Arte y Letras Historia

De color demoníaco a lujo cortesano: el negro

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Infanta Catalina Micaela de Austria, por Alonso Sánchez Coello, ca. 1584.

¿Te imaginas a un juez vestido de amarillo?, ¿o a un árbitro de fútbol de rosa? Seguramente te costará hacerlo y no será solo por la costumbre de verlos siempre vestidos de negro. Los colores tienen un significado y en cada cultura van asociados a unos valores y unas ideas muy concretas. Por eso, tampoco sería lo mismo que los Rolling Stones quisieran pintarlo todo de azul celeste: «I look inside myself / and see my heart is black / no colors anymore / I want them to turn black». Como nos dice Eva Heller, en el caso de los árbitros y los jueces, su ropa negra nos transmite autoridad; pero el negro, además, lo asociamos a otros muchos conceptos, como la muerte, la tristeza, la austeridad o la elegancia. Sin embargo, esto no siempre ha sido así, ya que las ideas a las que vinculamos los colores han ido evolucionando a lo largo de la historia.

El negro como símbolo del mal, nos dice Michel Pastoureau, arraiga con fuerza en nuestra cultura a través del cristianismo. En la Biblia podemos encontrar algunas alusiones a esta simbología que, en una visión maniquea, se opone al blanco como símbolo del bien y de lo positivo. Evidentemente, en la Biblia no hablan del color negro tal cual, sino que más bien son «las cosas negras» las que están asociadas a ideas negativas. A pesar de que a nosotros seguramente nos parezca que no puede ser de otra manera, no en todas las culturas ha sido así. Por poner un ejemplo, en Egipto el negro iba asociado a la idea de fertilidad y, aunque también era el color de los dioses de la muerte, lo era por su vinculación a la idea de la resurrección.

Pero volvamos a la Biblia. Ya en el Génesis vemos surgir esta simbología y cómo las tinieblas (la oscuridad y el caos) son lo que precede a la creación (la luz y la vida): «La tierra era caos y confusión: oscuridad cubría el abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad». Una idea semejante se trasluce de la oposición entre el cuervo (negro) y la paloma (blanca) en la historia de Noé: «Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca y soltó al cuervo —como veremos, no será un animal muy apreciado en el cristianismo—, que estuvo saliendo y volviendo hasta que se secaron las aguas sobre la tierra. Después soltó a la paloma —que, entre otras cosas, será símbolo del Espíritu Santo—, para ver si habían menguado ya las aguas de la superficie terrestre. La paloma, no hallando donde posar el pie, tornó donde él […]. Esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma fuera del arca. La paloma regresó al atardecer trayendo en el pico un ramo verde de olivo…».

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7 comentarios

  1. Pingback: De color demoníaco a lujo cortesano: el negro – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. Beau Brummell

    Pues el negro y el blanco eran mis colores favoritos cuando era joven pero ahora que me estoy haciendo mayorcito, al negro lo quiero bien lejos. Sí, porque encuentro que «hace viejo» y en cuanto al blanco lo noto demasiado cegador, casi como el amarillo rabioso. Me avengo mucho mejor con tonos terrosos, azules, grises, vainillas. ¡Ah y jamás de los jamases, llevar nada rojo, por favor!

  3. Pingback: El color negro | Solo Ana

  4. Bastante interesante. A mis 30 y porque me gusta pasar desapercibido prefiero colores ligeros, sin ornamentos, cosas lisas, sencillas.

  5. Pingback: De color demoníaco a lujo cortesano: el negro

  6. La Pragmática de los RRCC no pudo ser en 1594…

  7. ¡Gracias!

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