
En 1984, Dave Jones, Mike Dailly, Steve Hammond y Russell Kay, cuatro jóvenes con pinta de empollones y afición por la informática, comenzaron a reunirse en el Kingsway Amateur Computer Club de la ciudad de Dundee, en Escocia, para trastear con sus ordenadores en comuna. El interés por la electrónica y los lenguajes de programación era un hobby que tenía cierta fuerza y bastante lógica en aquella población escocesa: a principios de los ochenta la zona se había convertido en uno de engranajes principales de la informática europea al albergar, en las entrañas de la fábrica de relojes Timex, la producción de los ordenadores ZX Spectrum, unos aparatos con los que un señor llamado Clive Sinclair estaba conquistado el continente. Por esa misma razón, en la propia ciudad y sus alrededores no era especialmente difícil para el ciudadano medio hacerse con alguno de aquellos cacharros con teclas de goma a precio razonable. Dailly, Hammond y Kay asistían a sus reuniones nerds armados con los asequibles Spectrum y un Commodore 64, pero Jones aprovechó un finiquito para saltar a la siguiente generación tecnológica y hacerse con un espectacular Amiga 1000. Una máquina ante la cual el grupo de amigos comenzó a pasar las tardes intentando cerrar la boca mientras asaltaban castillos en Defenders of the Crown, trabajaban el swing en el simulador de golf Leader Board y coloreaban píxeles con el programa de dibujo Deluxe Paint.
La pandilla no tardó en descubrir que era preferible elaborar sus propias aventuras antes que vivir las de otros y pronto nacieron de aquellas reuniones un puñado de pequeños juegos programados por ellos mismos como el arcade Zone Trooper, el machacaladrillos Freek Out y un shoot’em up protagonizado por un ojo que se titulaba (o no) The Game with No Name. Entre los proyectos que se cocían en los ordenadores de los chavales también se encontraba un matamarcianos de confección artesanal y bastante guerrillera: durante su elaboración, el grupo visitó los salones recreativos grabadora en mano para registrar los efectos sonoros de disparos y explosiones en los arcades porque no tenían ni idea de cómo debería sonar una batalla espacial en la pantalla. Aquel juego pasó por diversas encarnaciones hasta convertirse en el definitivo Menace y, gracias a Psygnosis, una distribuidora afincada en Liverpool, acabó aterrizando en las tiendas de ordenadores en el 88. Un estreno comercial que obligó a los chicos a buscar nombre oficial para su empresa, porque hasta entonces se habían hecho llamar Acme, una marca que ya estaba registrada. Finalmente, optaron por llamarse DMA design porque las palabras «Direct Memory Access» eran algo que leían muy a menudo en los manuales de programación del Amiga, pero también porque creían que sonaba bastante molón e interesante. Durante los años posteriores, ya hastiados de que la prensa siempre les preguntase por el significado del nombre, sus miembros asegurarían que las siglas realmente querían decir «Doesn’t Meant Anything» («No significa nada»).
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Mi primer gran amor en esto de los videojuegos de PC. Las horas que dediqué a salvar a estos mamones… uff, incontables.
Que tire la primera piedra quien haya jugado al Lemmings y nunca decidiera reventarlos a todos por el puro placer de verlos explotar ordenadamente…
Lo mejor era explotarlos a todos en un mismo punto
En tiempos modernos ha aparecido un clon del sistema de Lemmings realizado fantásticamente bien, con gusto y originalidad.
Se llama Zombie Night Terror y como os podéis imaginar en esta ocasión los lemmings son zombies que devoran a cuanto humano se plante por su linea de visión. Pese al hartazgo del tema zombie, el tema encaja a la perfección en la mecánica lemmings y los niveles son variados y bien diseñados.
Qué buen artículo de divulgación! Y narrado con ese halo de misterio. Gracias
Muy bueno el artículo. Pero podríais cambiar el link de «un mural animado»; no parece que al tipo le haga mucha gracia el link.
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Felicidades, gran artículo.
Que gran juego, y que gran articulo, felicidades al autor
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