Música

Discotecas soviéticas, una política de Estado

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Cargo 200. Imagen: Kinokompaniya CTB.

En una de las mejores y más impactantes películas rusas, Gruz 200, de Alexei Balabanov, aparecían las discotecas de la época soviética. Tenían un extraño atractivo y sin duda eran uno de los elementos más llamativos de la cinta. Un aspecto curioso, porque lugares que en Occidente estaban asociados al hedonismo y la perdición también tuvieron una importante presencia en el territorio soviético. Por supuesto, con sus particularidades.

Desde 1977, en una época en que la televisión soviética era cada vez más abierta, apareció el programa Melodies and Rhythms of Foreign Estrada en el que se podía escuchar rock occidental, pero sobre todo música disco. Aunque el género de música electrónica más reivindicado actualmente de la época fueron las grabaciones de música deportiva que lanzó el sello estatal Melodiya entre 1985 y 1987. El impulso era anterior, el Comité de Deportes de la URSS por los Juegos Olímpicos del 80 promovió este género musical y durante los ochenta no dejaron de aparecer este tipo de discos que lo mismo servían para hacer aerobic, para editar vídeos con resúmenes deportivos o para bailar cieguete.

Histórica fue la gira de Boney M en 1978 por tierras soviéticas. Era una forma de dar una imagen de apertura, de tolerancia racial y de modernidad y para ello se eligió un grupo de música disco. Tocaron diez fechas, aunque parece que no se les permitió interpretar su mayor éxito, «Rasputin».

Mientras esto sucedía, ocurría en la Unión Soviética un fenómeno que también se dio en España, el de los pasotas. Los textos que lo tratan vienen a coincidir en lo mismo: tras el ambiente hippie, que existió como en cualquier otro país, una generación de soviéticos pasaban de lo que les dijeran sus abuelos, quienes por otra parte habían experimentado unos sacrificios espantosos con dos guerras y la industrialización forzosa, y solo mostraban interés por las modas occidentales, su música y la tecnología. Nada nuevo bajo el sol.

Fueron conflictos generacionales que no eran ningún secreto y ya habían aparecido reflejados, por ejemplo, en los libros de Vera Panova. Además, tras el discurso antiestalinista de Jruschov, la juventud empezó a relativizar los eslóganes y la propaganda del partido. Un trabajo de la Universidad de Strathclyde recogió en 1984 la jerga de los jóvenes. Por un lado, se llamaba «viejos» a los padres, igual que aquí. Por otro, entraron anglicismos como gerla derivado de «girl» o lavit de «love it».

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4 comentarios

  1. Hola, la traduccion de uso para el nombre de la compañía es «Melodía», no Melodiya. Si bien hablamos de un nombre propio, que se suele transliterar sin traducir, y la transliteración sí es «M e l o d i ya», se supone que en una nota castellana, o usas el nombre en el idioma (y el alfabeto original), o usas la traducción (lo que significa el nombre para el idioma, si es que tiene un significado), no vas por como ‘suena’ la palabra. La idea es que para ambos hablantes, si es que hay un significado en ambos idiomas, la palabra exprese lo mismo; y, a no ser que le estes dando un rapapolvo a alguna «Melody», una ‘melodi-ya’, no es nada en castellano.

  2. Ahora entiendo porqué la banda de heavy metal Gorky Park nunca llegó a dar el salto a nivel internacional pese a haber sido estrellas locales en el Moscow Peace Festival. Todo era por culpa de la fiebre disco. Cachis.

  3. Pingback: Enlaces Recomendados de la Semana (N°514)

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