
El caso Julio Iglesias ha puesto en evidencia, una vez más y de forma especialmente elocuente, que el supremacismo masculino —vulgo machismo— es la lacra nuclear de nuestra sociedad, así como de prácticamente todas las sociedades habidas a lo largo de la historia. Como dijo Engels, la explotación de las mujeres por los hombres es la primera de las explotaciones y la base de todas las demás; pero ni siquiera Marx lo escuchó con la debida atención. Y esa es la explicación, tan sencilla como sistemáticamente —sistémicamente— ignorada, de que el feminismo se haya convertido en la bestia negra de la extrema derecha (paradójicamente liderada, en el Estado español, por una mujer).
Inciso gramatical: «extrema derecha» como «blanca nieve» o «proceloso mar», porque «extrema» es un epíteto inseparable de «derecha»: la derecha siempre tiende a instalarse en la inmovilidad del no cambio (cuando no en la regresión), que es el extremo inferior del conservadurismo, la congelación como forma drástica de conservación (de los privilegios de clase, de género y de especie). Fin del inciso.
En el caso Iglesias, el insaciable apetito de los buitres mediáticos por la carnaza vinculada al famoseo ha producido un efecto secundario positivo o, cuando menos, potencialmente aleccionador. La avalancha de datos, documentos, opiniones y testimonios repetidos hasta la saciedad en varias cadenas de televisión han dibujado un mapa ético-político de la sociedad española más detallado y colorido que el que cabría esperar de otros debates aparentemente más importantes (aparentemente, porque, en el fondo —y acaso también en la forma— no hay debate ético y político más importante que el relativo al abuso de poder, y no hay abuso de poder más execrable que el de un hombre rico e influyente que se aprovecha de una mujer desvalida). Congratulémonos de que personajes tan mimados por el gran público como Ana Obregón o Ramón Arcusa («Quince años tiene mi amor»: en los sesenta ya apuntaba maneras) se hayan quitado su risueña máscara mediática para salir en defensa de su compinche con argumentos tan estúpidos como moralmente abyectos. Tan estúpidos y abyectos que se volverán en su contra, si no lo han hecho ya, y es de esperar que contribuyan a espabilar algunas conciencias adormecidas.
Es en sí misma muy reveladora la lista de los/as defensores/as de Julio Iglesias, como es reveladora la lista de los/as defensores/as de Donald Trump. No es casual que un torero descerebrado y un descerebrado cantante hijo de torero —y entusiasta de la torería— estén entre los más destacados apologetas de Trump tras su criminal agresión a Venezuela. La sanguinaria «fiesta nacional» es una de las más brutales expresiones del supremacismo humano y su desprecio por las demás especies. Y todos los supremacismos son en el fondo —y a menudo también en la forma— iguales: el de los hombres que se creen superiores a las mujeres, el de los blancos que se creen mejores que los negros, el de los ricos que se creen con más derechos que los pobres, el de los humanos que creen que los demás animales son sus esclavos y su comida… Todos ellos expresan la profunda inseguridad y la bajísima autoestima de quienes, para sentirse alguien, necesitan despreciar u oprimir a otros (y preferentemente a otras).
Escribo estas líneas a mediados de enero, consciente de que lo «mejor» está por llegar. La guerra permanente de los ricos contra los pobres de la que ya hablara Platón nos depara nuevas y muy cruentas batallas, tanto en el plano interpersonal como en el internacional. Veremos a un viejo y rijoso macho multimillonario movilizar todos sus recursos económicos, políticos, legales y mediáticos contra unas cuantas mujeres (esperemos que con el tiempo sean más de dos) tan precarias como valientes. Veremos a un viejo y rijoso macho presidente de un estado terrorista intentando aplastar a cualquiera que se ponga en su camino, incluida su propia población. Pero también veremos nuevas formas de solidaridad y resistencia. Y, una vez más, el feminismo, la gran fuerza transformadora de nuestro tiempo, liderará la lucha contra el patriarcado y contra el imperialismo, que en el fondo —y a menudo también en la forma— son una misma cosa.










El texto de Frabetti no invita al debate porque nace ya vacunado contra él: cualquier objeción posible queda automáticamente clasificada como reacción masculina, patriarcal o defensiva frente a una verdad revelada que no admite matices. No es tanto un artículo como un sistema cerrado, de una coherencia casi matemática, donde todo encaja porque todo se reduce a lo mismo: supremacismo como principio universal que explica desde Julio Iglesias hasta el imperialismo, pasando por toreros, ricos y animales. El problema no es que muchas de sus críticas sean erróneas —varias son atendibles—, sino que al convertir el feminismo en sujeto total de la Historia y el conflicto social en una cuestión esencialmente moral e identitaria, se diluyen las luchas socioeconómicas concretas en una abstracción cómoda y autosatisfecha. Se denuncia el poder, pero se evita analizar cómo opera materialmente; se señala a los culpables, pero no se jerarquizan causas ni se abren grietas para pensar. Al final, más que un texto para comprender la realidad, queda una demostración impecable —y algo estéril— de cómo una pulsión matemática puede convertir lo social en un teorema: elegante, cerrado… y ajeno a la fricción del mundo real.
Ahora dilo sin usar ChatGPT.
Tristes tiempos, ahora cualquier mindundi , puede refugiarse en esa coartada para esconder su ausencia de ideas propias.
Ves, ahora que contestas sin Chatgpt no has sabido ni poner las comas.
Cuando no hay cómo, solo preocupan las comas.
No pretendo reducir la complejidad del mundo real a la lucha de géneros (ni a la de clases), sino solo subrayar la concomitancia entre distintas formas de supremacismo y abuso.
Vaya, si Ramón Arcusa ya apuntaba maneras, qué decir de Shakespeare (Julieta 13 años), Dante (Beatriz ocho o diez, según las fuentes), Petrarca (Laura 17), Fernando de Rojas (Melibea 16 o 17, según las fuentes), Nabokov (Lolita 12), Paul McCartney (17 la protagonista de I saw her standing there)…
Con respecto a los cuatro primeros, eran otros tiempos (y aún más patriarcales, por cierto). Nabokov no hace apología de la pederastia, y de 17 a 15 hay una gran diferencia. Dicho lo cual, admito que la referencia a la canción del DD es irónico-maliciosa
El patriarcado y el imperialismo son cosas muy diferentes. El día que tengamos una emperatriz nos vamos a cagar. Tampoco se puede exprimir tanto el limón. Suena raro.
Patriarcado, capitalismo e imperialismo no son lo mismo, pero están íntimamente relacionados. Y si tenemos una emperatriz, será una mujer que ha asumido la lógica patriarcal. Hay mujeres tan machistas o más que los hombres.
Pequeño ejercicio. He pasado el inciso por ChatGPT.
«Claro 🙂 Vamos por partes, porque el texto es denso, irónico y cargado de filosofía política.
1. ¿Qué significa “inciso gramatical”?
El autor avisa de que va a hacer un comentario lateral, casi una nota al margen, no el argumento central. Ese inciso, sin embargo, condensa una tesis ideológica fuerte.
2. “Extrema derecha” como “blanca nieve” o “proceloso mar”
Aquí usa una figura retórica:
blanca es un epíteto inseparable de nieve proceloso (tempestuoso) es un epíteto típico de mar
👉 La idea es que hay adjetivos que no añaden información nueva, porque ya están implícitos en el sustantivo.
El autor dice que “extrema” funciona así con “derecha”:
> no habría una “derecha moderada” y otra “extrema”, sino que toda derecha tiende estructuralmente al extremo.
3. ¿Por qué dice que la derecha “siempre tiende a la inmovilidad”?
Aquí entra el núcleo ideológico del texto.
Según el autor:
La derecha se define por oponerse al cambio
El cambio social implica:
redistribución de poder
cuestionamiento de jerarquías
pérdida de privilegios
Por eso la derecha tendería a:
conservar lo existente y, cuando puede, revertir avances (regresión)
4. “El extremo inferior del conservadurismo”
Esta frase es clave:
No se habla de “extremo” como radicalismo revolucionario
Sino de un extremo por abajo:
el punto donde no se mueve nada donde el cambio es visto como amenaza
Ese extremo sería:
> la congelación social
5. “La congelación como forma drástica de conservación”
Metáfora potente:
Conservar no es solo mantener con cuidado
Puede ser congelar:
fijar estructuras
impedir transformaciones
bloquear reformas
La congelación es “drástica” porque:
niega el dinamismo histórico
convierte el presente en algo intocable
6. ¿Qué se conserva? Los privilegios
El texto lo explicita sin rodeos:
privilegios de clase → desigualdad económica
privilegios de género → patriarcado
privilegios de especie → antropocentrismo (dominación humana sobre otras formas de vida)
La derecha, en esta lectura, protege jerarquías heredadas, no neutrales ni naturales.
7. “Fin del inciso”
Cierra irónicamente:
como si fuera una nota breve
cuando en realidad ha soltado una acusación filosófico-política muy fuerte
8. Resumen en una frase clara
El texto sostiene que “extrema derecha” es una redundancia, porque la derecha, por su propia lógica, tiende al extremo del inmovilismo y la regresión, cuyo objetivo último es conservar privilegios congelando el cambio social.»
Qué fuerte. No me refiero a la IA.
¿La carita sonriente la ha puesto la IA? Eso sí que sería fuerte.
Eres muy sectario. Crees que tirando del hilo de tu lógica llegas a la verdad moral. No hace falta ser de derechas para pensar que ese inciso es de lo más obsceno que cabe escribir. Por cierto, lo contrario, que hay muchos sepulcros blanqueados del otro lado que lo suscribirían, es igualmente una barbaridad, faltaría más.
El inciso obsceno pretende hacer hincapié en que la distinción entre derecha y extrema derecha es engañosa: forman un bloque compacto y con objetivos comunes. Al contrario que la izquierda.
La situación no es simétrica (hablo del arco complementario). Frente al binomio bien avenido derecha-extrema derecha, un patético contubernio sudoizquirda-izquierdilla.
No ha existido tal primera explotación de las mujeres por los hombres.La parejas en régimen de gananciales (ingresos iguales)están documentadas desde el Imperio Romano, y ahí seguían el ejemplo de las parejas galas en el Neolítico. Engels estaba equivocado.Por eso Marx,Lenin y muchos socialistas hasta hoy no le han hecho caso.Si profundizases algo más en la cuestión social, no verías lucha de sexos alguna y verías solo lucha de clases ECONOMICAS.Verias la lucha por el CAPITAL.Claro que este estudio de las clases, como cualquier otro estudio, es una síntesis, una abstracción, que no recoge la complejidad social.Pero, precisamente, las abstracciones sirven como síntesis y titulo para iniciar el estudio de lo complejo y concreto, que siempre es infinitamente amplio.Si usaras el Capital como el objetivo último de todo individuo y grupo social, no te parecería paradoja alguna que una mujer (?Ayuso?)lidere la extrema derecha española y apoye a Julio Iglesias.Otras mujeres, incluidas grandes capitalistas como Patricia Botín y la hija de Amancio Ortega, que son claras explotadoras de hombres y mujeres, apoyan y financian a Ayuso. No hay paradoja alguna, solo un análisis superficial la ve. Un saludo
Solo en una tierra plana y sin cambio climático no hay explotación -ni sojuzgamiento- de las mujeres por los hombres. Hay mucho que matizar, y mi artículo, como no podía ser de otra manera, es una simplificación, en eso podemos estar de acuerdo; pero negar la mayor, a estas alturas, es negar la realidad.
Yo no defiendo ni la tierra plana ni la existencia del cambio climático.Ademas, alguien podría defenderlos y acertar en todo el resto de sus argumentos.Eso es de primero de lógica.Tu respuesta es floja, no rebates la evidencia ni el argumento que aportada y,dada tu alta capacidad intelectual, eso solo demuestra algo conocido por muchos socialistas, yo incluido:que el feminismo es un bluff indefendible. De hecho solo es el negocio (extremadamente rentable)de algunas mujeres en partidos de izquierda en regresión.Partidos que han retrocedido desde el Socialismo practicado hasta los años 80.Mas evidencia:las mujeres gobernantes del PSOE (Ministra de Igualdad, incluida)Sumar y Podemos ?que clase de lucha hacían cuando ocultaban los probables machismos de Errejon y Monedero?. No les dolía lo más mínimo el posible abuso sexual, solo les preocupaba quedarse sin su capital si lo denunciaban.No existe evidencia científica alguna que demuestre el machismo.Eso si, se vende mucha literatura y mala política con el.Si no se tiene capital y su poder nadie puede hacer nada.Ni bueno, ni malo.Ni machos ni hembras.Saludos
Donde esté Aleksandra Kollontai que se quiten los y las feministas de la galaxia podemita.
Esas sí, que se quiten. Pero hay otras, en la estela de Kollontai y otras grandes luchadoras, y son la clave de una transformación radical de la sociedad posible y deseable.
Confundes el feminismo de salón, compatible con el PSOE y otras seudoizquierdas, con el feminismo radical, que, repito, es la principal fuerza transformadora de nuestro tiempo. Negarlo es como negar la violencia de género, y debería preocuparte coincidir en algo tan básico con la extrema derecha (valga la redundancia).
? Feminismo de salón el que disponible de un presupuesto público multimillonario para sus políticas? No, Frabetti, desengáñate, ese es el feminismo realmente existente.El que manda y va en coche oficial y se ha expandido por la sociedad.No te responderé más porque sería algo duro contigo y no quiero porque aprecio tu socialismo y tú interes por el rigor científico y eso no es fácil encontrarlo.Pero no estas usando ciencia alguna ni socialismo verosímil.Si te diré que tus slogans y tópicos feministas (y no argumentos con datos que sigues sin aportar)son exactamente los producidos por eses partidos regresivos de izquierda que solo se ríen de lo fácil que ha sido convenceros a algunos. Y en cuanto a radicalidades la de ese falso problema feminista es muy, muy superficial. La supuesta y falsa lucha de sexos es una broma para niño/as al lado de la lucha por el capital .Un saludo cordial.
Gracias por perdonarme la vida. Yo no soy tan amable: repito que negar la explotación/sojuzgamiento de las mujeres por los hombres es tan irracional como negar el cambio climático. Y beneficia al capitalismo tanto como negar la lucha de clases.
El estilo refleja al individuo que hay detrás de sus palabras.
Pareces T-Bag lamiendo al Lechero en la prisión de Sona…
He tenido que averiguar quién es T Bag. No pierdo el tiempo viendo basura.
Siga agitando el estercolero, Frabetti. Y no se preocupe por las cucarachas que salen por todas partes.
Lo preocupante es que, si la cosa sigue así, las cucarachas podrían sobrevivirnos.
Siempre aparecen en tiempos oscuros. Son eternas, como el fascismo.
Las cucarachas ya no podíamos caminar hasta que salió Frabetti. Está bien que nos hagan pensar. Disfruto igual los comentarios que el artículo, los ajos que el pollo.