
I
Aristóteles no tiene dudas sobre la naturaleza de la Tierra: es una esfera inmóvil y pequeña que convive con otros astros. Ha pasado muchas horas mirando hacia arriba y pudo ver cómo la estrella polar va cambiando de posición si el observador se desplaza: estaba allí en Atenas, a la salida de sus clases en la academia y ahora que ha acompañado a Alejandro hasta Egipto puede verla en otra ubicación. Aristóteles consulta documentos y toma notas de todo lo que ve.
Hay otra imagen que le sirve para mostrar que la Tierra no es plana. Pide a Alejandro que mire hacia el horizonte. «¿Ves ese barco que asoma? ¿Acaso no aparecen primero las velas y solo después el casco? Estamos sobre una esfera».
Sin embargo, hay algo que sigue inquietando a Aristóteles: cómo hace esa esfera para mantenerse suspendida en el espacio. La respuesta no está en la observación, sino en la física: para mantenerse en equilibrio debe ser geométricamente simétrica y eso significa que, si hay tierra en un hemisferio, habrá tierra en el otro, actuando como contrapeso.
Aristóteles sabe que donde está todo el mundo conocido hay tierras y mares entretejidos, y sabe también, porque los viajeros así lo cuentan, que debajo no hay más que agua. Por eso, para que su teoría del contrapeso funcione, el globo ha de tener un bloque continental en el otro extremo. Como nadie lo ha visto, porque es imposible llegar tan lejos, lo llamó Terra Australis Incognita (La Tierra Desconocida del Sur), y se va a convertir en una obsesión para los exploradores.
Intuida y representada, la Antártida fue durante dos milenios el mítico contrapeso que soñó Aristóteles, que después proyectó Ptolomeo, dibujaron los cartógrafos y buscaron todos los imperios. Los exploradores andaban a ciegas con unos mapas medievales que incluían monstruos marinos, islas móviles y una tierra polar, pero antes de encontrar ese continente apareció otro y la humanidad tardó un largo tiempo en conocer las dimensiones reales del planeta. Se movían por prueba, ensayo y error.
Este es el caso más asombroso de cartografía hipotética, y mientras que otras tierras teóricas, como la Atlántida o Lemuria, se esfumaron con las sucesivas exploraciones por el mundo, la Antártida se volvió real. Comenzó a alzarse como una gran masa blanca frente a los ojos de los navegantes en el siglo XVIII y durante décadas fue una quimera; una bestia mítica, blanca, fría, hostil, inaccesible. Fue el último continente conocido por el hombre, casi inexplorado hasta entrado el siglo XX, difícil de cartografiar e imposible de habitar a menos que se esté dispuesto a perder la razón en medio de la noche polar.
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Magnífica historia… como siempre, Jot Down no defrauda.
Desde hace quinientos años que tanto la historia como la cartografía es falsa, o está muy censurada. Mapas antiguos nos muestran, al sur del estrecho de Magallanes, tierras que hoy han desaparecido. Hoy en día todo el paralelo sesenta sur está muy militarizado por Argentina y Chile. Nadie puede acceder a esas zonas. El mar de Scotia y los mares Presenciales son tierras ocultas en los mapas actuales. Tras todo esto un enorme complot mundial. Un escándalo.
Saludos.
Aupa ahí. Será por los masones
Siguen siendo tierras inhospitas,dificil de vivir ,pero disputadas por las potencias del planeta cada quien tiene un enclave.Si eso esta pasando debe haber ahi tesoros incalculables.En Biologia,artefactos civilizaciones milenarias, seres vivientes de diferentes especies en fin muchos recursos por explotar .