Arte y Letras Cómics

Todo lo que puede tener adentro un lápiz

quino lápiz
© Joaquín Salvador Lavado, QUINO. Lumen. lápiz

Existen dos personajes en nuestra historia cuyas lenguas han demostrado ser tan afiladas, y tan certeras en sus tajos, como para convertir a sus dueños en las principales víctimas de la cita apócrifa. Hay dos eminencias, consideradas manantiales de frases para tatuarse, a quienes la desinformada era de internet se emperra en atribuir falsamente todo tipo de declaraciones por una razón evidente: cualquier ocurrencia tiene mucho más lustre si ha salido de aquellas bocas. La primera de dichas figuras fue un británico capaz de comandar al Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, un caballero apellidado Churchill. La segunda, una pequeña argentina de pelo encrespado y constitución de garabato acostumbrada a guerrear con el mundo, una niña sin apellido conocido, pero con nombre mundialmente famoso: Mafalda.

A pesar de lo que aseguran las viñetas estampadas a lo largo de cientos de muros en las redes sociales, Mafalda nunca gritó: «¡Paren el mundo que me quiero bajar!». Aquella frase, que la cultura popular se atreve a suponer de Groucho Marx, fue tan solo una más de la infinidad de falsas proclamas que la gente menos lúcida quiso poner en boca de una niña a la que todos siempre han prestado atención. Una muchacha nacida hace cincuenta y seis años en algún lugar de Argentina.

¿Justo a mí tenía que tocarme ser como yo?

Los papeles oficiales dictan que Joaquín Salvador Lavado Tejón llegó a este mundo durante un 17 de agosto de 1932, y las revistas sesenteras acotaron el alumbramiento de Mafalda al 15 de marzo de 1962. Ambos documentos erraban, porque aquel hombre nació un mes antes y aquella niña dos años más tarde. Él lo hizo en la provincia argentina de Mendoza al son de las nanas de dos padres andaluces, y ella entre páginas de la publicación Primera Plana tras una gestación extraña como imposible producto de marketing. A él comenzaron a llamarlo «Quino» para distinguirlo de un tío ilustrador con quien compartía nombre, y ella recibió el bautizo formal en una sala de cine durante la caza y captura de una consonante.

El pequeño Quino descubrió desde edades tempranas que el mundo era un lugar agitado, repleto de adultos obsesionados con trazar líneas entre los buenos y los malos, y decidió que, ante dicho panorama, resultaría mucho más sencillo dibujar en silencio que opinar en voz alta. Empuñó el lápiz cuando solo sumaba tres veranos, y a base de pintarrajear las paredes del hogar encauzó su futuro hacia la academia de Bellas Artes, una escuela de cuyas aulas saldría espantado y sin diploma alguno, hastiado de dibujar «ánforas y yesos». Con una abultada carpeta de dibujos acomodada bajo el brazo y muy cerca de un estómago vacío, un Quino huérfano y adolescente se mudó a Buenos Aires para deambular durante años por las oficinas de revistas en busca de editores interesados en su obra. Hasta que, en 1954, sus trazos se estamparon por primera vez sobre el semanario Esto Es, lo que marcó el inicio de su carrera profesional como artesano del humor gráfico e ilustrador publicitario.

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4 comentarios

  1. Para alguien contemporaneo de Mafalda y que en su juventud empezo a ver como se convertia en un adulto sin poder dar sentido a la vida, mientras esa niña que no crecia con una frase conseguia darle todo el sentido a la existencia.
    Gracias Mafalda, Gracias Quino, el mundo es menos humano sin vosotros.
    Siempre nos quedara ella.

  2. Juancho Talarga

    Fuimos muy afortunados de contar con Quino y su arte.

  3. Jesús Sánchez

    Mi recuerdo más lejano es leyendo tiras de mafalda que le quitaba a mi hermana, mientras los mayores me decían que lo dejase, que no entendería nada. Pero yo me enfrascaba en cada tira, en cada dibujo, y miraba a mis hermanos pensando que ellos eran los que no entendían nada, que esa niña me hablaba a mí, y yo la quería; solo me pareció difícil de comprender el que odiara la sopa.

  4. Buscando la tira de «todo lo que puede tened adentro un lápiz» (googleado así, de memoria, como puedo con tantas y tantas escenas mafaldescas) llegué a este precioso artículo. Me encantó. Y si, yo también voy por ahí tratando de depurar a los desinformados de tanta Mafalda apócrifa.

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