Ciencias

Las mujeres y los hombres tenemos cerebros diferentes. ¿Y qué?

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Foto: Peter Prehn (CC).

Empecemos por vestirnos todas las que nos hayamos rasgado las vestiduras al leer el título del artículo.

Bien, una vez vestidas, voy a explicarles por qué me atrevo a afirmar categóricamente algo tan controvertido.

La afirmación es la conclusión lógica de dos cuestiones fácilmente comprobables de manera empírica (luego les daré una vuelta, por si para alguien no son tan evidentes). 1- El comportamiento que desarrollamos depende de la actividad de nuestro cerebro. 2- Hombres y mujeres, en algunos aspectos, tienden a comportarse de manera diferente (es indiferente para esta discusión si esto ocurre por causas innatas o aprendidas).

Antes de desarrollar más estas ideas, quiero adelantar algo muy importante: ¿Qué más da que sean diferentes? ¿Por qué esto nos preocupa tanto y gastamos tanto tiempo y energía en discutirlo? Dejo la pregunta en el aire, y sigo justificando lo de que son diferentes.

Vamos a por la primera afirmación, que no creo que genere mucha controversia. El hecho de que cómo nos comportamos sea fruto de la actividad del sistema nervioso. Salvo en las películas de fantasmas, pocos seres humanos desarrollan un comportamiento sin tener un sistema nervioso. Ni siquiera los zombis, que casi siempre necesitan mantener la cabeza unida al cuerpo para seguir moviéndose. Y cuando alguna circunstancia afecta a una zona de nuestro cerebro, destruyéndola o limitando su actividad, no es extraño que cambie el comportamiento de la persona (o la memoria, o el pensamiento abstracto, o la capacidad de identificar objetos…). La actividad del sistema nervioso es, por tanto, la que genera nuestro comportamiento.

Si el comportamiento, uno de los resultados de la actividad del sistema nervioso, tiende a ser diferente, la causa más probable es que los sistemas que generan ese comportamiento sean diferentes. Profundicemos un poco en esta idea. Dos individuos cualesquiera se comportan de manera diferente ante un mismo estímulo porque la actividad de su sistema nervioso es distinta. Y solo puede ser distinta porque estos sistemas nerviosos lo sean, o porque hay un componente importante de aleatoriedad en el funcionamiento del sistema. Si la respuesta al mismo estímulo tiende a ser sistemáticamente diferente, entonces la segunda posibilidad se vuelve muy improbable, y para justificar una actuación diferente solo nos queda asumir que los sistemas nerviosos son diferentes. Pueden ser diferentes en alguno de muchos niveles de organización, o en todos: en macroanatomía, en microanatomía, en la fisiología de algunas o muchas de sus neuronas, en la expresión genética… Pero en algo han de ser diferentes, ya sea en una distinta arborización dendrítica en algunas áreas, en un distinto patrón de conexiones, en una diferente distribución de receptores, en diferentes niveles de actividad de algunas áreas a causa del contexto hormonal, en la diferente permeabilidad selectiva de algunas membranas celulares, etc.

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18 comentarios

  1. Pues cuidado con la brigada de ofendidos profesionales que le lanzarán los típicos calificativos tan poco originales como machista, machirula, que odia a su propio sexo…..Bla Bla.

    Por cierto, gran sentencia final. No se puede hablar más claro.

  2. Pingback: – Las mujeres y los hombres tenemos cerebros diferentes. ¿Y qué? – ESPANTALHO

  3. Esta excelente divulgación clarifica aún más nuestras diferencias y, a mi entender, es inevitable y sensato normalizar la diversidad en todos sus aspectos. Además, ya sería hora de dar mayor cabida a las mujeres, visto los resultados de miles de años de visión masculina. Talvez ellas hagan algo mejor, pero tengo mis dudas. Gracias por la lectura.

  4. Estoy de acuerdo contigo, todo ésto es un poco absurdo, además las diferencias entre dos hombres (o dos mujeres) pueden ser más grandes que las diferencias entre los sexos en cualquiera de las variables que has nombrado.
    Por otra parte, parece de cajón que sexos distintos implica cuerpos distintos, y ésto cerebros distintos, ni mejores ni peores, distintos, o como mucho, complementarios a cierto nivel, por lo que habrán comportamientos distintos.
    Estamos condenados a entendernos, no hay otra, o si la hay, uno de los bandos saldrá perdiendo (como hasta ahora)

  5. Muy buen artículo, Marta.
    Personalmente creo que el rechazo ante las afirmaciones de que existen diferencias entre los cerebros femenino y masculino se debe al daño que han hecho éstas a lo largo de la historia. Desde Aristóteles que afirmaba que el cerebro masculino era mayor y, por tanto, superior al femenino, se han empleado estas diferencias para justificar la inferioridad de la mujer y su sometimiento al hombre. Las palabras de grandes referentes como Aristóteles o de San Agustín fueron muy dañinas y perduraron durante siglos. No es el miedo a que se utilicen ahora, es la constatación de que se han empleado durante siglos.
    Oliva Sabuco fue la primera en afirmar que el funcionamiento de ambos cerebros era equivalente y que por ello esta no debía someterse al hombre. Como ves, otra vez se ligaba una cosa a la otra.
    Dado que estas diferencias nunca se han tratado de aspectos diversos entre iguales, sino para resaltar la inferioridad de uno de los géneros respecto al otro con la consiguiente limitación de sus oportunidades, no es tan sorprendente que exista un mecanismo de rechazo ante tales afirmaciones.
    Con ello no lo justifico, solo trato de entenderlo. Tengo claro que todo conocimiento es positivo y un mayor conocimiento de estas diferencias siempre puede resultar enriquecedor. La clave es, como afirmas en tu artículo, que jamás volvamos a vincular estas diferencias a diferentes derechos u oportunidades.

  6. Pues no lo entiendo. En otro post en que explicas la conveniencia de hacer distinciones entre individuos de diferentes «clases» o «grupos» , por ejemplo en medicina, la consecuencia es que habría que personalizar o «priorizar» a un tipo de individuos sobre otros. ¿Qué impedirá usar ese procedimiento en otros ámbitos que puedan significar tratamiento preferente o prioritario? ¿Acaso no sería una violación del derecho a la igualdad de trato?

    Imagino que no lo entendí bien porque lo que planteo puede ser un tanto abstracto.

  7. Hay que separar claramente los términos «personalizar» y «priorizar». La diferenciación no debe implicar nunca una jerarquización de los individuos. Ése es el gran reto de la educación. Por otro lado, ¡Qué triste que a estas alturas tengamos que justificar con tanto miedo y tantas explicaciones lo que debería ser una obviedad admitida por todo el mundo!

    • El problema puede ser que ante recursos insuficientes ( tiempo, personal, etc.) sí que haya que priorizar; lo que podría ser adecuado pero no admisible para algunos o muchos.

      Como ejemplo de priorizar, en otro post que no encuentro de la autora de éste, estaría el «triage» en la atención a pacientes en urgencias.

  8. Pingback: Recomendaciones | intelib

  9. Supongo que en gran parte de la historia de la humanidad se ha usado la diferencia para justificar el ataque, la imposición, o en el mejor de los casos, el ninguneo. Uno de estos «grupos» (blancos, hombres) se auto-atribuyó la supremacía sobre el resto de grupos que eran diferentes.
    Supongo que para contrarestar esto se ha hecho incapié en el mensaje de que todos somos iguales. Y hemos acabado confundidos. Todos somos diferentes, pero eso no significa que haya diferentes mejores y diferentes peores.

  10. Hola, considero que tenemos las mismas partes de un cerebro como el masculino y femenino, otra cosa es el grado madurez lógicamente las mujeres destaca en ello, también la misma sociedad cuando hacen un convocatoria para un trabajo hacen distensión entre el hombre y la mujer, ambos tienen cualidades, no se debe mezclar las cosas, por último ambos cerebros están capacitados para recibir nuevos conocimiento aparte de lo aprendido.

  11. “La mayor diferencia psicológica entre los sexos, después de todo, es una tan ubicua que muchos incluso no notan que es una diferencia. ¿Qué diferencia? La mayoría de las mujeres encuentran a los hombres atractivos; la mayoría de los hombres no”.
    – Tom Whipple

  12. Humildemente, creo que sé el por qué afirmar esta certeza empírica es vista como peligrosa.

    Creo que las personas tenemos un sesgo ideológico hacia el término Igualdad. Para unas personas, Igualdad se circunscribe a la igualdad de oportunidades, existirá igualdad en tanto exista verdadera libertad de elección.

    Para otras personas, la igualdad solo se acredita si esta se manifiesta en los resultados. Si lo resultados no arrojan igualdad, se debe presuponer que no existió verdadera libertad de elección. Para este grupo es difícil integrar conceptos como la diferencia biológica entre hombres y mujeres, porque dificulta la evaluación de la igualdad. Un ejemplo, claro y actual, se refiere a la brecha salarial, que podría ser explicado, en gran parte, por la psicología evolutiva, necesariamente diferente en hombres y en mujeres.

    Y el motivo es que el ser humano tiende a generalizar. Una vez leí que había más porcentaje de homosexuales entre los zurdos que entre los diestros. No recuerdo el detalle, pero seguramente debía tratarse de pocos puntos (igual en un caso era un 13% y en el otro un 9%) en cualquier caso la condición de zurdo no aparejaba con la condición de homosexual, y sin embargo, inconscientemente se me generó un apriorismo (se le puede denominar un prejuicio).

    Si aceptamos que las mujeres (una estadística como otra cualquiera) tienen tendencia a interesarse más por las personas que por las cosas, y los hombres a interesarse más por las cosas que por las personas, será muy difícil que esta estadística no genere en prejuicio para absolutamente todas las mujeres en el momento de toma decisiones sobre su futuro laboral.

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  17. Te niego la mayor. El comportamiento no está generado por el sistema nervioso, o al menos no únicamente. Otra cosa distinta es que para poder tener comportamiento precisemos de sistema nervioso.

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