
La justicia nace donde las armas mandan. (Kanji Ishiwara, militar japonés e ideólogo de Manchukuo)
Dentro de pocas semanas se cumplirá el 75 aniversario de la desaparición de Manchukuo, una efeméride que con seguridad pasará desapercibida entre otros eventos ocurridos en la misma zona del mundo y mucho más afianzados en la memoria colectiva. A pesar de haber quedado como una nota a pie de página sepultada por el tiempo, una anomalía circunscrita a su época y contexto, la historia de la joya de la corona colonial del Japón imperial, el país que nunca fue, no deja de ser fascinante y digna de recordar. Les habla el capitán a los mandos del DeLorean, abróchense los cinturones que estamos a punto de alcanzar los ciento cuarenta kilómetros por hora. Destino: el noreste de Asia. Año: 1932, pero dando un rodeo previo.
En 1853, una delegación estadounidense al mando del comodoro Matthew Perry forzó a Japón a abrirse al mundo tras más de doscientos años de aislamiento autoimpuesto. Los shogunes de la dinastía Tokugawa habían decidido cerrar el país al exterior a mediados del siglo XVII, preocupados por la superioridad naval y armamentística de los europeos y la rápida expansión de la religión cristiana en todas las capas de la rígida sociedad nipona. La llegada de los extranjeros supuso un cataclismo interno que derrumbó de un plumazo las estructuras políticas y sociales del país, desembocando en una guerra civil. El emperador, hasta entonces una figura simbólica y decorativa, pasó al centro del tablero de poder. En 1868 subió al Trono del Crisantemo Mutsuhito y comenzó una de las épocas más decisivas de la historia de Japón: la celebérrima Restauración Meiji. Las potencias occidentales se habían repartido parte del territorio de la entonces debilitada China a través de los Tratados Desiguales, y Japón buscaba a toda costa escapar del mismo destino. Su plan consistió en aprender y copiar todo lo posible de las naciones que dominaban el mundo para llegar a ser vista como una igual, tarea que acometieron con infatigable determinación. La transformación resultante fue increíble, y en apenas una generación Japón había pasado de ser un país medieval y feudal a un estado de estructuras modernas y una potencia industrial, económica y militar.
No todo lo que aprendió Japón fue bueno o ejemplar. Los dirigentes Meiji se fijaron desde el principio en que las grandes potencias disponían de vastos imperios coloniales y, como en lo demás, procedieron a imitarlas. Aseguradas Hokkaido y Okinawa, sobre las que hasta entonces ejercía un control laxo, el primer y principal objetivo en el exterior fue Corea, «la daga que apuntaba al corazón de Japón», alegando la siempre útil excusa de que era necesario para la seguridad nacional. Para hacerse con ella tuvieron que derrotar contra pronóstico primero a la China de los Qing (Primera Guerra Sino-Japonesa, 1894-95) y después a la Rusia zarista (Guerra Ruso-Japonesa, 1904-05). Corea fue finalmente anexionada en 1910, y para entonces también se habían adueñado de otros territorios como Taiwán, la península de Liaoning o la mitad de la isla de Sajalín. Además, la sorprendente victoria ante las tropas del zar Nicolás II trajo de la mano un regalo inesperado: Manchuria quedaba ahora dentro de su esfera de influencia y con ella el ferrocarril que los rusos estaban construyendo allí como extensión del Transiberiano.
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¿Cuándo? Y por favor que sea rápido, cuanto antes… ¿eh?
Me imagino que los japoneses al dar el portazo habrán apreciado todo el sabor de la ironía que la dichosa comisión que les mando devolver manchuria estaba dirigida por naciones imperialistas que habían rapiñado toda el Asia África. Pero los europeos no eran cínicos. Creían implícitamente en su superioridad moral para dar lecciones a Japón.
Japón… ¡Hay que ver lo lejos que está Japooooón…!
Ah, se me olvidó decir que no es lo mismo Manchuria que Manchurria. ¡Hay que ver lo que llega a influir una sola letra!
Ya te digo…
Ahora mismo, hay unos sanatorios para lo vuestro, buenísimos de la muerte.
Muy bueno, la verdad es que el libro merece mucho la pena.
Segunda parte cuanto antes, por favor… Lectura enriquecedora, gran capacidad de análisis, y fácil comprensión…
Otro al que le ha gustado el artículo y que corrobora que el libro es fantástico. Una parte desconocida de la Historia de Japón, China y la SGM explicada de manera amena y en profundidad.
Me ha gustado mucho el articulo y desconocia completamente esta historia. Le echare un ojo al libro