
Teselaciones,
el Monstruo las observa,
nunca se repiten
La Alhambra de Granada parece un sueño que alguien tuvo hace siglos y que, por alguna razón inexplicable, aún persiste en este mundo. Sus mosaicos, con sus repeticiones sutilmente alteradas, no son solo un alarde de belleza, sino el eco de una verdad matemática que atraviesa el tiempo sin desgastarse. Se dice que los artesanos nazaríes lograron representar los 17 grupos de simetría cristalográfica del plano, aunque nadie puede asegurarlo del todo. No había ecuaciones, ni definiciones formales, solo una intuición geométrica que rozaba lo sobrenatural. Como si las manos que tallaban cada arabesco supieran algo que la mente aún no había aprendido a formular.
En ese tiempo lejano los constructores de mezquitas trazaban patrones sin preguntarse por qué encajaban tan bien. Como si la belleza tuviera su propio instinto, una lógica más antigua que las palabras. Dibujaban líneas que se cruzaban y giraban, repitiéndose, pero nunca del todo, y cada fragmento de pared, cada techo cubierto de filigranas, se convertía en un mapa secreto de algo que no podían explicar. Quizás, en las noches silenciosas, mientras el yeso aún olía a húmedo, alguno de ellos sospechó que estaba tocando la esencia de algo inmenso, algo que se extendía más allá de los muros, más allá del tiempo.
Siglos después, los físicos que estudian la luz y los diseñadores de materiales avanzados buscan lo mismo en las teselaciones de Penrose. Mosaicos que parecen vivos, patrones que nunca se repiten del todo y, sin embargo, siguen una estructura invisible. Ahora hay ecuaciones, modelos computacionales, algoritmos que descomponen la realidad en fragmentos de lógica pura. Pero lo más fascinante de todo no es su utilidad, sino su enigma. La sensación de que, tras cada ángulo, tras cada giro de una baldosa que encaja con otra en una danza infinita, hay algo más. Algo que se escapa en el último instante, como un reflejo en el agua justo antes de tocar la superficie.
Roger Penrose no imaginaba en 1974 que su inquietud por la geometría lo llevaría a descubrir un orden escondido en el caos, en un mundo matemático que parecía estar atado a la repetición. Una pauta que no se repetía y, sin embargo, tenía una estructura secreta, como la corriente subterránea de un río. No fue un hallazgo inmediato, sino un viaje decidido, combinando intuición y rigor matemático en busca de patrones que jamás volvieran sobre sí mismos. Primero fueron seis, luego cinco, y después, cuando todo parecía enredarse en la maraña de lo imposible, quedaron solo dos: el dardo y la cometa. Dos figuras que, como imanes sometidos a reglas invisibles, podían ensamblarse en un mosaico sin principio ni fin, sin repetición exacta, pero con un equilibrio misterioso, como el eco de una música que nadie había escuchado antes.
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Teselaciones, 5
el Monstruo las observa, 7
nunca se repiten. 6
Al último verso le sobra una sílaba para que pueda ser un haikú.
Teselaciones, 5
el Monstruo las observa, 7
no se repiten. 5
Voilà l’haiku.
Tirar de la lenza para retraerla, sabiendo que en su extremo anzuelo no habrá nada mientras el pez coleteando está a tus espaldas. Lo último que se pudrirá serán sus ojos hirientes sin fondo, el último, lo último que no llegaremos a ver mientras la esfericidad del agua sea Levante o Poniente; ya sin carnada fresca no queda otra cosa que tu carne tibia y salada.
Lenza es un vocablo que en la emérita RAE no figura. Hermosa palabra para indicar el hilo de pesca de los pibes pobres.
Tampoco está “aparejo” en su acepción de uno o varios hilos con anzuelos que los pescadores del Parana usaban…. La niña del agua tiene de escamas la cabellera y una lágrima que moja la trenza de su leyenda… la vida es como un dorado que se nos va de las manos cuando menos lo pensamos…yo te he visto pescador en la alborada con guitarra y aparejo, y hay un anzuelo clavado en su boca de madera… cuidado con el aparejo pescador, tal vez esté enganchado un surubí, qué ganas de gritar que yo también nací en la ribera azul del Paraná. Disculpen el desvarío, pero una cosa llama a sus vecinas… como un diseño sin patrón. Lindo artículo, gracias.