Deportes

Sangre y piscinas

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All Blacks vs. Gales, 1972. Fotografía: Leonard Burt / Getty Images.

El rugby, dicen, es un juego noble. O al menos lo es la versión de ese deporte que mejor conocemos por estas latitudes; esa en la que una multitud de seres humanos se dan de porrazos por obtener la posesión de una sandía de cuero y posarla tras las líneas enemigas. En otras variantes cada equipo consta de trece o siete jugadores; si nos inclináramos por emplear el término inglés football, que fue la principal manera de denominarlo hasta bien entrado el siglo xx, podríamos añadir a este listado la versión americana que terminó degenerando en once vehículos acorazados por bando. Así pues, trece, siete, once. Pero el juego noble y sincero, el que desarrolla el espíritu de compañerismo, la solidaridad, la hombría y etcétera, es aquel que juegan quince muchachos, o quince jóvenes, o incluso algún que otro hombre maduro que en algunas civilizaciones no tan primitivas podría pasar por anciano, y que campa por estos campos españoles de Dios, ya sean de barro seco o de césped artificial, negándose a admitir su decadencia física mientras pega voces dando órdenes, haciendo gala de una gama inaudita de visajes, a novatos y cobardicas, y que trata de alcanzar —pero rara vez lo consigue— al tres cuartos rival que allá se escapa fácilmente, pues el hogar del veterano es el maul y el ruck, dos manifestaciones de la bestialidad que dan vida al corazón del hombre y que son exclusivas de este pasatiempo.

No todos demuestran un comportamiento ejemplar sobre un campo de rugby. En abril de 2009 se disputaba en Londres un partido correspondiente a los cuartos de final de la Heineken Cup. La Heineken Cup no es otra cosa que la Copa de Europa de rugby, la competición en la que anualmente se decide cuál es el mejor club del continente. Tras más de un siglo de amateurismo recalcitrante, en el que la sola mención de organizar un campeonato entre clubs que designara el campeón mediante su posición en una tabla de clasificación despertaba los fantasmas del profesionalismo y erizaba las patillas de los miembros de la IRB, mientras les provocaba unos sofocos que solamente podían ser subsanados mediante la apertura simultánea de una cantidad inaudita de cajitas de rapé, el rugby abrazó el profesionalismo con todas sus consecuencias, y desde entonces cada campeonato, cada estadio, cada club e incluso cada selección nacional tiene uno o varios patrocinadores. Hoy en día se pintan tal cantidad de anuncios sobre el césped de campos de juego que hasta hace no mucho eran sagrados, y con un arte tan depurado a la hora de lograr la perspectiva tridimensional, que es difícil distinguir si uno se encuentra en Murrayfield o en Times Square, Nueva York.

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6 comentarios

  1. Me alegra que se comenten esas cosas. Os puede decir que con el tema del rugby se exagera y se mitifica mucho, pero mucho mucho. Yo vivo en la ciudad donde están los 2 clubs que se han repartido la división de honor en los últimos años y estudie en uno de ellos. Conozco a muchos jugadores, he estado en fiestas y he oído decenas de anécdotas de rugby y de fuera del rugby.
    Y si bien es verdad que el rugby no es el peor deporte del mundo, y que la mayor de los jugadores no son muy cabrones, haberlos, haylos. No solo cabrones, alguno entraría dentro de la categoría de psicópata, alguno dedicaba el tiempo libre a algo parecido a la pandilla de Alex de la Naranja Mecánica… aunque probablemente no era culpa del rugby, era también como donde se juntaban muchos así.
    En fin, olvidémonos de los deportes perfectos.

  2. blunsburibarton

    No soy seguidor de este deporte pero he oído mucho hablar de sus valores. Simplemente me referiré aquí a sus valores organizativos. El torneo 6 naciones es cerrado y exclusivo. No hay descensos ni ascensos. Dado el sistema de clasificaciones para competir en la Copa del Mundo de Rugby, los grandes equipos del mundo no tienen que competir con otros equipos para clasificarse para el siguiente mundial, así que las posibilidades de que una potencia emergente se pueda medir a un equipo grande como Francia o Inglaterra son nulas. Vamos, una situación ideal para expandir el noble deporte a otros países. Una equiparación de este sistema con el mundo del fútbol haría impensable que Alemania, Italia o Francia se midiese con Islandia y mucho menos con Andorra, como así suele ocurrir en las fases clasificatorias. Si esta situación es ridícula en el rugby femenino es kafkiana. El seis naciones femenino se construyó a semejanza del masculino. Seis naciones que no tienen que luchar para clasificarse para jugar un torneo en el que los seis equipos nacionales se lo guisan ellos solitos. Da lo mismo que en alguno de esos países el nivel del rugby femenino sea inferior al rugby femenino español por ejemplo. Es un coto cerrado. Esos son los valores del rugby, los que favorecen la extensión del noble deporte a otros países donde el nivel es inferior.

  3. Estoy de acuerdo con Josemi; olvídemósnos de los deportes perfectos, y demos gracias por tener la oportunidad de ver a esa juventud generosa detrás de una guinda imprevisible, y en donde la fuerza re bruta cede el paso a la caballerosidad. No entiendo cómo pudieron llamar footbal a un juego mayoritariamente manual. Cosa de los ingleses. Con respecto al rugby femenino, del cual no me perdí una partida en las últimas olímpiadas, recuerdo que la aspiración de las mujeres a participar en cualquier competencia no es de ahora: en la antigua Grecia y en los primeros juegos en honor de Olimpia, los deportistas se presentaban con un taparabo solamente, costumbre que fue sostituida por el escándolo de descubrir que un vencedor era una fémina. Desde entonces y hasta llegar a nosotros a través de las vasijas, todos en pelotas y bien aceitados para que no hubieran dudas. Divertidismo artículo que hace honor a este juego.

  4. Completamente de acuerdo con Josemi. Yo vivo en la misma ciudad que él y aunque nunca jugué al rugby, tengo muchos amigos que sí lo han hecho. Y he conocido de todo: buena gente, buenos profesionales etc. Pero también auténticos macarras y,- en tiempos pretéritos- algunos militantes de Fuerza Nueva, además de psicópatas independientes. Las mayores tanganas que he visto en ningún deporte, las he visto en el rugby, ni siquiera en el fútbol. Así que dejémonos de mitificaciones falsas.

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