Ciencias

Una enfermedad llamada libertad

Atlanta, Georgia, USA --- Atlanta, Georgia-The slave market in Atlanta, GA, during the Civil War. Ca. 1860-1865. --- Image by © Bettmann/CORBIS
Mercado de esclavos de Atlanta, Georgia, 1864 (detalle). Fotografía: DP.

Ray Charles nació en Georgia y versionó una bellísima canción titulada «Georgia on My Mind», compuesta por Hoagy Carmichael y Stuart Gorrell, que usted debería poner de fondo mientras lee esto. En Georgia en el siglo XIX se editaba una revista médica mensual titulada The Georgia Blister and Critic. En el número 7 de su primer volumen se publicó un artículo del cirujano y psicólogo de Luisiana Dr. Samuel A. Cartwright titulado «Enfermedades y peculiaridades de la raza negra» donde describía una nueva enfermedad mental: la drapetomanía. Cartwright, un profesional prestigioso, la definía como un trastorno que «inducía al negro a escapar del servicio y es tan enfermedad de la mente como cualquier otro tipo de locura mental y, como regla general, mucho más curable».

Cartwright escribía:

Si el hombre blanco trata de oponerse a la voluntad de Dios, intentando hacer del negro algo más que un ser sumiso con la rodilla hincada (lo que el Todopoderoso declaró que debía ser) intentando elevarlo al mismo nivel que él; o si abusa del poder que Dios le ha dado sobre otro hombre siendo cruel o castigándolo presa de la ira, o descuidando su protección frente a los abusos arbitrarios de los demás sirvientes y todos los demás, o negándole las necesidades y comodidades comunes de la vida, el negro se escapará; pero si [el propietario] mantiene [a su esclavo] en la posición que hemos aprendido por las Escrituras que debe ocupar, esto es, en posición de sumisión; y si su dueño o capataz es bondadoso y misericordioso al escucharle, aunque sin condescendencia, y al mismo tiempo le suministra sus necesidades físicas y lo protege de los abusos, el negro permanece cautivo y no intenta escapar.

Cartwright aclaraba que la drapetomanía era desconocida para las autoridades médicas pero que tanto los dueños de las haciendas como los capataces de los esclavos la conocían muy bien. Su principal síntoma era el absentismo laboral, los negros intentaban escapar, y la causa era que los dueños tenían demasiadas familiaridades con los esclavos y les trataban como a iguales.

Si son tratados con amabilidad, bien alimentados y vestidos, con suficiente leña para mantener ardiendo toda la noche un pequeño fuego —separados por familias, cada familia teniendo su propia casa—, no permitiéndoles salir de noche para visitar a sus vecinos, recibir visitas o beber licores embriagantes, sin hacerlos trabajar en exceso ni exponerlos demasiado a la intemperie, se controlan fácilmente —más que otros pueblos en el mundo—. Si cualquiera o varios de ellos, en cualquier momento, están inclinados a levantar sus cabezas al mismo nivel que su dueño o capataz, la humanidad y su propio bien precisan que sean castigados hasta que caigan en el estado de sumisión que les fue destinado ocupar. Deben ser mantenidos en ese estado, y tratados como niños para prevenir y curarlos de la fuga.

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15 comentarios

  1. Pingback: Una enfermedad llamada libertad – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. Magali Gonzalez

    Estupendo articulo, gracias.

  3. Buffalo soldier, ya lo cantó Bob Marley: https://youtu.be/uMUQMSXLlHM

    • En el enlace a Georgia in my mind que nos han puesto los amigos de Jot Down si dejas que cargue el siguiente video en YouTube, entra Buffalo Soldier. ¡Ni pintado!

  4. Gran artículo. Una matización, o amago de ella: yo creo haber leído que el pago del pasaje en forma trabajo por parte de los blancos pobres emigrados a las colonias estaba en torno a los 12-15 años. Pero no tengo delante el libro para corroborarlo (era, si no recuerdo mal, Imperios del mundo atlántico, de John Elliott). El resultado era que parte de esos blancos también terminaban ‘aquejados de trapetomanía’ y escapaban a territorio indio, o, la mayoría, que cuando llegaban a la emancipación ya eran tan mayores, estaban tan castigados y sin un chavo (era ese momento cuando podían empezar a ganar para si mismos) que no podían fundar familia ‘respetable’ alguna, cosa también era un problema para el propio crecimiento de las colonias. En buena medida, el desarrollo posterior de la esclavitud como forma ‘legítimada’ nace ahí. Otra cosilla, que no sé si se recogía en el mismo libro: cuando el gobierno de Brasil decretó la manumisión de los esclavos hubo de compensar económicamente a los propietarios porque, claro, ellos habían pagado un dinero por unos ‘bienes’ que ahora iban a perder pues les eran, se podría decir, ‘expropiados’. En fin, como dice la publicidad, el ser humano es extraordinario. Un hijo de puta extraordinario.

    • Mil gracias. Lo que he leído habla de tiempos cortos para los siervos no abonados. Una referencia es esta Christopher Tomlins, «Reconsidering Indentured Servitude: European Migration and the Early American Labor Force, 1600–1775,» Labor History (2001) 42#1 pp 5–43 donde se habla de tres años, aunque seguro que había distintas condiciones y distintos períodos.
      Además, las condiciones eran muy duras, al parecer peores que para los propios esclavos, que eran «propiedades» y no interesaba que se depreciase su valor mientras que con los siervos se intentaba sacar todo el trabajo disponible en ese tiempo. Gracias por el comentario y por el final, que me ha hecho sonreír (sonrisa amarga pero sonrisa)

  5. En la foto que se muestra al patron y los trabajadores se pone como fecha 1908. Entiendo que en esa fecha la esclavitud ya habia sido abolida en EEUU. Porque todavia se mantenian ciertas personas como esclavos?

    • Hola, Fernando. Aunque fueran manumitidos, los antiguos esclavos no tenían a dónde ir, aquellas haciendas era lo único que conocían y muchos se quedaron allí como siervos. Al menos podían irse, supongo que los castigos corporales remitirían y tendrían que recibir un sueldo, pero también entiendo que no cambiaron tanto sus vidas. La foto es preciosa y creo que representa eso: ya no es el dueño y sus esclavos sino el patrón y sus trabajadores. ¡Salud!

  6. Afortunadamente, ¡cuánto hemos cambiado desde el s. XIX! Y, sin embargo, desgraciadamente, ¡qué poco hemos cambiado desde el s. XIX!. Hoy no se les llama esclavos, pero haberlos, haylos, incluso entre nosotros (no hace falta irse al tercer mundo).
    Como siempre, (una) historia bien contada.

  7. Pingback: Neurociencia. El blog de José Ramón Alonso - Artículos publicados en Jot Down (Septiembre-Noviembre 2016)

  8. ¡Gracias!

  9. Pingback: Una carretera que conduce a ninguna parte - Jot Down Cultural Magazine

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