Opinión Vuelva usted mañana

De hombres que mandan y hombres que cuentan

2008 mongol 008

La historia de China es también la historia de los bárbaros del norte que la saquearon, la conquistaron y la perdieron, y de sus hombres y hechos, los que se habrían perdido en la niebla del tiempo de no ser por el afán de contar y de guardar de los letrados. Es tan enorme la capacidad de asimilación de la cultura china que no hay raza, por fiera y despiadada que fuera en su origen, que no haya terminado sucumbiendo. Eso no es lo más asombroso. La civilización mundial no se entiende sin China, y esto era tan evidente para sus habitantes, que durante mucho tiempo vivieron dando por sentado que no había más cultura que la suya, y que más allá de sus fronteras sólo vivían bárbaros. Lo más asombroso es el amor por la crónica fiel, por el estadillo, por la cronología. Cuando se descubrió que el censo de producción por explotación agrícola, realizado hace diez siglos en un imperio con casi cien millones de habitantes y base de su sistema impositivo, no era una aproximación, como se pensaba, sino un censo real, quedó demostrado que la comparación entre su sistema administrativo y el de cualquier otro lugar, incluida Europa, era el equivalente a la comparación entre el ejército de los zulúes y el de los estadounidenses en la invasión de Irak. Ésa es la razón de que sean los chinos los que nos cuentan quiénes eran los chanyu de los xiongnu, los nombres de las tribus de los tujue o las costumbres de los kirguises del Yenisei.

La otra cara es también cierta. China no se entiende sin el mar de pueblos que han recorrido en los tres últimos milenios las tierras al norte de la curva del río Amarillo. Para apreciarlo con claridad basta un vistazo rápido a su historia. Les pido algo de paciencia. Si no la tienen, sáltense los siguientes cuatro párrafos.

Tras la unificación realizada por Zheng, ese gran tirano, el primero que recibió el nombre de Primer Emperador (y esto no es una errata, porque hay más “primeros emperadores”), el imperio de los Han, el nombre que se dan los chinos a sí mismos, tuvo que pelear permanentemente con los xiongnu, y con ellos comienza una larga lista de pueblos nómadas que pillaron, arrasaron y, a veces, conquistaron China.

Esos pueblos nómadas, por el lugar de su origen y por su lengua y costumbres, podían ser turcos, surgidos en el oeste bajo la sombra del Altai, tunguses, surgidos en el este, donde desemboca el Amur, o tatar, surgidos en el norte, en las orillas del Selengá, el Onon o el Kerulen. Sin embargo, estos nombres ocultan la enorme dificultad de clasificar a los cientos de tribus diferentes de las que muchas veces sólo sabemos porque aparecen mencionadas en algún documento redactado por un funcionario chino. Más aún cuando la mezcla entre ellos es constante y su propia manera de vivir hace imposible fijar sus límites geográficos y políticos. Pero no importa, conocemos a los más importantes.

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6 comentarios

  1. Chapeau. Deja con ganas de leerse el libro. (Por cierto, el link a la versión española está roto).

  2. Si no hubiera participado en la votación twitera, supondría que se habían puesto de acuerdo para hacer coincidir barbaros y barbaros.
    http://www.jotdown.es/2011/11/marcel-gascon-mientras-llegan-los-barbaros/

  3. Un artículo bárbaro.

  4. Llegué aquí a través de su twitter. La versión de Miraguano es excelente pero si le interesa profundizar en el tema le recomiendo la versión de Igor de Rachewiltz, publicada por Brill ( en la bibliografía de Bellerín aparece citado, aunque si no recuerdo mal no este volumen sino trabajos parciales). Una amiga mía, sinóloga en ciernes, la tiene y es apabullante. De Rachewiltz es a la Secret History lo que Royall Tyler es al Genji Monogatari:

    http://www.amazon.es/The-Secret-History-Mongols-Thirteenth/dp/9004153640/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1368805243&sr=8-8&keywords=secret+history+of+the+mongols

  5. Pingback: Bárbaros | Las cuatro esquinas del mundo

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