Cine y TV

Óscar, Pedro y Billy

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Victoria Abril, Pedro Almodóvar y Marisa Paredes durante el rodaje de Tacones lejanos, 1991. Fotografía: El Deseo.

En castellano hay dos personajes bíblicos que comparten nombre propio: Judas Tadeo y Judas Iscariote. Por eso los invocamos así, con su nombre seguido de un epíteto. En inglés, sin embargo, Judas Tadeo y Judas Iscariote tienen nombres distintos y no es necesario ni frecuente distinguirlos con apelativos. Aunque esos apelativos existen («Thaddaeus» e «Iscariot»), a Judas Tadeo se le suele llamar «Jude» o «Saint Jude» y a Judas Iscariote, sencillamente «Judas».

En marzo del año 2000, Todo sobre mi madre obtuvo el Óscar a la mejor película en lengua extranjera y en el mundo angloparlante muchos pensaron que Pedro Almodóvar se lo dedicó al Judas malo, el que condujo a los guardias al huerto de Getsemaní y delató a Jesucristo con un beso. «Thanks to the Virgin of Guadalupe —enumeró— the Virgin of la Cabeza de Miraculos, the Sacred Heart of Mary, Saint Judas Tadeo (?) and El Jesús de Medinaceli». Veinte años después, la transcripción de su discurso de agradecimiento todavía figura así en la web de la Academia de cine estadounidense, con ese signo de interrogación tan reveladoramente atravesado. Por muy pintorescas que sean las advocaciones manchegas, tampoco existe, que se sepa, ninguna virgen de Miraculos. Almodóvar estaba aludiendo a La Milagrosa y en la Academia debieron haber transcrito «The Miraculous», pero pusieron «de Miraculos». 

Sobre esta anécdota persiste todavía una pequeña teoría de la conspiración. Algunos dicen que aquella fue la verdadera razón por la que la música empezó a sonar hasta conseguir que el director interrumpiese sus agradecimientos y abandonara el escenario. Aquello y que Almodóvar, después de mencionar aparentemente al mismo personaje que traicionó a Jesús por treinta piezas de plata, hizo un chiste igual de brumoso para los espectadores angloparlantes a costa del entonces plenipotenciario Harvey Weinstein: dijo que «debería tomar nota» de sus hermanas (aquellas que le habían granjeado el Óscar poniéndole velas a los santos) «y se ahorraría un montón de dinero». No es que bromear sobre el gran superproductor de Hollywood fuese algo extemporáneo (entre 1993 y 2016 Harvey Weinstein fue mencionado treinta y cuatro veces en los discursos de agradecimiento de los Óscar, empatado con Dios y superado solamente por Steven Spielberg); es, más bien, que muchos pensaron que aquello entroncaba con lo anterior (1). «Blablablá, Judas, blablablá, Harvey Weinstein, blablablá, money», debió de ser cuanto entendieron en el control de realización. Nunca sabremos si por eso hicieron sonar la música y Almodóvar tuvo que marcharse sin dar su discurso por concluido (recuerde: Antonio Banderas y Penélope Cruz tuvieron que sacarlo de allí casi arrastrándolo del brazo), pero seguramente no fue el caso. Siempre es divertido creerse un poco las conspiranoias, pero lo cierto es que el límite del discurso en los Óscar es de cuarenta y cinco segundos y para entonces Almodóvar se acercaba al minuto y medio. Le ha ocurrido parecido a muchos otros en esa misma situación (2). 

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9 comentarios

  1. ¿Habéis pensado alguna vez, os habéis planteado en alguna ocasión la imposibilidad manifiesta que supondría criticar una película, o la carrera de un cineasta, sin tener que soportar el hedor de los cinéfilos que reparten carnets en twitter y/o en la blogosfera? Un tío que ve dos o tres películas diarias (por el mero hecho de verlas, consumismo en mayúsculas, porque se aburre en gran medida), un tío que tiene un trabajo vulgar, mecánico y obsoleto, incapaz de crear nada, a años luz del artista menos conocido, un tío que asistió a una escuela de cine (solo por fardar) y que no lograría mantener la atención del espectador en un cortometraje más de quince minutos… Un tío que (dijésemos lo que dijésemos nosotros sobre Almodóvar) nos espetaría que el ciudadrealeño es un cineasta (*va a la wikipedia a ver si lleva tilde*) vacuo y escandaloso… Os lo imagináis, ¿verdad? Supongo que he descrito una situación que pertenece a uno de los infinitos universos paralelos. Por cierto, excelente artículo.

  2. Rescataría también la expresión italiana «traduttore, traditore». Probablemente no tenga nada que ver, pero es una lectura interesante ver como cada idioma enfoca la acción de la traducción inexacta de una manera diferente (se «pierde», en pasiva, se traduce mal -por falta de conocimiento o desdén-, o se traiciona -a sabiendas de que se está traduciendo mal-)

  3. Ataúlfo Llàdor

    Billy Wilder… ¿”siervo” de Francisco José? ¿No sería súbdito?

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