
Los primeros años 60 fueron en Estados Unidos una tensa lucha entre la teoría y la práctica. Los empeños de los gobiernos de John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson por plasmar en leyes la igualdad entre blancos y negros en todo el país chocaban con la segregación en el día a día aún presente en casi todos los estados del sur, mayor cuanto más pequeña y más rural fuera la localidad. Puede que la esclavitud hubiera acabado un siglo antes, con el fin de la guerra civil, pero la desconfianza y los prejuicios seguían y seguían en una sola dirección.
Los años 1964 y 1965 fueron pródigos en iniciativas legales y en protestas en las calles. Poco después de llegar al poder tras la muerte del presidente Kennedy, Johnson promulgó la Ley por los Derechos Civiles, que debía poner fin a las injusticias contra los ciudadanos negros y acabar con todo eso de los cuartos de baño separados, los locales solo para blancos, los privilegios en el transporte… Un año después, Johnson dio un paso más allá con la aprobación de la Ley del Derecho al Voto, en la que se comprometía a que el gobierno federal garantizara el registro de ciudadanos negros en todo tipo de elecciones, especialmente, como es lógico, en los estados del sur.
¿En qué consistía exactamente la Voting Rights Act y qué realidad describía? En Estados Unidos, para votar, primero tienes que registrarte. Es en el registro en el que se comprueba que cumples todas las condiciones necesarias. Sin ese registro, no puedes votar. En 1965, tanto blancos como negros eran electores de pleno derecho, pero… ¿qué pasaría si sistemáticamente determinadas administraciones pusieran trabas a las solicitudes de los ciudadanos negros y se negaran a registrarles como votantes? Eso era lo que estaba pasando en varios estados del sur. Los negros, en la práctica, tenían un acceso al voto mucho más complicado que los blancos, lo que a su vez formaba parte de un círculo vicioso: todas las administraciones estaban copadas por blancos y no había manera de cambiar las cosas desde dentro.
Una cosa era lo que se dijera en el Distrito de Columbia y otra muy distinta la que se viviera apenas unos kilómetros al sur, en Virginia, uno de los estados confederados más emblemáticos de la guerra civil y donde más cruentas batallas se libraron. Por no hablar del cinturón de la esclavitud, empezando por el estado de Mississipi y continuando por Georgia, Tennesee, Arkansas y, sobre todo, Alabama. La capital de este último estado, Montgomery, había sido el destino de una de las marchas más polémicas de la época. Tras el asesinato de un ciudadano negro —Jimmie Lee Jackson— a manos de la policía, los movimientos por los derechos civiles organizaron una protesta que les llevaría de la ciudad de Selma, donde se produjo el asesinato, a Montgomery, ochenta y siete kilómetros a pie.
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Totalmente. Enhorabuena a Guillermo y a Jot Down!
El artículo es maravilloso. ¡Enhorabuena! Da gusto ver que sigue habiendo periodismo del bueno.