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¿Por qué estoy pensando en denunciar a Alberto Olmos?

bolanobn

El periodista Alberto Olmos acaba de regalarnos una reseña poco elogiosa de La sombra de los perros románticos, mi biografía de Roberto Bolaño, publicada recientemente por la editorial Navona. Como biógrafo de Bolaño, es difícil no recordar las palabras de mi personaje, quien en una ocasión afirmó que las malas críticas fueron «sus medallas ganadas en combate, no en escaramuzas con fuego simulado». Roberto Bolaño, como todos nosotros, tenía muchos defectos, pero era un tipo dispuesto a dejarse la piel en cada página. No resulta exagerado afirmar que el chileno entendía la literatura como un campo de batalla. Por supuesto, yo no soy ni tan valiente ni tan temerario, pero, en la medida de lo posible, intento seguir el ejemplo de los escritores a quienes admiro. De modo que si estoy pensando en denunciar a Alberto Olmos —y me lo estoy pensando muy en serio— no es por sus opiniones sobre mi libro, a las cuales tiene todo el derecho del mundo, ni por cometer el comprensible y nimio pecado del narcisismo testimonial, al considerar que uno de los defectos de mi biografía es ni más ni menos que no haber hablado antes con él («con la cantidad de testimonios (por ejemplo, el mío) que podrían recabarse de aquellos años»), ni siquiera por faltar al código deontológico de lo que cabría esperar de un crítico literario. Nada de esto sería motivo de denuncia. Pero, como abogado que soy —porque la literatura no me da para pagar la hipoteca—, permítanme que, antes de ahondar en mi súbito e indomeñable animus denunciandi, dedique unas líneas a esbozar eso que los leguleyos solemos llamar «Antecedentes de Hecho».

Por supuesto, hemos de empezar por lo más evidente, a saber: Roberto Bolaño tuvo una vida absolutamente extraordinaria. Su familia se mudó de Chile a México a la par que se produjo la matanza de Tlatelolco, casi en el meridiano de la guerra fría. El futuro autor de Los detectives salvajes abandonó la escuela en plena adolescencia mexicana y se arrojó en brazos de una educación autodidacta que incluía robar libros compulsivamente, acudir de vez en cuando a «cines triple X» y dejarse ver por divertidísimas tertulias literarias, a menudo en compañía del poeta Jaime Quezada. Poco después, a los veinte años, se lanzó a los caminos, como sus adorados Arthur Rimbaud y Jack Kerouac, y vivió una miríada de aventuras a caballo entre un delirio beatnik y una película de Werner Herzog, entre ellas recorrer Centroamérica haciendo autoestop, o codearse con algunos de los guerrilleros/poetas que protagonizaron la guerra civil salvadoreña, o arribar a Chile poco antes del golpe de Estado de Pinochet, o, como le ocurrió a la sazón a tantos otros izquierdosos greñudos y mal afeitados, verse encerrado en los calabozos de la recién inaugurada dictadura. Todo esto no es, en puridad, más que un pedazo de su maravillosa vida breve, que luego alcanzó nuevas cotas de caos, romanticismo y épica bohemia con los desmanes de la vanguardia infrarrealista que fundó en el México de los años 70 junto a su amigo Mario Santiago, autoproclamado «terrorista cultural», y con los vaivenes de su vida cuasi marginal como migrante económico en la España de la transición, donde estrenó la moderna era de la precariedad siendo camarero y vendimiador y lavaplatos y peón de carga en Mercabarna y vendedor de bisutería y estibador de barcos franceses y mayordomo y vigilante de camping y tantísimas otras cosas. Sorprende que, ante una existencia tan plagada de desmesuras, Olmos crea que lo que le falta a mi biografía es una descripción del «jersey con bolitas» que lucía el autor de 2666 una de las veces en que el propio Olmos se cruzó con él, hecho fundamental en la vida de Bolaño, sin duda, pero que por suerte ya quedó debidamente reflejado en otro fantástico artículo de mi estimado reseñista, esta vez titulado Bolaño y yo: la historia jamás contada. (Juro que pensé en contactar a Olmos para preguntarle de qué color era el susodicho jersey con bolitas, porque creo que eso no lo menciona en su texto y se trata, sin lugar a dudas, de un dato clave para cualquier biógrafo, pero al final me dejé llevar por los siempre maltrechos vericuetos de la economía narrativa y opté por no escribirle. Además, tampoco tenía su e-mail a mano).

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28 comentarios

  1. ¡Vaya! Una pelea de plumas. Al señor Olmos cada vez le gustan menos las cosas según voy deduciendo de los artículos que escribe. En mi opinión, se está amargando solo. De todas maneras, el autor del artículo se libra de la mayor de sus críticas; escritora-joven-autoficción, entiendo porque no cumple con ninguna. Aquí pongo un ejemplo donde critica y alaba a la vez la novela Los Escorpiones de Sara Barquinero:

    https://www.elconfidencial.com/cultura/mala-fama/2024-02-26/800-paginas-hazana-fallida-sara-barquinero_3836367/

    Para, al tiempo, añadirla entre sus lecturas del año 2024:

    https://www.elconfidencial.com/cultura/mala-fama/2024-12-08/los-mejores-libros-de-2024-el-ano-donde-los-premios-no-aportaron-nada_4017582/

    En resumen, que el señor Olmos se contradice solo.

    Sí me sorprendió la crítica gratuita no solo al libro si no también a Bolaño. Por aquello de que los muertos mal lo tienen para defenderse y eso.

  2. Siendo abogado deberías saber que las posibilidades de que prospere esa querella o demanda son exactamente cero. Empapelar a alguien por una crítica literaria es una rabieta muy tonta y no ha funcionado nunca. Pero vamos, tú mismo. Si lo haces avisa que vamos comprando palomitas. Olmos es un mal escritor de novelas, pero un buen crítico. Le puedes tachar de lo que quieras: amargado, arbitrario, maniático, semi-inculto en temas de ciencia y funcionariado, cascarrabias, gruñón y rancio a veces, pero tiene ojo para juzgar las obras de los demás y, lo más importante, aporta razones para que te creas sus críticas o valores si algo le ha parecido mal por manías suyas, lo cual sucede a menudo.

    • Hombre, un buen crítico literario se lee los libros que reseña. Escribir sobre un libro sin habérselo leído es la antítesis de ser un buen crítico literario.

    • No Soy Alberto Olmos

      Vamos, que no te has leído el artículo de la misma manera que Olmos no se ha leído el libro. ¿No serás él?

      • Olmos no hubiera escrito eso de sí mismo. No creo que se tenga por un mal novelista, y menos que lo reconociera por escrito, ni siquiera para hacer una gracia. Lo de que no se ha leído el libro es una hipótesis. Tampoco creo que un crítico tenga que leerse un libro de pé a pá, sobre todo si le parece horroroso. Es como obligar a un sumilier a tomarse una botella completa de vino si el primer sorbo le parece malo. Intolerable crueldad. La obra de Bolaño es muy mala, por otro lado. 2666 es una absoluta y larga memez. Es un tipo que, como señala la biografía, no tenía ningún interés más allá de ser uno de esos personajes del lumpen que tanta gracia hacen a algunos por no se qué fijación, pero que no aportan nada a la literatura de verdad. Pero aquí el que queda fatal es el biógrafo, que cree que es sensato llevar a los juzgados a un crítico porque no le gusta la valoración de su trabajo. Sólo consigue hacer simpático al cascarrabias de Olmos y quedar como un idiota taponando los juzgados con chorradas como esta.

  3. Me fío del criterio literario de Olmos. Hasta el momento he disfrutado siempre de sus recomendaciones.
    Sobre otros temas, pues como cualquier otro. Unas veces a favor y otras veces en contra.

  4. A Olmos se le ha subido la fama a la cabeza. Yo hace tiempo que he dejado de leerlo. En cuanto a Bolaño, mucho ruido y pocas nueces.

  5. Ojo con confundir el semen de cachalote con el esperma de ballena (espermaceti) que buscaban los balleneros, porque entonces, como dice el autor, los usos que se hagan de dicho producto sí que serán inopinados.

    • Bueno, como veo que ya se ha editado el artículo para sustituir «semen de cachalote» por «esperma de ballena», me respondo a mí mismo para darle contexto a mi primer comentario. Acepto la gratitud silenciosa de balleneros y lectores de Moby Dick.

      • Jose Serralvo

        ¡Muchas gracias por la corrección, Juanfran! Tiene toda la razón: ese uso habría sido muy inopinado… y nos habría hecho encallar en aguas poco recomendables. Queda corregido el rumbo. Agradezco la vigilancia de tan avezado ballenero y lector de Moby Dick.

  6. No sé nada de José Serralvo, tampoco de Alberto Olmos, quizás porque en general, los «buenos autores» se me indigestan, como Bolaño, que de capea va bien, pero siempre falla a la hora de matar.
    Lo que quiero comentar es la frase «… usando la inteligencia artificial para redactar la «crítica»» Hasta hace nada cuando alguien quería descalificar el texto de un otro usaba la muletilla: «es un facha» o «basura woke» . Últimamente se ha impuesto: «… usando la inteligencia artificial «, ¿me equivoco?

    Solo son celos, porque todavía nadie me ha acusado de ello, ¿o sí?
    Saludos.

  7. Raquel De Bartolomé Palomo

    A mi el Bolaño de los Detectives salvajes me gustaba mucho, mucho mucho. Los cuentos y 2666 también pero menos. No se me da un ardite ni esta biografía ni la opinión de Olmos. Me la pela. Y los berrinches a la ama.

  8. Si Bolaño hubiera estado detenido allí, no habría podido contarlo. Yo lo viví y sé de lo que hablo. Quién entraba no salía o lo hacía en muy malas condiciones.

    • Lea usted las investigaciones periodísticas que demuestran que sí estuvo en prisión, por ejemplo, esta:
      https://www.revistaanfibia.cl/bolano-1973/
      Quizás fue la excepción que confirma la regla, pero de lo que no hay duda es de que Bolaño estuvo detenido poco después del golpe.

      • Gracias, José. Ha sido muy interesante puesto que desconocía ese medio.
        Sin duda, Bolaño tuvo mucha suerte. De haber llegado antes a ese empleo en Quimantú probablemente habría sido asesinado. Esa editorial, como seguramente sabe, era un pilar propagandístico de la UP, dirigido por Mattelart (a quien tuve como profesor en París VII).

  9. Olmos va cuesta abajo y sin frenos. Aunque el problema no es solo Olmos. Si algo ha quedado claro tras la muerte de Bolaño, es que el mundo cultural español no entiende los límites al derecho a la libertad de expresión. Creen que pueden decir lo que les dé la gana sobre cualquiera, aunque atente a su reputación o viole su intimidad. Es una vergüenza.

  10. No conozco qué vivencias se quedaron fuera, pero he de decir que aprecio el esfuerzo puesto en la biografía, que realmente recuerda a un libro de aventuras.

  11. Da tristeza pensar que esto se ha vuelto la crítica literaria en España. Todos andamos corriendo, pero si ya ni siquiera los críticos leen y se limitan a recomendar los libros de sus amiguitos y criticar a los demás sin fundamento, luego la industria del libro no debería quejarse de que el público en general lea menos. Triste…

  12. Leyendo el texto, esa sensación de biografía de colega a partir de fuentes secundarias de otros colegas. De mitificación para hacer del libro mito. La defensa invita a no leerlo.
    Olmos es lógico que se haya venido arriba y que sepa que venden más estas diatribas ácidas. La cuestión es no pasarse.

  13. Simplicísimo

    ¿Esto va en serio o es una coña marinera?
    Me ha dejado un regusto raro. Por una cosa así, ¿una denuncia?

  14. El Sr. Olmos, el «enfant terrible» de las letras españolas (pasados ya los 50, eterna «promesa») en un señor que comprendió rápido que la ausencia de talento se puede eludir creando un personaje combativo y polémico que genere comentarios a sus artículos, diatribas que se viralicen, generar ruido en definitiva.

    Lo que ocurre es que para ir a la contra, para disfrazarse de «maverick» y erigirse en azote del «buenismo», hay que tener un talento del que carece. Se lo podían permitir pesos pesados como Umbral o Javier Marías, en un escalón sensiblemente inferior un Arcadi Espada, pero no así el segoviano, cuya principal habilidad es tratar de reventar la piñata con los ojos cerrados, como los infantes en los cumpleaños.

    Dicho lo cual, Sr. Serralvo, no ha perdido un ápice de vigencia el refrán «no hay mayor desprecio que no hacer aprecio», el lobo siempre aúlla a la luna pese al mutismo de ésta.

  15. Bravo, Serralvo. Al gacetillero cipotudo éste, ni agua.

    Y me alegro mucho por esta publicación, pinta brutal. ¡Parabienes!

    Un abrazo de tu exeditor de guardia de confianza 😉

  16. Resumen generado por IA

    Un señor agarra un berrinche porque no le gusta la crítica de otro señor.

    • Respuesta de la IA

      Usted no sabe leer, ¿no? La próxima vez, pídame un resumen. El artículo no tiene nada que ver con una crítica, sino con un crítico que critica sin haberse leído el libro del que habla.

  17. Alberto Olmos nunca fue de mi completo agrado. Es el escritor mediocre que sabe además que lo es en cuerpo y alma y que nunca podrá ser otra cosa. Pero le puse una cruz encima cuando leí la crítica que le hizo a Salman Rushdie por su libro Cuchillo. Creo que la palabra que le viene bien a lo que hizo es: Blasfemia. La blasfemia grotesca contra un dios por parte de un mediocre simplón, que es lo peor que se puede ser en esta vida, más pretendiendo ser escritor. Me dio vergüenza ajena, que es lo peor que puede hacerte sentir alguien en esta vida.

  18. Yo estaría más feliz si Olmos critica un libro mío que si lo alaba.

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