Arte y Letras Historia

Taráns, los kamikazes de Stalin

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Pyotr Nesterov, 1915 (DP).

Las generaciones que habitamos el planeta en estos momentos podemos sortear tuits agresivos, soportar favs a otra persona e incluso guarecernos ante una lluvia de memes, pero lo de sobrevivir en el bosque a menos quince grados alimentándose de las raíces de los árboles lo tendríamos más complicado. Son muchas las heroicidades inalcanzables y los sacrificios que realizaron miles de personas en la II Guerra Mundial para acabar con el fascismo y, también, para imponerlo. La inmensa mayoría de ellos obligados por las circunstancias, pero en no pocas ocasiones con extraordinaria voluntad.

De todas estas historietas, hay una que merece un lugar aparte. La de los aviadores soviéticos que, a falta de otros recursos, derribaron aviones enemigos estampándose contra ellos. Un lance que, como la tauromaquia, tenía múltiples matices, estilos de efectuarlo y hasta una reglamentación estricta de orden moral.

Hirohito llegó después. Tres años antes de la aparición de los kamikazes japoneses, en la invasión de la URSS a cargo de los alemanes ya se vieron escenas semejantes. Antes de que los nazis llegasen a Moscú, los pilotos soviéticos tenían órdenes de estrellar sus aviones contra los de la Luftwaffe. Así venía relatado en el libro Kamikazes (La esfera de los libros, 2005), de Albert Axell y Hideaki Kase. En la prensa moscovita aparecieron numerosas referencias a estas acciones de guerra y, suponen los autores, la embajada japonesa en la capital soviética pudo tomar nota e informar a Tokio.

La idea no era un ataque suicida propiamente dicho, tan solo arriesgado o al límite. Se ordenaba a los pilotos estrellarse contra las alas o el fuselaje de los aviones enemigos para que entrasen en barrena. En el libro viene citado algún parte de guerra emitido en la prensa con esas características: «A las 5:15 horas del 22 de junio de 1941, a unos 300 kilómetros de la frontera, el jefe de vuelo Leonid Butelin ha embestido a un bombardero alemán Junkers-88 cortándole la cola con la hélice. Esta es la primera embestida de la guerra».

El capitán general de las Fuerzas Aéreas Soviéticas, Alexander Alexandrovich Novikov, llegó a teorizar sobre esta práctica: «Toda técnica de combate aéreo requiere arrojo, valentía y habilidad por parte del piloto. La embestida supone, ante todo, estar dispuesto al autosacrificio; es una prueba de lealtad al pueblo, a los ideales de la patria». De hecho, siguiendo con las ideas de Novikov, la embestida era para él «una de las formas más elevadas de expresar que la moral de la nación está alta». Cientos de pilotos soviéticos murieron al estrellar sus pequeños aviones contra los bombarderos alemanes.

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Un comentario

  1. El artículo está bien, pero el autor ha olvidado mencionar a Andrés Fierro Ménu, expiloto republicano español que mientras sirvió en la aviación soviética consiguió derribar dos aviones alemanes con ataques de embestida. De hecho sus memorias se titulan precisamente «¡Tarán!».

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