Cine y TV

Eraserhead: David Lynch y la revolución del sonido

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Eraserhead. Imagen: American Film Institute.

—Lo crea o no, Eraserhead es mi película más espiritual.
—Explíquenos eso.
—No.

David Lynch es como una fuerza de la naturaleza. Siempre lo fue. Como un planeta que orbitase por libre, obedeciendo a su propia ley de la gravedad. Podríamos llamarlo «cometa» si no fuera porque trasciende la definición de objeto brillante que produce asombro cada cierto tiempo pero después se desvanece. Lynch tiene un constante efecto gravitatorio sobre el resto de mundos. Es incapaz de crear algo que no conmueva lo que creíamos saber sobre los fundamentos del séptimo arte, y hasta de la televisión.

Eraserhead, su primera película, no sacudió la taquilla porque fue un proyecto estudiantil —cuya difusión, con todo, terminó superando en pocos meses lo que cabía esperar de un largometraje lo más underground imaginable—, pero sí produjo un considerable impacto entre cineastas que llevaban en activo mucho más tiempo que él. Tal era el poder de la visión de Lynch que le bastó una sola película para ejercer una súbita e inesperada influencia en sus maestros. Y después no ha sido el director más recaudador, pero cualquier aficionado al cine sabe quién es. Lynch es una referencia universal, un lugar común. La huella que ha dejado en el mundo del cine es profundísima. Si alguien pronuncia la palabra lynchiano, entendemos perfectamente qué es lo que está queriendo decir.

Su estilo está ya tan asimilado en el subconsciente colectivo de los cinéfilos que resulta fácil olvidar en qué consistió su revolución. Películas como El hombre elefante, Terciopelo azul, Corazón salvaje, y la serie televisiva Twin Peaks cimentaron su popularidad. Incluso el controvertido tropiezo artístico de Dune contribuyó a la resonancia pública de su apellido. Y, como puede suceder con artistas de estilo excéntrico que son muy famosos, puede ser tentador situarse en la trinchera de defender la peregrina ocurrencia de que la adoración por Lynch no es más que un esnobismo. Lo cual equivale casi a decir que eres un esnob porque te gustan Pink Floyd, que son una marca comercial no menos conocida que la Coca-Cola. Pink Floyd tienen sus cosas raras, pero en realidad pueden gustarle a cualquiera, no son la Sun Ra Arkestra (aunque, qué estoy diciendo, ¡Sun Ra debería gustarle a todo el mundo!). El cine de Lynch es anómalo pero, al contrario de lo que dicta la leyenda popular, fue bien entendido desde el principio, al menos por sus colegas de profesión, por algunos críticos y por un sector pequeño y entregado de la audiencia. Si algunos de sus argumentos pueden ser difíciles de entender, su lenguaje cinematográfico siempre tiene sentido. Pudimos comprobar lo cómodo que Lynch se encuentra expresándose dentro del cine clásico con Una historia verdadera, una de las mejores películas de cine sencillo y directo de las últimas décadas. Pues en el resto de su cine reordena elementos clásicos de manera inusual, y añade algunos elementos no clásicos, pero lo suyo no es un ejercicio de confusionismo gratuito.

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4 comentarios

  1. Sailing with Bushnell Keeler se rodó en 1967 pero el sonido se añadió posteriormente, en ningun caso antes de 1970, y dada la calidad aural, diría que mucho despúes.

    En ningún caso antes de 1970, que fue cuando David Lynch conoció a Alan Splet, con quien diseñó los efectos de sonido de The Grandmother.

    Posteriormente Lynch y Splet volverían en encontrarse en L.A. y de su colaboración surgió el diseño de sonido de Eraserhead, creado específicamente (como los de The Grandmother) para la película con grabaciones de campo manipuladas y editadas en un estudio improvisado en el garaje de la casa de alquiler donde a la sazón vivía David Lynch.

    En varias entrevistas a lo largo el tiempo David Lynch ha mencionado los proverbiales «vientos» de Alan Splet y el obsesivo y meticuloso trabajo de su colaborador para «encontrarlos».

    La banda sonora de Sailing with Bushnell Keeler es justamente uno de esos vientos, en concreto la pieza «Wind, Moaning: Textured Contemplative Wind Gently Rises And Falls 4x», incluido en Sounds Of A Different Realm, triple CD de Alan Splet y Ann Kroeber (viuda de Alan Splet, que todavía sigue en activo en el estudio de efectos de sonido creado por el matrimonio, Sound Mountain) cuyos dos primeros CD recogen diversas piezas creadas por Splet, Kroeber y Lynch para varios films de David Lynch.

    • The Lady of Shalott

      Muchas gracias por este aporte. Desconocía la existencia de este CD y es, sin duda, una búsqueda muy interesante.

  2. The Lady of Shalott

    Una delicia de artículo. Un análisis honesto y dedicado a uno de los aspectos fundamentales del cine de Lynch, el mejor entre los mejores para mi gusto. Este uso del sonido es lo que logar que sus películas alcancen el más complicado de los niveles, el atmosférico. Sus argumentos se comprenden a un nivel no del todo consciente y esa magia sucede en la creación de esa extraña atmósfera que solo él logra inventar

  3. Pingback: Cantar entre dos mundos: David Lynch, 1946-2025 - Jot Down Cultural Magazine

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