Cine y TV

El mayor gilipollas de toda Dinamarca

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Lars Von Trier, 2011. Fotografía: Cordon Press.

En la película Dogville una fugitiva encontraba cobijo en un pequeño pueblo de Colorado a cambio de trabajar para los lugareños, pero aquella villa que le ofrecía socorro interesado acababa descubriéndose como una jaula poblada por animales salvajes. El film era un cuento despiadado que alistaba un reparto estelar formado por Nicole Kidman, Lauren Bacall, Chloë Sevigny, Udo Kier, Paul Bettany, Stellan Skarsgård, Ben Gazzara, James Caan y la voz de John Hurt ocupando el micrófono del narrador. Pero lo más interesante de la obra era un detalle que la hacía diferente de cualquier otra producción cinematográfica: la mayor parte del decorado estaba pintado en el suelo y era tarea del espectador imaginárselo. Casi todas las estructuras arquitectónicas eran solo líneas blancas sobre un piso oscuro y el reparto actuaba como si las paredes y demás elementos imaginarios existiesen realmente. Los personajes cerraban ruidosas puertas invisibles, los arbustos eran un garabato y la silueta dibujada de un perro ladraba. Contratar a un casting plagado de nominaciones al Óscar para rodar lo que parecía una obra de fin de curso que a alguien se le había ido de las manos era una idea tan soberbia como disparatada. Russell Crowe visitó el plató y dijo «Esto requiere una explicación», el director de aquello contestó con un «No por mi parte».

El recurso de Dogville de reducir el departamento de decoración a un tío armado con una tiza era una genialidad que apilaba logros: obligaba al espectador a rellenar mentalmente la información ausente al mismo tiempo que le proporcionaba más de la necesaria por permitirle espiar a través de las paredes, pero también conseguía que lo teatral de la puesta en escena sirviese de recordatorio constante de la artificialidad del producto. El responsable de todo aquello tenía que ser un genio. El problema es que también era un gilipollas monumental. Se llamaba Lars von Trier.

El genio

Natural de Copenhague y ya con la afición por empuñar una Super 8 siendo un piojo, el joven Lars Trier invadió los pupitres de la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca y allí heredó la partícula nobiliaria «von» en homenaje a Josef von Sternberg y Erich von Stroheim, directores que pescaron de sus mangas similares falsos títulos aristocráticos. Salió del lugar con una película como proyecto de graduación, Befrielsesbilleder (1982), que acabaría siendo estrenada en cines, algo que jamás había sucedido a ningún otro alumno en la historia de la escuela.

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19 comentarios

  1. Despreciable persona que produce despreciable cine.

    • Despreciable persona que produce algunas muy buenas películas, incluida alguna obra maestra, y otras que son auténticos bodrios.

  2. Puto manipulador emocional que se cree más listo que los demás…

  3. No he visto la mayoría de sus películas pero Dogville me parece una obra maestra.

  4. Dogville y bailar en la oscuridad son dos bodrios maniqueos y simplones con un intento de manipulacion emocional que solo a un idiota naif se le ocurriria rodar.
    Nymphomaniac, un bodrio pretensioso, al fallar clamorosa y vergonzosamente en su intento de hacer pasar lo vulgar como sublime y trascendental. Sin mencionar lo idiotico de esa escena final que reminisce a lo maniqueo y simplista de las dos peliculas mencionadas anteriormente.

    CInco condiciones es bastante interesante pero seguramente por merito de Jorgen Leth.

    En fin, donde esta el genio?

  5. desprolijo

    Una persona que no tiene miedo de ser tal cual es no puede ser tan mala, ademas su cine expande limites, definitivamente el titulo de gilipollas no me convence.

  6. Rosario Osorio

    Personalmente, las películas que he visto de Lars Von Trier me resultan muy cansinas.

  7. El problema de las películas de Lars Von Trier es que es necesario entenderlas y eso no está al alcance de todo el mundo. Él lo sabe y se esfuerza por mantener esa línea a la vez que se ríe de la mayoría de los espectadores.

  8. aquí lo explican muy bien

    https://www.youtube.com/watch?v=rs_5QanPtQM

    j

  9. Agustín Serrano Serrano

    Nada influyente. Nada de genio. Ni siquiera es un gran director, pero me gustan sus películas y la historia del cine necesita a gilipollas como él.

  10. Pues yo sé de un director manchego que daría años de vida por acercarse a este gilipollas.

  11. Daniel Arnal

    En mi opinión junto con Haneke, Lanthimos, Carax y Sorrentino los mejores directores europeos actuales.
    Como han dicho más arriba el término gilipollas o el título «El mayor gilipollas de toda Dinamarca» me parecen baratos e infantiles, indignos de esta publicación.

  12. Abel Martínez

    Admiro a Lars von Triers, como artista y punto. Me da igual Lars Triers. No me gustan estos artículos maniqueos, que retratan todo a lo maniqueo, y ponen a los comentaristas en modo maniqueo-identificador.

    Nota: Escribo esto porque necesito escribir «maniqueo» en mi comentario, entiendo que es el término obligatorio para participar en Jotdown.

  13. Johnny Trash

    Nunca me cayó bien este personaje ni me interesó demasiado su cine, pero lo de la solución final me ha parecido un puntazo. XDDDD
    Bromas de nazis hay que hacerlas más. Bromas de nazis más.

  14. «Melancolía» me dejó pegada literalmente al sofá, imposible apartar los ojos de la pantalla. En mi opinión es una película visualmente perfecta y la interpretación de Gainsbourg sobresaliente. Respecto a su personalidad o sus declaraciones, pues no creo que tenga demasiada importancia; de hecho pienso que el propio Von Trier tampoco le da ninguna y por eso va soltando lo que se le ocurre.

  15. Pingback: Hipnosis - Jot Down Cultural Magazine

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