Filosofía Arte y Letras

Libres. Cuando la muerte deja de ser un problema

libres
Fotograma publicitario de Libres. © Bosco Films

Solo si se conoce la verdad del amor, que es la naturaleza real del Yo, se podrá desatar el intrincado nudo de la vida. Sólo si se alcanzan las alturas del amor, se logrará la liberación. Esa es la esencia de todas las religiones.

(Ramana Maharshi, maestro hinduista)

Pasan las semanas y las salas de cine donde se proyecta Libres continúan llenándose a diario. ¿Qué lleva a tantos espectadores a salir de casa y a pagar su entrada (más de 8€ en Madrid) por un documental sobre un asunto tan «aburrido» y tan contracorriente como la vida contemplativa? Dirigida por Santos Blanco y con guion de Javier Lorenzo, la cinta relata el día a día de las monjas y monjes de clausura. Sus realizadores han conseguido el permiso para entrar con las cámaras en varios conventos y monasterios; han colocado el micrófono delante de los religiosos de ambos sexos que viven allí recluidos y apartados del mundo y les han preguntado por el sentido que tiene hacer lo que hacen. O mejor dicho: los han interrogado por el motivo por el que han dejado de hacer todo lo que ya no hacen. La frase de san Francisco de Asís «Necesito pocas cosas y las pocas que necesito las necesito poco» se pronuncia a los pocos minutos de metraje y sirve de eje alrededor del cual las opiniones giran y las actitudes de los recluidos se ordenan.

Una de las monjas entrevistadas —con una sonrisa deliciosa en los labios— habla sin tapujos: «Somos realmente unas inútiles. Según los estándares de la sociedad, no servimos para nada. Pero yo a veces pienso que los conventos de clausura somos como las zonas verdes de las ciudades. No producen ni son algo práctico, pero sin ellas, la ciudad no respiraría, se ahogaría». Otra monja se explica con estas palabras: «Puede que baste con que suenen las campanas. Que los agricultores de los campos cercanos sepan que el convento está abierto y que dentro hay unas mujeres que están locas; que se pregunten qué hay detrás de esas mujeres».

Un trabajo de investigación como este debería, como resultado, ofrecer datos, hecho, certezas. Libres, al contrario, deja la cabeza llena de dudas, de preguntas. Se puede analizar Libres desde la religión. En ese caso estaríamos simplemente ante un grupo de personas que por amor a Dios han abandonado su trabajo y sus relaciones familiares y de amistad para dedicar su tiempo a la meditación y a la oración. Pero también se puede enfocar el análisis desde otro punto de vista, el humano. En la vida contemplativa el ascetismo de Francisco de Asís se traduce en echar de menos cada vez menos cosas. Y no hace falta ser budista para saber que cuanto menos se desea, menos se sufre. Sin llegar al «muero porque no muero» de santa Teresa de Jesús, los monjes entrevistados manifiestan una aceptación poco común ante el hecho de la muerte. Saber que se va a morir y que ese hecho sea una mala noticia —dicen los psicólogos— es el origen de todos los miedos. Cuando la muerte deja de ser un problema, la ansiedad desaparece. Los monjes no pierden el tiempo en estas profundidades, claro. Estas reflexiones son propias de los que, fuera del convento, nos calentamos la cabeza. Quienes habitan los monasterios de clausura no se miran el ombligo y con ello consiguen disminuir su ego. Por ese camino desocupan su mente y el vacío que se produce acaba siendo llenado por Dios; sea lo que sea «Dios». ¿Dios es la paz? ¿el amor? ¿la armonía? ¿la unidad? ¿El silencio? ¿El vacío? Porque ¿qué es Dios? Que cada uno se dé su propia respuesta.

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13 comentarios

  1. El último relato, el de la visita a la casa de Marta y María, me resulta poco convincente. Me pasa lo mismo con el hijo pródigo. En este caso Jesús regaña a Marta por criticar a Maria. Pero luego seguramente comerá la comida preparada por Marta, disfrutará de un cómodo lecho preparado por Marta, etc. Eso yo lo veo hipócrita. Criticar a alguien por trabajar y luego beneficiarse de su trabajo.

    • Hombre, no es de extrañar que te resulte poco convincente, porque el autor de este artículo se ha inventado casi todo lo que escribe de ese episodio. El evangelio de Lucas, el único que recoge la visita de Jesús a la casa de Marta y María, no dice que Marta fuera conocida por ser trabajadora, tener su morada muy limpia y por su buena mano para la cocina; no dice que su hermana María fuera descuidada y poco hacendosa; y, por supuesto, no dice que Marta protestara la tercera vez (no la segunda ni la cuarta, ¡ojo!) que cruzó atareada el salón ni dice que su hermana se riera por alguna ocurrencia de Jesús (¿es esto lo que se conoce como la gracia de dios?) ni que Marta usara un «tono exigente».
      Lo que dice Lucas es que había dos hermanas, y que en un día muy especial, un día en concreto, el de la visita de Jesús, María se puso a escucharle y Marta no pudo parar ni un segundo para hacer algo que en principio era importante y quizá nunca más podría hacer. Porque a menos que Jesús fuera un nuevo (antiguo, más bien) Fidel Castro y les fuera a dar un discurso de 269 minutos (como el de Fidel en la ONU en 1960) o tal vez de siete horas y cuarto (Fidel en 1998, en el Parlamento Cubano), ya habría tiempo luego para preparar una comida rápida (que tampoco es que Jesús fuera conocido por su gusto exquisito en gastronomía) y un lecho sencillo (que en peores plazas había toreado Jesús, o sea, que en peores camas había dormido).
      Así que lo que la historia de Marta y María representa no es la hipocresía de críticar a alguien por trabajar y luego beneficiarse de su trabajo, sino la necedad de no saber elegir lo que es más importante en cada momento. Que luego uno puede pensar que es más importante hacer la comida y preparar la cama que escuchar a Jesús, oye, eso no lo vamos a discutir, pero la intención del evangelista y la idea que pretender explicar están muy claras.

      • Antonio Yelo

        Es cierto, amigo Ben Grimm, que, con la intención de hacer la lectura más amena, he añadido algo a la lectura del Evangelio. Pero he respetado lo esencial. Y por eso he colocado esa pequeña historia al final de mi artículo. Este pasaje del evangelio de Lucas, como la mayoría de los relatos de las sagradas escrituras, se puede interpretar de diferentes modos. Para mí, lo que queda claro en Lucas 10:38-42 es la diferencia entre las buenas acciones y la oración. No son unas mejores que las otras. Ambas son necesarias. Pero las buenas acciones, sin la fe y la oración, acaban, en el mayor número de casos, teniendo un recorrido corto.
        A mí me ayudó a entenderlo la anécdota de la Madre Teresa de Calcuta: cuando la madre Teresa fundó en 1950 la congregación de las Misioneras de la Caridad en Calcuta (India), tuvo que pedir a las autoridades del país visado de residencia para un grupo de religiosas extranjeras. Las autoridades hindúes preguntaron por la actividad a que se iban a dedicar esas monjas. La madre Teresa explicó que la mitad venían a cuidar de los pobres y de los leprosos y que la otra mitad venían a rezar. El funcionario hindú le respondió que le daba visado para las que se dedicarían a las labores sanitarias y sociales, pero que no se lo concedía para las que solo venían a orar. La respuesta de la superiora de la orden fue tajante: «Si no me da el visado para las que rezan, ahórrese el permiso de residencia para las otras. Sin la energía y la fuerza que la oración nos proporciona nuestra misión de cuidado de los débiles es imposible»

  2. Antonio Yelo

    Yo también meto en el mismo saco esto de «Marta, Marta» y lo del hijo pródigo. Analizadolo exclusivamente con la mente, ninguna de las dos situaciones es justa: no me parece bien que el padre quite parte de la herencia al hijo bueno para celebrar la vuelta de hijo pródigo. Tampoco es justo que María no haga nada y todo el trabajo sea para su hermana. En el Evangelio hay textos que la razón no es capaz de comprender. Pero si partimos de la base de que hablamos de un hombre que al mismo es Dios -fundamento de las escrituras- podemos entender que la razón y la inteligencia no son las mejores herramientas.
    La interpretación que yo doy (la mía, repito) es que en el Evangelio (como en otros textos de otras religiones) el amor está, como principio o como valor, por encima de la justicia, de la razón.
    Un razonamiento rápido también podría cuestionar a estos monjes y monjas y denunciar que si tanto aman a Dios, mejor estarían en las misiones de África o ayudando a los pobres en lugar de pasar todo el día rezando. De eso trata el texto que he escrito: de la sinrazón de la oración y de la clausura. Por eso lo relaciono con religiones orientales. Otra pregunta: ¿Es la realidad todo lo que nuestra mente abarca? o hay más realidad donde nuestra inteligencia y sentidos son incapaces de llegar.

  3. francisco clavero farré

    Desde luego amor y justicia no son lo mismo; el padre del hijo pródigo no es justo por amor.
    Lo de Marta y María recuerda situaciones modernas. Anhelamos reunirnos con algún amigo no visto de mucho. Luego nos juntamos y tomamos el móvil para hablar con otros lejanos. Marta ante Jesús cometió esa frivolidad, mientras su hermana supo disfrutar de su compañía. Como se dijo en el foro una cama y una comidita se apañan en un momento. La historia no va del trabajo, va de bendecir y gozar lo que la vida te ofrece: una tarde con Jesús, por ejemplo.

    • Antonio Yelo

      Estoy de acuerdo con esa interpretación también, Francisco. María representa el vivir el presente, el disfrutar sin pensar en el qué diran. El pasado es remordimiento (y no existe) y el futuro es miedo (y tampoco existe). Marta está más preocupada de su buen nombre, más pendiente de qué va a pensar el nazareno. Marta tambien quiere agradar a Jesus, pero hay, en su actitud, un componente de crítica a la pasividad de su hermana que termina anulando sus buenas intenciones. Y la reprimenda del señor lo deja de manifiesto.
      A mí -ahora que JOT DOWN no permite enredar- me gusta tambien otra interpretación. No es muy académica y será fácil rebatirla por chapucera. Pero me entretiene mucho. Si te fijas, los nombres de Marta y María son casi iguales. Solo cambia una letra. Quitas la «t» y pones la «i» y tienes el otro nombre. Me parece divertido cuando menos pensar que podría tratarse de dos caras de la misma persona. Además, la bronca de Jesus a Marta es demasiado dura («Marte, Marta…» duele solo el escribirlo). Todos tenemos algo de Marta y algo de María. Y dependiendo de la situación, obraremos más como una o más como la otra. Seguro que Marta no es tan impertinente e intransigente. Y seguro que María no es una vaga. Me gusta esta reflexión porque, además, enlaza con la idea del yin y el yang. Con eso del Taoismo que dice no hay nada puro, que no somos de una única manera, que lo bueno explica lo malo y viceversa. Esta forma de pensar deja en mal lugar la teoría de las identidades.
      De todos modos mi reflexion es, como decía, chapucera porque la simulitud de los nombres de las dos hermanas se da en castellano y no en otros idiomas. Y menos aún en el lenguaje original en que estas dos mujeres recibieron su apelativo.
      Un abrazo.

      • Antonio Yelo

        He estado curioseando y, si los evangelios se escribieron en griego antiguo, los nombre de Marta (Μάρθα) y María (Μαρία) son también similares en la lengua original de las sagradas escrituras. Lo dejo ahí.

      • Maravilloso enfoque!
        Gracias por compartirlo, me ha encantado lo de Marta-María.
        Me identifico plenamente con ambas-ella

  4. francisco clavero farré

    Es claro que todos somos Marta y María. Perdonémonos y hasta la siguiente.

  5. Cristóbal Yeyuno

    Esa fábula es una invención de un tal Lucas, discípulo de Pablo quien a su vez se autonombró apostol de Jesús, porque lo vio en un tripi que tuvo. Ocurre que ahí Lucas expresa su pensamiento en temas domésticos.
    A un tal Lucas le invita una mujer y el citado prójimo no lleva ningún regalo, no pone el mantel, ni friega los platos, pero, además de rascarse los huevos a dos manos, le da por ligar con la hermana de la anfitriona y encima responde a ésta cuando afea a la hermana su conducta.
    Moraleja: no invites a un político, ni a un religioso a tu casa. Dejará un zurullo en el inodoro y ni siquiera tirará de la cadena. Mejor si no invitas a nadie. Si tienes que comer con alguien ve a un restaurante y que cada uno se pague lo suyo. No será muy zen, ni muy tao, pero mantendrás alejado a sablistas y gorrones.

    • Antonio Yelo

      Divertida tu versión de la lectura del Evangelio, amigo Cristóbal. Coincide, palabra más palabra menos, con la primera interpretación que yo le di a esta historia de Marta y María cuando la escuché hace muchos años.
      Un saludo

  6. Muchas de las cosas que aquí dices las proclamaba una y otra vez en sus últimos años el cantautor Facundo Cabral, que fue amigo de Teresa de Calcutta y de Krishnamurti y hacía retiros con los sufíes en Irán. Te recomiendo escucharlo en youtube, no cantando sino predicando.Mira este video. https://youtu.be/aqt5M7gl0Yo

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