Destinos Ocio y Vicio

Lord Byron y cía. Turistas románticos en Suiza

Fotografía: David Maroto

LORD_BYRON

Suiza era el destino soñado por cualquier romántico: excursiones a cumbres abruptas, glaciares amenazantes, cascadas impenetrables… Visitas a castillos siniestros con juego de luces espectrales; atardeceres a lo Turner… La oferta incluía cata de vinos en calaveras huecas y una noche de tormenta; plus por relato de cuentos fantasmales; orgías opcionales. Tentador paquete vacacional para un poeta en el exilio como Lord Byron. El folleto venía con letra pequeña, sin embargo: la afluencia masiva de turistas podría alterar la impresión de soledad, nostalgia no garantizada, sentimiento de lo sublime sujeto a temporada baja.

Byron entró en Suiza a finales de mayo, después de un circuito por los escenarios de la batalla de Waterloo (otro de los viajes Top 10 de aquel 1816). En cuanto Napoleón fue desterrado, el continente se llenó de viajeros británicos. «El número de ingleses que viven o pasan por Ginebra es inmenso», se leía en un periódico. Byron no viajaba solo: le acompañaban dos criados (William Fletcher y Robert Rushton), un guía suizo, un perro, un mono y un pavo real. El oso que amaestró en Cambridge se tuvo que quedar; si no, no hubiera cabido en el carromato Polidori, su médico personal.

El plan inicial era hospedarse en el Auberge Séchéron; en el libro de visitas, el joven de veintiocho años puso que tenía «one hundred years old». Cuando echó un ojo a los otros nombres, se asustó: media Inglaterra se alojaba en ese hotel de las afueras de Ginebra con vistas al lago Lemán (actualmente es un edificio parapetado de andamios en el número 120 de la rue Lausanne). Allí estaban los Jersey, sir John y lady Frances, sir Hugh, lady Dalrymple… Y entre toda la high society, ¡Claire Clairmont! Hasta los inaccesibles Alpes le perseguían sus amantes. La chica había llegado una semana antes, con su hermanastra Mary Godwin Wollstonecraft y el futuro esposo de esta, Percy Bysshe Shelley, fan declarado de Byron y tan provocador como su admirado milord. En los registros de los hoteles le gustaba firmar en griego como «Demócrata. Gran amante de la humanidad. Ateo». El grupo no tardó en trabar amistad y en buscarse otro alojamiento, alejado de los cotilleos.

Me he cogido una villa muy hermosa en los viñedos, con los Alpes detrás, y el monte Jura y el lago delante. Se llama Diodati…

Dicha villa estaba en Cologny, y en realidad se llamaba Belle Rive, pero a Byron le sonaba mejor el nombre de su propietario, descendiente de un famoso traductor de la Biblia al italiano. Al principio le pidieron una renta de veinticinco luises al mes; debía de ser un precio desorbitado —los chalets a orillas del lago siempre han sido caros—. Él estaba cargado de deudas; no le salían las cuentas… Dudó. Hasta que se lo dejaron en ciento veinticinco luises por medio año de alquiler y se decidió. Como la casa quedaba en la ribera opuesta del Auberge Séchéron, el dueño del hotel aprovechó la perspectiva que le brindaba su privilegiada posición para instalar geoestratégicamente un telescopio; de este modo, los huéspedes más curiosos podrían estar al tanto de los amasiatos de Byron. Esperaban que la casa de «l’un des poètes les plus distingués de l’Anglaterre» fuera un burdel de queridas, con el tendedero repleto de enaguas y cotillas. «Los chismorreos hacen de mi estancia una pesadilla…». Aún hoy hay algún indiscreto que fisga por encima de los setos.

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7 comentarios

  1. Aquí es inevitable mencionar la pelicula «Remando al viento», donde se cuentan alguna de estas cosas.
    Suiza es un precioso país, montañas, lagos, verde, sencillamente de postal, por no hablar de la limpieza e hipercivilización que se respiran por todas partes.
    Eso si, no es el país mas barato del mundo.

    • Si te quejas de los precios, te recordarán que ellos eran «el pueblo más pobre de Europa».

      • No sé cuando han sido el pueblo mas pobre de Europa.
        Estuve allí ya hace años, unos 25, y desde luego comer de restaurante o alojarse en un hotel era casi inabordable ( viajaba con tienda de campaña ), tal vez hoy día haya cambiado algo, o hay más alternativas ( Airbnb o pensiones ), no sé.

  2. La fuerza de su mirada de Tim Powers, también relata el viaje de Byron ….en el entorno de una novela de terror. Me gustan bastante los relatos de Tim Powers. No hay personajes que beban más que los suyos.

  3. Gracias por traer a la camarilla del romanticismo. Sin ellos (y los que fueron como ellos), ¿cómo íbamos a recordar lo enorme que es el mundo, o los ásperos y glamurosos destellos de todas las civilizaciones, o el misterio escalofriante que se esconde debajo de cada cosa trivial y conocida? O que la vida es una aventura temeraria, cochina y lírica y, tal vez, en última instancia, reducible a anécdota, epitafio o extravío, pasada por la fantasmada, maquillada por el je-ne-sais-quoi pretencioso, y aún así nunca mediocre, nunca incontable ni previsible ni acabada y siempre crujiente. No viene mal mirar cuánto fuego y cuántos oropeles y dramatismo y miseria y sublimes pretensiones, cuánta aspiración a lo universal, trascendente, único, definitivamente infinito. Es que últimamente todo parece aspirar a poco, como mi vieja Rowenta, que aspira al polvo cutre pero sólo del suelo y no todo.

  4. Muy bien escrita, muy graciosa. Me gustó el tono ligero de la nota. Y Byron siempre es interesante. Saludos

  5. Muy buen artículo.

    Sin embargo, quería puntualizar algo respecto de la obra Frankestein: la anécdota del juego de historias de terror del cual se dice que surgió la novela se ha demostrado que es falsa. Mary Shelley recibió muchas críticas por ser mujer y joven (y escribir algo tan oscuro y siniestro) al descubrirse su autoría, por lo que tuvo que inventar la anécdota para justificarse. Por eso se incluyó como introducción a la novela años después, para demostrar que Mary Shelley no era una «loca trastornada».

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