Arte y Letras Literatura

Underground, de Suelette Dreyfus y Julian Assange

Underground
Suelette Dreyfus y Julian Assange
Trad. de Beatriz Iglesias, Montse Meneses Vilar y Telmo Moreno Lanaspa
Editorial Seix Barral

underground 9788432209499El pasado 24 de octubre el fundador de WikiLeaks y coautor del libro que nos ocupa anunciaba, con esa pomposidad de víctima carismática cuya rebeldía ha de purgarse sobre el ara imperialista, que la célebre plataforma de filtrado masivo dejará de publicar cables y amenaza quiebra a causa del bloqueo financiero a que la han sometido VISA, Mastercard y PayPal. O eso denunciaba Julian Assange. La conspiración de los poderosos del mundo, aliados con la plutocracia de Wall Street y amenazados por la labor indómita de desenmascaramiento liderada por este Robin Hood de la información, ha conseguido talar los árboles de Sherwood que hasta ahora daban cobijo a los proscritos benefactores. Algo más de una semana después, los tribunales británicos que juzgan la presunta agresión sexual de que se acusa a Assange dieron luz verde a su extradición a Suecia, país que el propio activista calificó de “Arabia Saudí del feminismo”. Quizá Berlusconi y Strauss-Kahn coincidirían en la apreciación.

Confesemos ya que a uno no le cae simpático el personaje. No propendo a la fe en las reinvenciones semanales del periodismo merced al armageddon de Internet y de las redes sociales. Si usted le da un iPhone a un mono, e incluso un iPhone y un iPad al mismo tiempo, ni revelará el segundo Watergate ni escribirá como Gay Talese, así que el periodismo seguirá dependiendo por los siglos del talento de unos ojos observando y unos dedos tecleando. WikiLeaks no hubiera dado tanto que hablar si cinco diarios prestigiosos del mundo entero —The New York Times, The Guardian, Le Monde, Der Spiegel y El País— no hubieran recibido, cribado, contextualizado, reelaborado y publicado sus cables, cuyas revelaciones más o menos interesantes no han logrado la dimisión de un solo embajador, mucho menos la sorpresa en quienes ya sabíamos, sí, que Estados Unidos comanda el planeta y hace lo que tenga que hacer con mejor o peor estilo para seguir comandándolo, como toda primera potencia de la historia.

Tampoco admiramos tanto a Diógenes como para no reivindicar la función vital de contrapoder que inspiró el nacimiento de la prensa libre y que debe seguir campeando en su frontispicio si lo que queremos es legar a nuestros hijos un régimen democrático de libertades, donde se reciban visitas extemporáneas únicamente del lechero de Churchill. Y la prensa, mal que bien, continúa cumpliendo ese papel, como no dudará por ejemplo Iñaki Urdangarin. Claro que obran intereses políticos y económicos condicionando salvajemente a uno o a otro medio, pero como coexiste una pluralidad de líneas editoriales, la censura en unos viene a compensarse con la verbosidad del de enfrente y es de esta manera como del ovillo de la opinión pública va retejiéndose a la postre un cabal tapiz de perspectivas, para quien lo quiera o pueda mirar con distancia. Así resume uno sus tesis metaperiodísticas, género floreciente en nuestro tiempo y en nuestro gremio, si es que conoció alguna vez decadencia. Comprenderán ustedes entonces el rechazo instintivo que me causan las tesis conspiranoicas internacionales, puestas de moda por el tal Hessel para indignación de mentes simples, que tintan de negro la mano villana de los mercados y de blanco dickensiano la del irresponsable que firmó esa hipoteca, en una suerte de maniqueísmo cromático bastante sonrojante amén de populista. Lo que no quita para que, efectivamente, vivamos en un régimen de estricta plutocracia financiera, por supuesto.

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3 comentarios

  1. Felicidades a Jot Down por el fichaje de Jorge Bustos

  2. ¡Qué bien se retrata el autor en el último párrafo citando al ínclito A. Espada! Pero en el sentido contrario a lo que dice. «Envidia» es lo que trasluce este texto. Y, aún más, contiene datos falsos ya en el primer párrafo:»las filtraciones… no han logrado la dimisión de un solo embajador». Por favor, lea a sus coetáneos: «las bajas causadas por Wikileaks son 4 o 5 dimisiones, entre ellos los embajadores estadounidenses en México y Ecuador”, dice ABC tirando a la baja (http://www.abc.com.py/nota/wikileaks-cambio-periodismo-y-obliga-a-gobiernos-a-redifinir-sus-secretos/)

    Y ello, sin considerar los innumerables cambios administrativos y de gobierno forzados por WL que el Sr. Bustos quizás considere irrelevantes, por pertenecer a países de África, Asia o América.

    Mejor haríamos preguntándonos por qué el mayor impacto de las filtraciones no ha tenido lugar en las «democracias asentadas»… que quizás debieran llamarse «apoltronadas».

    Si Intereconomía – de donde viene el Sr. Bustos – hubiese hecho la millonésima parte que Wikileaks por liberar información contrastada, aún cabría algo de legitimidad a sus «argumentos». «Envidia», pues, autodefensa corporativa (de las corporaciones para las que se trabaja) sazonada con absoluta falta de solidaridad profesional, como revela el pasaje respecto al caso Couso.

    Este palimpesto de citas y metáforas, supuestamente cultas y que no vienen a cuento, no merecen ni el calificativo de liberal. La ignorancia del fenómeno no le permite siquiera al autor aprovechar la deriva libertariana que podría extraerse (de modo torticero) del fenómeno hacker. Ni siquiera se saca partido para alimentar el neoconservadurismo que rezuma el texto. Porque esto es una defensa a ultranza por conservar lo que ahora se disfruta: un crédito profesional con los días contados.

    Volviendo al párrafo final: ¿qué demonios tendrá que ver la transparencia exigible a los gobernantes y a los gobernados?¿Quién paga a quién? ¿Quién vigila a quién? Puro Adam Smith, al que se le hubieran revuelto las tripas tras leer esto.

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