sabiendo que quizá nunca volverán a verse. Ellis es conocida también como «la isla de las lágrimas» o «la isla de los corazones rotos».

Las amargas despedidas o las cuarentenas no fueron la única ni la peor de las tribulaciones que padecieron quienes buscaban empezar de nuevo en los Estados Unidos. Antes de que se generalizase el uso de barcos que funcionaban a vapor, durante los peores tiempos de la navegación trasatlántica a vela, casi una décima parte de los emigrantes morían en pleno océano a bordo de «los barcos de la muerte». Algo que, por desgracia, se parece más de lo que nos gustaría a ciertas desgracias que continúan sucediendo hoy.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

4 comentarios

  1. Pingback: Nuovomondo: Paraje del deseo reconstruido – Revista Breviario Visual-Literario

  2. Pingback: Políticas de extranjería y asilo desde Carlos III: unas pinceladas – Notas de Carolus

  3. Excelente artículo, ¡Gracias! Tristemente, actual.

  4. Me ha encantado el artículo.
    Sin medias tintas, descubre la inmigración en EEUU, más concretamente en Nueva York.
    He sido casi capaz de ponerme en la piel de muchos de los inmigrantes que subian en un barco en Europa con destino el país de los sueños y las oportunidades y llegaban casi sin alma al país y con un futuro muy incierto.

    Gran artículo Sr Rodriguez.
    Mi enhorabuena.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*