Arte y Letras Filosofía

La antinomia del toro y el buey

El Minotauro, de George Frederic Watts. toro
El Minotauro, de George Frederic Watts.

Hay que mirar con atención para darse cuenta de que el breve espacio ahusado entre el rabo y la pata del toro de Osborne está pintado de azul. Y la razón de ello es que fue concebido para que contemplemos su silueta recortada sobre el cielo, a modo de gigantesco blasón («toro pasante sobre campo de azur», en términos heráldicos) o negro agujero en el paisaje, cual portal a otra dimensión.  

En principio, el magnífico diseño de Manolo Prieto podría representar a cualquier toro y servir de emblema a muy diversas causas (podría ser, por ejemplo, el logotipo de una organización ecologista, como el panda de Adena); pero al tratarse de una silueta negra y estar vinculado a la marca Osborne, es inevitable asociarlo con el toro de lidia y, por ende, con la corrida, pues, por una perversa metonimia, al toro se lo identifica con la tauromaquia, es decir, con su tortura, y se utiliza el término «taurófilo» para designar al aficionado a las corridas, que es como llamar bibliófilos a los quemadores de libros.

Y puesto que las infames corridas de toros fueron elevadas al rango de «fiesta nacional» en el siglo XIX y luego ampliamente promocionadas por el franquismo, no es sorprendente que el toro de Osborne se haya convertido en tótem y blasón del españolismo más retrógrado: del paisaje, el agujero negro ha pasado al paisanaje. La consabida bandera rojigualda con la silueta del toro en el lugar del escudo es un poema visual digno de un Brossa. Con la particularidad de que lo que para Brossa habría sido una denuncia irónica del carpetovetonismo más cerril, para muchos se ha convertido en expresión cabal del orgullo patrio.

Junto con el gallo y la gallina, el toro y la vaca constituyen el ejemplo más notorio, entre los animales domésticos, del dimorfismo sexual y de la antinomia agresividad-docilidad, lo que explica que tanto el gallo como el toro sean utilizados a menudo como emblemas de una masculinidad exaltada (en ambos sentidos del término), mientras que la gallina y la vaca inspiren con igual frecuencia caricaturas despectivas de la femineidad. Y además, la castración sistemática de algunos machos introduce un nuevo elemento con fuerte carga simbólica en las dicotomías toro-vaca y gallo-gallina: el buey y el capón, respectivamente, que refuerzan, por contraste, la hipermasculinidad emblemática del toro y el gallo. Sobre todo del toro, que desde hace miles de años ocupa un lugar destacado en los mitos y ritos de numerosas culturas. No en vano el mismísimo Zeus se convierte en toro para raptar a Europa.

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12 comentarios

  1. «El horror, el horror» El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad

  2. Cuánto tiempo Frabetti. No es por enmendarte la plana pero en cuanto a animales domésticos, diformismo y testosterona y agresividad los binomios carnero-oveja o el macho cabrío-cabra no le van a la zaga a los dos nombrados.
    En cuanto a la castración sabes muy bien porqué se hace. Aunque te pese, es cuestión de proteínas…
    Saludos

    • También son importantes, sin duda. Pero en la mitología y la cultura popular tiene mucha más relevancia el trinomio toro-vaca-buey. El cordero puede competir en mansedumbre con el buey, pero el toro «bravo», con sus cuernos penetrantes (y no solo percutientes) y su tremenda fuerza no tiene rival. Y la vaca es la dadora de leche por excelencia.

  3. Jamás llegaré a entender esa morbosidad de ver a un animal exhausto, sangrante, embanderillado su lomo con precisión y saña, babeante, la vista ofuscada, próximo a la fin por el solo hecho de ser un animal. Y la tribuna aplaudía. Eva L lo explica con pocas palabras: El horror, el horror, el corazón de las tinieblas.

  4. Qué bueno volver a leerte por aquí Frabetti!

  5. Gracias por esta píldora de cultura. Estimula el intelecto entre tanta barbaridad.

  6. No acabo de entender por qué califícas de «tópico» la asociación entre agresividad y potencia sexual, más en el contexto de hablar de animales a los que se castra, en ocasiones por el engorde como se indica en los comentarios, pero en otras precisamente para eliminar tal agresividad, como en los caballos de monta.

    • Me refiero (pero tendría que haberlo aclarado) a la exacerbación y mitificación de dicha asociación (y a su exaltación «heroica»). El tópico, como bien apuntas, tiene una base real.

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