Traducción Montserrat Terrones

Aude Picault (Francia, 1979) ha tenido un viaje de ida y vuelta con su obra en nuestro país. A la talentosa dibujante la conocimos hace más de diez años por aquí con sus obras más autobiográficas, unos cómics que destacaban tanto por la honestidad de su discurso como por una forma plástica de aspecto espontáneo pero con un gran fondo técnico. En definitiva, una voz propia. Desaparecida la editorial que la apadrinó, hace un nuevo desembarco en España con algunas de las obras que ha ido publicando en Francia entre la denuncia de unos tiempos con unas rutinas, ritmos y modas que no nos dejan parar, ni siquiera a pensar, y cierta vocación también de mensaje feminista envuelto en sátira. Nos recibe en Barcelona en plenas jornadas del CómicBCN y actos de prensa, un poco acatarrada, lo que me hace pensar en el personaje protagonista de Amalia (Garbuix Books), su último cómic publicado. Entre una marabunta de gente entrando y saliendo cada cierto tiempo en el lugar en el que estamos y con los presentes trabajando en fin de semana para poder sacar esta entrevista, me siento como en uno de sus tebeos, la verdad.
¿Dónde nace la idea de hacer un cómic como Amalia?
Viene de una constatación personal de agotamiento. Yo parto siempre de experiencias propias, y a partir de esta constatación lo que hago es preguntar, observar y tomar notas de lo que sucede a mi alrededor. Compruebo si lo que yo he notado personalmente tiene resonancia en el mundo que me rodea. Si veo que es así, sigo investigando, y en este caso me doy cuenta de que el agotamiento que he observado es un tema infinito.
Según tus indagaciones, ¿qué originaba ese agotamiento?
Para mí, el agotamiento significa asumir una serie de obligaciones desde la mañana hasta la noche, acostarme y levantarme igual de cansada. No ser capaz de detenerme, de hacer una pausa durante el día, de saborear un momento, una taza de té, un libro, sino estar solo en la ejecución de las tareas. Estas observaciones personales me hicieron darme cuenta de que hay una obsesión por el rendimiento en el mundo occidental, un problema por el que todo ser humano tiene que ser rentable, un buen engranaje de la máquina general. Todo esto está muy bien ilustrado por las técnicas de desarrollo personal de «mejorarse a sí mismo», que me parecieron resumir el problema.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






