
Aristóteles elucubró que el corazón era un componente estructural, un artefacto inanimado, un contenedor, después de diseccionar más de cuarenta animales diferentes. Un contenedor en el que se producía el calor, el principio vital de los animales. Un contenedor del alma. ¿Cómo es posible que el gran Aristóteles se equivocara tanto? Los griegos fueron cazadores con buenos conocimientos de anatomía, e incluso más tarde se realizaron disecciones sistemáticas de cadáveres humanos donde podían observar sus propios corazones. Si uno puede entender las cosas de una manera tan errónea incluso cuando se tiene tanta información, imaginen cuán difícil es entender la vida cuando tenemos tan poca información como nosotros tenemos de los saurópodos.
Probablemente todos ustedes los han visto en películas, en movimiento, comportándose como si fuesen animales reales, y esto nos da una sensación de que debemos de saber bastante sobre ellos, sobre su anatomía y su comportamiento. Pero lo cierto es que mucho de lo que la mayoría de las personas conocemos sobre los dinosaurios tiene un componente de imaginación.
Aunque las elucubraciones son informadas, es decir, se hacen gracias a una buena integración —con la ayuda también de nuevas tecnologías— de información indirecta sobre las condiciones en el pasado y los conocimientos directos que hemos adquirido sobre el mundo moderno, mucha de la información nos viene de fragmentos. Como pequeñas piezas de un puzle: un cráneo incompleto, un fémur, unas cuantas vértebras, el tipo de sedimento en el que se encuentran estos restos, etc.
Por lo tanto, mucho sigue siendo desconocido. Dependiendo de la información de que disponemos —la interpretación de la posición de los músculos, la grasa o las plumas—, un individuo puede ser representado de formas muy variadas. Ahora estamos descubriendo que algunos dinosaurios tenían mucha más grasa corporal de la que imaginábamos en un pasado, y esto ha afectado, entre otras cosas, a cómo los representamos. Como ejemplo, los plesiosaurios, conocidos animales marinos con apariencia de dinosaurios —que en realidad son unos grandes reptiles marinos del Mesozoico— eran representados hace no mucho como temerosos y huesudos monstruos, pero ahora se representan con el aspecto de una gordinflona y alargada foca. Hasta parecen felices.
Por eso deberíamos estar contentos de tener a Argentina, donde se ha descubierto mucha información nueva. Sin los descubrimientos de fósiles argentinos y el duro trabajo de los paleontólogos argentinos, estaríamos aún más en la sombra del conocimiento de los dinosaurios de lo que ya estamos. Gracias a los recientes descubrimientos, la relación entre la especulación y los hechos se ha inclinado fuertemente a favor de los hechos. Pero eso no quiere decir que todas nuestras especulaciones pasadas fueran inútiles o descaminadas. Uno de los objetivos del presente escrito es mostrar que los descubrimientos científicos prosperan precisamente en la interfaz entre la especulación y los hechos. Y que, para poder estar en lo correcto, con frecuencia debemos estar dispuestos a equivocarnos.
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¡Qué espléndido artículo, señora! Y muy bien contado. “…Un cráneo incompleto, un fémur, unas cuantas vértebras…” ya con estas pocas y no fáciles “fósiles” palabras uno se imagina lo que significa abrazar esa disciplina científica, disciplina estoica antes que nada, paciencia y azar. La admiro. También a mí resulta incomprensible que esos huesos con espacios vacios en sus interiores, fuesen idóneos para soportar tremendo peso. Supongo que la Física y sus fórmulas tengan algo que ver, especialmente aquella que se ocupa de la Presión, que nos permite “jugar” con el Peso y la Superficie. Una curiosidad lingüística, señora. Mi abuela mapuche llamaba “guagua” a los bebés, o niños pequeños. Usted lo hace para nombrar los autobuses, o “colectivos”. ¡Vaya con estos reflejos sonoros! Se agradece la óptima lectura. Muy bien JD. Y me permitan divagar un poco.
“No era tan fácil ser dinosaurio en aquellos tiempos remotos, un exabrupto de la evolución según ciertos sabios. Y menos ahora leyendo los diarios de izquierda, supuestamente progresistas que ignoran, porque ignorantes son, cuándo ambos asomamos nuestras cabezas. Por carga genética ganamos nosotros, más experiencia, más fuerza bruta, en suma, todo lo necesario para continuar a influir, a enseñar, a adoctrinar, a mostrar que los tiempos no cambian, y que solo con otro imposible meteoro dejaremos de existir».
La capacidad que tenemos para recrear un «posible» se manifiesta en los retos que representa tratar de encontrar sentido a unos restos óseos encontrados casualmente por un campesino… por eso los dinosaurios son tan atractivos tanto para especialistas como para los niños, pone a prueba nuestra capacidad para IMAGINAR.