
En 1986, el escritor estadounidense Richard Ford publicaba la magnífica novela The Sportswriter en torno a la atormentada figura del periodista Frank Bascombe, cuya vida va rompiéndose a jirones a lo largo de la narración sin dramas ni tragedias, con un estoicismo propio de la tradición del realismo sucio. Probablemente, eso explique que el propio Raymond Carver considerara a Ford el mejor escritor de su generación.
El primer problema que debieron de tener los editores españoles cuando compraron los derechos del libro fue, sin duda, el título. ¿Cómo se traduce en español the sportswriter? Lo más literal sería algo parecido a ‘el escritor deportivo’, pero, ¿qué demonios era un escritor deportivo en la tradición española, mucho más a finales de los ochenta y principios de los noventa? Lo más lógico, lo más claro, era dejarlo en El periodista deportivo y que cada uno pensara lo que quisiera.
Sin embargo, había algo peligroso en esa traducción, algo que se ha mantenido durante los años. El que se acercara al libro podría pensar que trataba de alguien que iba vestido con un anorak color butano a los campos de fútbol o que se pasaba doscientas páginas repitiendo como loco «¡Ay, mi madre, el bicho!». El periodismo deportivo en nuestro país no tiene nada de estético, nada de glamuroso, nada de Norman Mailer viajando a Zaire para narrar los combates de Muhammad Ali, ni de Frank Deford contándonos la vida de Bill Tilden, ni de David Halberstam —premio Pulitzer por sus crónicas de la guerra de Vietnam— hablándonos de los oscuros Portland Trail Blazers de la temporada 1980/81. Ni siquiera de un Gay Talese viajando a China para entrevistarse con la jugadora que falló el penalti decisivo en el Mundial de 1999. Siempre que esa parte Talese no se la haya inventado también, claro.
En España, el deporte siempre ha sido carne de barra de bar, de exabrupto, de almohadilla arrojada al campo, de insultos al árbitro. De hecho, su mayor hito poético consiste en rimar la palabra «millones» con «cojones», un prodigio de originalidad. En Estados Unidos, sin embargo, la conciencia de que había algo más allá de la competición ha estado presente desde los orígenes de las grandes ligas y los combates de los años treinta con Joe Louis de protagonista. Es normal que su apogeo coincidiera con el del llamado «nuevo periodismo», porque las bases eran similares: la historia detrás de la historia. ¿Qué queda detrás del quarterback de éxito, hasta qué punto una bola mal lanzada puede cambiar una vida, cómo vive un boxeador las horas de angustia anteriores a la pelea que marcará su carrera?
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Es que aquí da la sensación de que se dedica a los deportes el peridista que no sabe escribir o el que no vocaliza.
Hay dos o tres a los que da gusto leer. Segurola (cuando escribe de natación o atletismo es una delicia) que se me ocurra sobre la marcha. Y mención especial para el gran Enric González (un olvido imperdonable en el artículo), que sin ser periodista deportivo, cuando mete la mano en el tema es una gozada.
Te recomiendo los artículos de Gonzalo Suárez, firmando cómo Martin Girard, sobre fútbol y deporte en general, en El País tiene algo.
Richard Ford trabajó redactando artículos para una revista deportiva antes de publicar The Sportswriter, es un gran aficionado a los deportes, entre ellos el boxeo, y uno de los mejores escritores vivos.
Habría que añadir a John Carlin, escritor comprometido que relata con gran calidad la relación entre deporte y política con la llegada al poder de Nelson Mandela en “el factor humano” (Playing the enemy), estupendo libro muy bien documentado y con una excelente técnica narrativa. También tiene obras sobre nuestro gran Rafa Nadal y Oscar Pistorius.
Este excelente artículo (en lo que se refiere al Fútbol) no hace otra cosa que confirmar que, para relatar, describir y, sobre todo, sentir al Fútbol, es necesario ser un consumado artista. Y que me perdonen aquellos que lo consideran una explosión de barbarie por parte de masas irracionales. Es puro arte geométrico y espacial tratando de desorientar a la constelación contraria, cuyo agujero negro central comparten veintidós estrellas con corazones de magma incandescente. Es el arte de los humildes pies, intuitivos, que reemplazan la cabeza, aquellos que en sus orígenes lo hacían sin botines sobre el barro, con pelota de trapo y arco de dos latas o de tres palos anudados. Además, es el paradigma de cómo tendría que ser una sociedad humana en donde llegan y mandan los mejores, y no hay recomendación o parentesco que valga. Dieguito, pero de dónde saliste “barrilete cósmico” (El relator del gol del Diego contra los ingleses). Hasta ahora, y ecológicamente hablando, la humanidad no ha inventado otro objeto o disciplina que supere, en lo que a esfuerzo personal y colectivo se refiere, primero al Fútbol, y luego a la bicicleta. Gracias por la lectura, y buen año.
Imperdonable la omiisión de la figura de Enric González: refleja un gran desconocimiento ( y por tanto le invito a leer Historias del Calcio )
Os recomiendo una columna de Patxi Unzueta en Elpais de 3-06-1986 llamado El rodillo brasileño. Un monumento. Está en internet.
José Luis Garci publicó para el diario ABC unas crónicas deliciosas de Mundiales y Eurocopas, desde el 92 a 2004…
En ajedrez tenemos a don Leontxo Garcia.
Gran foto de Denis Law – AKA El Hombre Ley/ The Law Man – tras la victoria mítica de Escocia contra Inglaterra en Wembley en el 1967 cuando les destrozamos 2-3 je je je…
Se decía de Law, «Si necesitas que alguien te marque un gol, ¿a quien llamas? Pues llamas al Hombre Ley»
Es mítico porque era la mejor seleccion nacional escocesa de todos los tiempos – el Celtic de Glasgow había ganado la Copa Europa aquel año, el Rangers era subcampeón de la Recopa: el 67 era el mejor año del futbol escocés de todos – y Inglaterra era invicto y campeón del mundo tras ganar los Mundiales del 66.
De ahí que se decía que Escocia era, despues de aquel partido, Campeón del Mundo, no oficial… je je je…
El que estuvo aquel día como periodista deportivo es Hugh McIlvanney, un periodista maravilloso que estuvo muchos años en The Observer y también The Sunday Times. Es el mejor periodista de deporte que yo he leído sobre el fútbol, también el boxeo. Hay un par de libros suyos con sus mejores articulos recopiliados que son estupendos.
Hugh es hermano del William McIlvaney, el escritor y fundador de la novela negra escocesa moderna, el asi llamado Tartan Noir, con su detective Laidlaw. Está traducido.
William se murió hace un par de años. Era un tipo realmente elegante, noble, grande. Un tipo muy querido. Si hermano, Hugh, es un periodista fantastico, ahora jubilado supongo.
A mi, los españoles me gustan bastante: Segurola, Enric Gonzalez, Ramón Besas. Son bastantes mejores que los que escriben en los periodicos de Escocia ahora desde leugo. Otro declive más…
«La dulce ciencia» de AJ Liebling, es apasionante. Me ha sorprendido que no se mencione al autor, periodista del New York Worker
¿Por qué dicen deporte cuando quieren decir jurgol? (o como mucho, baloncesto)
Artículo totalmente incompleto sin citar una sola obra de la extensa ( y en ocasiones, excelente) literatura de montaña. Un género en si mismo.
Y mientras, hablamos de Mourinho, Gil, Ferguson…