
Para muchos de nosotros, ya sea por el folclore o el cine, el búho ha sido representante de la sabiduría. Es tan culto, nos dicen, que por eso no duerme durante la noche, y aprovecha esas horas para la contemplación y la cacería mientras que los demás holgazaneamos en nuestras camas. Y, aun así, a pesar de ser las aves de Atenea y los graduados de la universidad, los búhos auténticos no son demasiado brillantes. Tampoco son tontos, pero es muy probable que no destaquen en un concurso de lógica si se les enfrenta contra la graja, el cuervo, la urraca, o cualquier otro miembro de los córvidos.
Esta familia, se ha observado, tiene ingenio. A unos les gustan los objetos brillantes y saben hacer herramientas, otros se reconocen en los espejos, mientras que hay quienes guardan la comida en un sitio para luego cambiarla de lugar cuando ya nadie los observa. Entre ornitólogos, los córvidos son de las aves más brillantes, sino es que las más. Lástima, para ellas, que se les considere voceras de la muerte, la soledad y el mal agüero en lugar de la astucia. Aunque de no ser por esa interpretación maligna, tal vez Edgar Allan Poe no hubiera escrito El cuervo.
Muchas, por no decir todas, de nuestras narraciones culturales se muestran erróneas, o en su defecto inconclusas, si se las mira con un conocimiento más completo. El Sol, por ejemplo, no sale por el este. Tampoco se pone sobre el oeste, aunque eso parezca. Para fines explicativos, nuestra estrella no va a ninguna parte, aunque es verdad que nos arrastra con ella a lo largo de la Vía Láctea. Si parece como si cruzara por el cielo, ahora lo sabemos, es solo porque nuestro mundo gira sobre su propio eje. Y este a su vez, junto con la traslación anual, es responsable de las cuatro estaciones que tanto material han aportado a la mitología y a los artistas por igual.
Algunas veces las lenguas son víctimas de la naturaleza y las historias que alrededor de ella se han hecho. En castellano, por ejemplo, los días de la semana hacen referencia a los cuerpos celestes que, por sus características a simple vista, los griegos y los romanos identificaron con su panteón. De esa forma algunos aciertos de observación se mezclaron con algunas lagunas de conocimiento, así, entonces, martes es Ares/Marte, dios belicoso por el tono sangriento de las arenas que cubren aquel planeta, mientras que viernes es Afrodita/Venus, la más hermosa por ser la luz celeste más brillante de los crepúsculos, a pesar de tratarse de un infierno sulfuroso en el que nada ni nadie puede vivir.
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