Cine y TV

Detrás de las barras y lejos de las estrellas: una historia secreta de Poverty Row

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John Wayne, Ray Corrigan y Max Terhune en Overland Stage Raiders (1938), producida por Republic Pictures, uno de los estudios de Poverty Row. Imagen: Olive Films.

Ahora que a muchos nos ha dado por hacer pelis indies de bajo presupuesto no estaría mal recordar de dónde viene el término y cuándo se utilizó por primera vez. Fue al fundarse la Indie Producers League ¡en 1929, nada menos! Esta Liga Pobretona de Hollywood o Poverty Row producía películas en seis o siete días con presupuesto de unos pocos cientos de dólares, un metraje de unos setenta minutos, un buen puñado de pastillas para mantener a los actores despiertos y unos guiones que se escribían sobre la marcha (algo que, por cierto, en Hollywood era y sigue siendo cosa de todos los días).

Las productoras se encontraban casi todas en Gower Gulch, una callejuela por la que a finales de los años veinte solían andar cowboys de los de verdad, recién llegados de cabalgar entre los nopales de Baja California, con una mano delante y otra detrás, esperando poder trabajar en alguna de las películas de vaqueros que se rodaban como churros a diario y que se rentabilizaban más o menos según cantara o no el cowboy o si el caballo era blanco (más puntos) o negro. Muchas de las pelis se rodaban en exteriores, en el cercano desierto, sacando todo el partido de la luz californiana, que era lo que había atraído originalmente a toda la industria del cine en los años veinte, pero otras también se rodaban en los estudios que alquilaban a las productoras «serias», aprovechando los decorados de otra película «seria», con poca luz para que no cantara mucho el tema. No eran solo los decorados de lo que se sacaba partido, también era frecuente tirar del celuloide de películas mudas y hacer un corta y pega a palo seco, como se hizo en Ingagi.

Ingagi fue una película «exótica» (la única que produjo Congo Films, como otras productoras de Poverty Row que sacaban un solo film y si te he visto no me acuerdo) en la que se mezcló metraje de una antigua película muda junto con metraje rodado en el zoo, y en el que el actor Charlie Gemora hacía de rey mono al que entregaban a una virgen en sacrificio y se enamoraba de ella (¿a qué nos suena esto?). Muchas veces se recurría a metraje de viejas películas mudas también para poder llegar a los sesenta minutos que por ley debía durar como mínimo una peli, y así se hizo en Captured in Chinatown, donde aparece de pronto un partido de polo porque sí, porque yo lo valgo. Y en ocasiones, como en Cargo Cult (1931-39), empezaban a rodar una peli, se quedaban sin dinero y la acababan ocho años después, con los actores recurriendo a un flashback para poder colocar el metraje en el que aparecen más jóvenes.

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2 comentarios

  1. Juan Carlos Fernández Álvarez

    De tour es una gran película hasta que lees el texto de Goldsmith. En una segunda visión se queda en una buena película.

  2. César Rubio

    Un artículo muy instructivo, o dos si se mira el espacio destinado a Detour con respecto a las primeras pelis independientes.

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