
Steve Glew quería ser leyenda, pero solo tiene un blog. Como la mayoría, lo actualiza poco. La bitácora es solo un pez más del cardumen de internet, con un diseño deslavazado e incómodo. Puro rudimento. Quizá es todo lo que podría esperarse del blog de un tipo de Michigan que apenas llega a fin de mes y escribe intercalando minúsculas y mayúsculas sin ningún concierto. Pero este redneck, como él mismo se define, continúa desgranando su existencia por capítulos en esa virtualidad ignota, sostenido por un estímulo certero: su vida acabará siendo una película. Es solo cuestión de tiempo.
No es una esperanza vana. Steve Glew está tan convencido de que durante una década vivió para la posteridad, que la ha puesto en venta. Presiona el F5 esperando que un día, cualquier director o productor de Hollywood tope con la página de Amazon donde oferta lo único que le queda: «Diario del Pez outlaw: Libro y derechos de la película». Una auténtica ganga y también una ganga auténtica: doscientos cincuenta mil dólares por la póliza de una historia de espías, acción, villanos y héroes, guerra de los Balcanes, contrabando, millones de dólares y caramelos PEZ.
Steve no fantasea con quién le interpretará en pantalla, pero sí ha seleccionado cuidadosamente cuáles deberían ser las primeras secuencias de la superproducción; las que ofrecerían un atisbo jugoso de cómo llegó un exdrogadicto a ganar cuatro millones y medio de dólares en apenas diez años, haciendo temblar a una de las empresas más potentes de Norteamérica.
Enero de 1994. Frontera entre Austria y Hungría. Entre la espesa nieve que cubre el puesto de control, uno de los guardias le da el alto a un vehículo pequeño, conducido por un hombre de unos cuarenta años de frondosa barba y gafas oscuras. En el asiento del pasajero dormita su hijo, en la veintena. El conductor se apea tembloroso, ataviado con una larga gabardina, un chándal de terciopelo azul y zapatillas deportivas. Son dos estadounidenses, los Glew, que según su pasaporte han cruzado una Yugoslavia recién dividida después de aterrizar en Eslovenia sin equipaje. Lo que el documento no dice es que la pareja traía adosados miles de dólares bajo la ropa. El guardia atisba un saco militar en el asiento trasero, y lo apunta con su rifle semiautomático:
—¡Ábranlo! ¡Rápido!
Se niegan.
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Toma ya
La bitácora es solo un pez más del cardumen de internet,
No tengo claro a que se refiere con bitácora en esta frase. Si es por blog donde ser apuntan las incidencias de la navegación en la web, mejor cuaderno de bitácora. Y lo de redneck mejor traducirlo aunque sea entre paréntesis, paleto, moron.
No sé si la escritora ha visto la airada respuesta del protagonista de la historia en su propio blog. Aporta, además, algunas correcciones factuales sobre el contenido del artículo, por si acaso: http://pezoutlawgoestohollywood.blogspot.com.es/2017/03/seriously-what-in-hell-is-this.html
De la respuesta del protagonista me llamó la atención que la escritora no se haya puesto en contacto con él antes de escribir el artículo.
Quizás hubiera ayudado completar/mejorar el contenido.
Es una historia digna de los hermanos Coen.
Es tan maravillosa la historia!!!
Esta frase…
What self respecting crazy person only has 1 blog.
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJ, maldito genio loco jajajajja
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