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Si no has plagiado, todavía no eres nadie

plagia
El plagio. Editorial Renacimiento.

Los mejores escritores plagiaron a los más oscuros, a los más ignorados, a los peores. Y al plagiarlos les dieron honor y quizá los hicieron conocidos. Pues visto así, plagiar no está tan mal, después de todo. Si no fuera porque esta afirmación vertida por Domenico Giurati en El plagio no es sino una burla irónica. Este libro fue escrito en los tiempos en que Victor Hugo, al igual que tantos otros, luchaba por algo universalmente reconocido, los derechos exclusivos del autor sobre su obra. Giurati, jurista, dejó aquí una serie de claves para legisladores y jueces, a fin de que supieran fijar mejor los límites de la originalidad artística e intelectual. Pero hizo algo más, mucho más, algo que iba a ejercer una enorme influencia sobre la cultura europea: fijó las claves del estilo de los libros de divulgación.

El autor no solo defendía la protección de las obras literarias a través del por entonces recién creado Convenio de Berna, 1886, más tarde revisado. En este alegato a favor del mismo señaló las incoherencias y similitudes legales entre los distintos países occidentales. Pero sobre todo defendió que se endurecieran las penas por falsificación, piratería intelectual y plagio. Traducido en su momento a varias lenguas, el volumen tuvo especial repercusión en Europa, con especial incidencia entre los anglosajones. Pero no tanto por el tema que aborda, sino sobre todo porque para elaborarlo conjugó anécdotas, apreciaciones subjetivas y recuerdos en primera persona. Convirtiéndose en uno de los primeros especialistas que rebajaron la dificultad de su lenguaje profesional —en este caso, el del derecho— para hacer sus obras amenas y accesibles al gran público. Lleva siendo imitado desde entonces.

El plagio es una verdadera cascada de ejemplos donde se airean las vergüenzas de creadores de nombre bien conocido. Unos copiones. Lo mismo Wagner que Teófilo Gautier, Gabriel D’Annunzio, Edmundo de Amicis, Flaubert, Tolstói, Nietzsche, Ignacio de Loyola o Dante abusaron del plagio. Cada una de sus vergüenzas nos despierta una sonrisa, a veces por lo evidente de la copia, a veces por lo puntillosos que llegaban a ser nuestros antepasados. Claro que si contemplamos la sociedad de hoy, y esa condena a la apropiación cultural considerada atentado contra el derecho de propiedad intelectual de una cultura, podemos concluir que este libro vuelve a ser muy relevante. Por no hablar de escritoras a quienes se les afea a diario en las redes, inmunes al reproche, o premios nobel que lo hacen cuando realmente ya no tienen más gloria ni dinero que alcanzar.

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4 comentarios

  1. «El autor italiano reconoce también el mismo fenómeno en la tradición literaria de su idioma, remontándose hasta el mismo Ovidio». Vaya, Ovidio escribía en italiano, qué cosas.

  2. Marco Lillo

    En el caso de Chile, las denuncias de plagio que en contra del Nobel Pablo Neruda, reclamó en su momento otro grande, como fue, Vicente Huidobro, es una página de nuestra historia literaria que vale la pena conocer

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