
Hice el Transiberiano hace unos años y fue uno de los mejores viajes de mi vida, que es más o menos lo que uno espera cuando hace el Transiberiano. Ahora bien, debo decir que nada corresponde a las expectativas. ¿Qué puedo decir? Es todo muy ruso, pero eso quizá ya se lo imaginan. Lo que uno no imagina es la experiencia, porque a estas alturas de la vida ese tipo de experiencia ya es inimaginable. Me explico, en esencia el viaje se reduce a esto: uno coge un tren pensando que se va a pasar el trayecto mirando por la ventanilla, pero lo que ve deja de tener interés en unas horas, qué digo horas, quizá media hora, y entonces empieza a mirar lo que hay dentro. El viaje más largo del mundo es un viaje interior, pero tómenlo sin trascendencia, por favor. Es porque te fijas en la gente y te pasas el rato solo pensando. Si vas solo, claro. Con compañía creo que sería más aburrido. Me parece que, paradójicamente, el aburrimiento nace si vas con alguien, no te deja tanto la libertad de no hacer nada, enseguida surge el complejo de la inactividad, la necesidad de dar conversación.
Se lee muchísimo si uno tiene la precaución de llevarse libros. Entonces aún no estaba completamente extendido el libro electrónico, aunque tampoco lo hubiera llevado, y cargué una mochila casi llena de ladrillos de cientos de páginas. Qué placer leer sabiendo que no llegarás ni hoy ni mañana. Libros rusos, densos, oscuros, iluminados, enrevesados. Y levantas la vista y estás en uno de ellos. Libros de historia de asuntos poco frecuentes: escitas, mongoles, tártaros, cosacos, chinos, rusos blancos, el gran juego…
La ventanilla, decía, decepciona enseguida. El paisaje del primer minuto es idéntico al del siguiente, y al de los millones de minutos siguientes. A veces, álamos de corteza blanca y negra, un árbol que, no sé por qué, a mí me transmite melancolía y me parece muy ruso, pero la mayoría del tiempo discurrían filas interminables de coníferas. Podías poner un póster de pinos y era lo mismo. Pronto te acostumbras a no esperar nada de la naturaleza, que por su parte también es de una indiferencia aplastante hacia ti y el género humano en general. No digamos hacia el turismo. La imposición hegemónica de la naturaleza, del planeta Tierra, así a lo bestia, es una de las experiencias del viaje. Moverse por la superficie del planeta lentamente hasta muy lejos, no dando saltos con aviones, es la única manera de darse cuenta de su presencia colosal. Ir viendo cómo suben y bajan las personas a lo largo de miles de kilómetros y van cambiando de fisonomía, de rasgos, de vestimenta. Sales de Moscú con gente más o menos europea y acabas entre mongoles y remotas etnias de Kamchatka, perdido en la historia y en lo que crees que sabías de este mundo. Y sabes que no tenías ni idea, y nunca la tendrás. Pero todo esto es poco a poco, de un día para otro, te despiertas y ves algo distinto que la tarde anterior no estaba. Pequeños cambios que van desdibujando el mundo que conoces y al final te sitúan en otro. Te acabas sintiendo muy lejos.
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aciertas con la descripció, y con la transmisión de ese estado de ànimo.
Quizás la versión del viaje de iniciarlo en Vladivostok y acabar con la gran fiesta en st Peterburg proporcione mayor satisfacción. Des de luego no es recomendable para los «likes» continuados !¡¡ añoran su URSS pero por su ignorancia respecto a lo que pasó en realidad, però es un territorio immenso y multivariado en lo cultural y no tanto en lo ambiental.
Un compi hizo este pedazo de video de su paso por el trans-siberiano: https://vimeo.com/235331938
Muy recomendable. Fue Staff Pick de Vimeo, vídeo del mes en National Geographic y recibió varios premios.
Precioso video. No me extraña lo de los premios.
me surge la pregunta de ¿Cómo se paga en esos sitios? supongo que efectivo, pero donde llevas los rublos y donde sacas cuando se te acaban?
pues tienen cajeros, como en casi todo el mundo. ¿Qué te crees que es Rusia?
??
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Me ha gustado, es interesante, aunque esperaba con más detalles y apuntes. En forma de libro de viaje lo compraría, sin dudar.
Joder. Qué bien escribe Íñido Domínguez.
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