Cine y TV

‘Enemigo mío’: alteridad y trascendencia

Enemigo mío. Imagen 20th Century Fox.
Enemigo mío. Imagen: 20th Century Fox.

«Si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con él, entonces se vuelve tu compañero»

(Nelson Mandela) 

Uno no se suele plantear los giros cómicos que podría dar su vida, la ironía del destino… se pasa el día disfrutando de la velocidad de un caza espacial y se deja arrastrar por la euforia de la violencia. Ocurre en todas las guerras: una generación de jóvenes acude en busca de independencia, de aventuras, de misterio, y se entrega a la barbarie de una forma lúdica. En una guerra no hay que hacerse preguntas, uno debe cumplir con su deber. Elimino al enemigo, al que solo he visto en fotos. Dedico mi vida a exterminar al otro, porque en esa mirada, en ese conflicto con lo ajeno, también se conforma mi propia identidad. Hay que hacerlo por sus ansias de expansión territorial, absolutamente censurables cuando entran en competencia con las nuestras, que siempre son del todo legítimas. 

Mi enemigo es el drac. Los dracs son putos lagartos extraterrestres que quieren dominar el universo. Mi entusiasmo por aniquilarlos es tal que, persiguiendo a uno que ha saltado eyectado, me he estrellado contra un planeta la mar de original: la atmósfera es excelente, perfectamente respirable para mi enemigo, para mí y para algunas criaturas desagradables y autóctonas que parecen salidas del taller de Jim Henson. 

Camino por este mundo agreste, por este infierno en el Pacífico, a ratos de cartón piedra, con la única idea de aniquilar a ese otro náufrago que lo habita conmigo. Soy un Robinson Crusoe despiadado, que pretende acabar con su escamoso Viernes. Pero el drac me reduce y me hace prisionero. Y empieza una lucha entre la razón y los instintos, entre lo apolíneo y lo dionisíaco… Como decía el soldado Bufón a su sargento: «La dualidad del hombre; eso que dice Jung, señor». 

Ambos entablamos una lucha por la su pervivencia en ese mundo hostil en el que pronto percibimos que se trabaja peor solo que mal acompañado. De la colaboración a la convivencia hay un paso. Al principio, uno no se da ni cuenta; pero, poco a poco, empiezas a conocer al otro, aprendes su lengua, le llamas por su nombre, le preguntas por su vida, por su familia, por su historia, te ríes con él, empatizas con él y acabas por trascender tu propio ser, por establecer un cambio de perspectiva que te pone en la piel del otro, que te lleva a arriesgar la vida por él: la alteridad. Y uno de los principales sillares para elevar ese edificio de la alteridad ha sido mi conexión emocional con su trascendencia en el plano mágico, el descubrimiento de sus creencias religiosas, que a mis ojos le hacen casi humano. Esa trascendencia despierta otra, que es inmanente, que convierte lo que queda de esta historia en una fábula humanista, de raíces cristianas, aristotélicas. 

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Un comentario

  1. la peli creo recordar que no recibió buenas críticas. El final del relato original es espectacular diga lo que diga el articulista… en fin, juzguen uds: https://www.scribd.com/document/508273976/Enemigo-mio

    j

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