Política y Economía

Hipnocracia Trump

Hipnocracia Trump
Donald Trump, 2020. Fotografía: Brendan Smialowski / Getty.

«Aranceles pesantes para quien ha mandado militares a Groenlandia», «Cuba puede caer si no establece acuerdos con EE. UU.», «El petróleo fluirá como debe», «En Venezuela nos estaban esperando», «Erradicaremos la inmigración», «No estoy solamente en contra de China y Rusia, sino también contra la UE», «Me encanta Giorgia Meloni», «Maduro será sometido por la justicia americana con un tribunal americano y en suelo americano», «Musk ha dicho que estoy loco solo cuando lo eché de la Casa Blanca», «Epstein tenía diez cómplices»… Estas citas —recogidas por The Washington Post, The Wall Street Journal y The New Yorker— pueden no haberse pronunciado nunca, aunque también morir mañana o, sin embargo, durar toda la vida. Sí. Efectivamente, corren el riesgo de estar en varias dimensiones, bucear por infoesferas de otros planetas y en varios siglos a la vez. Quizás en ninguno, uno, dos, tres… O si las pronunció antes Caín, Rómulo, Nerón, Napoleón, Gandhi o Dios. No es relevante. Más bien nimio, zafio. Se recomienda usar y tirar de forma serial. Desde ya.

Claro. Se trata de eclipsar el silencio, el sueño. Poco importa si lo entiendes o no. Si es demasiado simple o más bien inconexo, deslavazado todo. Ya estás aquí, alimentando el algoritmo para engordar el cochino antes de la matanza. Es la «religión Trump» o, como dice la revista italiana Internazionale, «la capacidad de fabricar una realidad a su gusto». Porque el final es el inicio de todo, aunque la deconstrucción del nuevo mundo es tal que inicio y final están en cuarentena. La amenaza es dulce y seductora. Está sujeta a engaños ópticos similares a los de Bernini en el Barroco. Produce atracción, ensimismamiento, pero también molicie, hastío, frustración o drama. Seres esclavos de sí mismos sin ganas de salir de la cárcel, precisamente porque no saben que lo están, y puede que hasta tengan razón. Y es que no es exactamente desinformación, distopía, posverdad o incoherencias usadas como trampa, sino algo mucho más serio. Una nueva versión de la vida recién parida, exenta aún de instrucciones para sobrevivir a sus cruzadas. No hay tradición; tampoco negativos como pistas.

Aparentemente, la solución es una, aunque puede que también esto sea falso, la letra pequeña del perverso juego. El arma arrojadiza para disuadir. Mientras, es tiempo de desaprender, cesar de buscar o pergeñar planes. Ha llegado el momento de permanecer quietos para ser encontrados por nosotros mismos. Sí, exacerbar la quietud como un mantra. Un ejercicio obsesivo y recurrente. Cesar de leer aquí una pieza mal escrita y peor vertebrada que solo es mercancía para atiborrar el alma de la nada más profunda y sibilina. Esta, sí, perfectamente arquitrabada y sostenida en neologismos obtusos y volátiles. Un grito enmarcado y lleno de purpurina. Una obra de arte por hacer.

La partida ha comenzado. El riesgo es no hallar la verdad en la propia verdad, porque —efectivamente— la madre Teresa de Calcuta, Julio César, Patton, Jesús y Trump, entre otros, siempre fueron la misma persona. Simplemente nosotros cometimos el error de subrayar las diferencias. Ilusos y estúpidos. Constantemente —y no— con la arrogancia de dilapidar el populismo con el propio populismo. De trascender trascendiendo con humildad, maniatar con las mismas armas que se maniata y confundir con desbarajustes creando los mismos desbarajustes. Todas las conjeturas con o sin ellas mismas, y al revés. La nada eterna; el todo más efímero. La realidad más advenediza jamás contada en la tierra. Un punto cero. Un desierto sin arena. Unas páginas en blanco llenas de palabras que sacuden y devoran incluso los márgenes.

TIC, TAC, TIC, TAC… Se recomienda, una vez más, dejar de leer. Esto puede crear adicción. Están buscando correligionarios. Es escalofriante.

Un no libro de un no escritor

La matriz de esta sibilina madeja viene de lejos, aunque se desconoce si la unidad de medida para calibrarla son siglos, días u horas. Todo es relativo y maleable. Una cosa es cierta… Hace algo menos de un año salió publicada en Italia la obra-artefacto de Jianwei Xun —Ipnocrazia (editorial Tlon)—, y pronto se supo que no había sido escrita por este inexistente estudioso de Hong Kong. Lejos de la realidad, la operación de marketing fue resultado de una cocreación parida entre la inteligencia artificial y el editor-filósofo Andrea Colamedici. Todo un experimento científico que causó un cierto revuelo literario, dejando secuelas con difícil cicatrización. ¿El desarrollo trae progreso? ¿La IA es compatible con ciertas profesiones o más bien las traiciona? ¿Tiene sentido todo este elenco arquetípico —vertido en el ensayo— de inconexiones infinitamente conectadas conformando, a su vez, una idea sinsentido explotada y manoseada hasta la saciedad de forma nauseabunda?

Game over. El carnaval estaba servido y no había marcha atrás. Perfectamente decorado con flashes de frases telegráficas y en cadena, el trasfondo argumental de Ipnocrazia era —y es— quién controla la arquitectura del mundo —y cómo lo hace— en esta era digital-numérica en ebullición. Lo explicaba perfectamente en la revista italiana L’Espresso Sabina Minardi, quien, al parecer, desveló el scoop. O no; quizás fue la intermediaria, el canal para lanzar el mensaje masticado, siempre en connivencia con el hábil emisor.

«No me cuadraba la escritura de la obra. Pedí hablar con su editor. Provocaba en mí precisamente eso, una hipnosis. Era una reiteración excesiva de ideas y frases. Me hallaba como envuelta en un sueño guiado que me ponía, sin embargo, en estado de alerta. Creo que el poder digital se neutraliza con consciencia. Sí, Xun no existe. Su libro nace de un experimento sobre la construcción de la realidad en época virtual. Analiza con protoejemplos los mecanismos de manipulación perceptiva contemporánea», relataba. «El texto es una demostración práctica de los mecanismos que analiza y condena», y que el propio ensayista, filósofo IA y editor italiano —Andrea Colamedici— confiesa bajo la premisa de «en el nuevo capitalismo ya no es necesario poseer las fábricas, sino la mente».

Ya no existen los enemigos; ahora hay que atinar en qué aliados elegir para no implosionar. Ya no hay armas, sino corbatas. Es, salvando las distancias, la mafia de hoy. Un deseo de contar la verdad a través de lo falso y bello. Eso es la hipnosis Trump. Eso es la obra. Maldita; sublime.

«Con el libro quería crear un ecosistema narrativo que permitiera a las personas poner a prueba conceptos que estaban leyendo. Hoy es posible inventar nuevos modos de filosofía mediante la cocreación junto a la inteligencia artificial. Todo comenzó cuando leí un análisis de Nadia Urbinati en el diario Domani, y en él decía que Trump estaba catalizando algo nuevo, sin nombre aún. Lo razoné, junto a la plataforma Claude. He construido la palabra y un proyecto articular. Otro lo hice en ChatGPT. Entonces los puse a dialogar ambos», reconoce el hoy enseñante de Prompt Thinking en el Instituto Europeo de Diseño, en Roma. Ha sido él, precisamente, quien ha cargado también en las computadoras textos de Hegel, Marx o Borges… Contenidos y reflexiones del sociólogo Jean Baudrillard o el cineasta Guy Debord. En definitiva, al gazpacho algorítmico lo ha dotado de marco, contexto, ecosistema y circunstancia.

Un escenario magnífico y pluscuamperfecto para volver al cableado e inmaterial sendero inicial. Sí, el de presentar a Trump y Musk como los principales gurús del rito, del mantra, del trance. Son druidas, chamanes, budistas y, a la vez, masones sin capirote ni cartabones. Esto escribe Xun: «Por una parte, el presidente vacía el lenguaje repitiendo palabras hasta el infinito. No tienen sentido, pero están cargadas de poder hipnótico. Por otro lado, Musk inunda nuestra imaginación con promesas utópicas destinadas a materializarse. Lleva las mentes a éxtasis perennes mediante anticipaciones obsesivas. Moldean los deseos; colonizan el subconsciente». Él, un no ser literario, se erige en el agitador con salvoconductos para almas socavadas y desnortadas que buscan el nirvana. Ayuda a salir del dolor provocándoselo. Trabaja para extraerlas de la Edad Media comprándolas casa en Marte.

Es la base del no-libro escrito por una identidad ficticia en un mundo multidisciplinar y opaco. Como dice Colamedici, quien incluso llegó a crear la imagen de Xun con el método Consistent Character, «su objetivo no ha sido mostrar la debilidad del periodismo, aunque es cierto que la fragilidad de la información se ha hecho notar enseguida. Lo que sí me gustaría, ahora que inteligencias humanas y artificiales trabajan juntas, es que surja una reflexión pública para tratar riesgos y oportunidades de estas creaciones múltiples. Pensemos bien en si nos sentimos traicionados por haber creído en uno de carne y hueso o, sin embargo, todo resulta un gran entusiasmo», aclara desde las mazmorras protuberantes de la inteligencia computacional, la IA subsimbólica-inductiva, el amigo Grok, diversos sistemas de conexiones basados en datos empíricos, modificaciones interactivas o deep learning. Y vuelta a empezar.

Podcasts de guerra que producen guerras

Todo es engorrosamente simple y maniqueo. Consiste en que la repetición de una idea —y su reverso— hace que esta se materialice. Cualquiera de las dos. Incluso a la vez. Porque pensar una cosa la produce. Así es la fórmula, y no al revés.

No faltan ejemplos, aunque están tan visibles que parecen sepultados entre legajos. Un podcast de guerra para informar sobre la misma no hace sino perpetrarla en el tiempo, incluso producir otros conflictos en las dimensiones dispares que cohabitan incluso más allá de la biosfera. Pensar en escarabajos los crea, sin más… Y para esto no hay solución más allá de la aceptación. Ni siquiera pudo Zeno, el protagonista de Italo Svevo, atrapado en el propósito de dejar de fumar. Precisamente ese es el camino más eficiente para no conseguirlo jamás. Porque el objetivo, la intención, es la jaula. A mayor empeño por escapar, más adentro quedas.

En el caso de Trump, no importa la popularidad o la impopularidad, porque ambas son —indistintamente— alimentación necesaria para el algoritmo del tycoon. El perro no distingue el salmón de los excrementos humanos. Ambos le gustan, y además son muy nutritivos para su organismo. Omega 3, proteínas…

«Reté a ChatGPT para que me quitara la razón. Normalmente es funcional para los gustos del cliente, pero quise invertir eso. Así llegué al título del libro, aunque al inicio me sugerían algo así como onirocrazia. Uso Trump y Musk para explicar este concepto, porque son listos, inteligentes, pícaros. Han entendido muy bien el mundo. Su modo de gobernar es conocer el espíritu del tiempo. Lógicamente no han inventado la hipnosis, pero sí la practican como depredadores. Hurgan en la desorientación pública», afirma el autor en conversaciones con Jot Down, sobrecogido aún por el enorme impacto mediático del irritante extraterrestre literario, quien, por cierto, ofrece una liberación. «Lucidez no para encontrar la verdad, sino para saber moverse en realidades paralelas. Todos saben que, durante la pasada pandemia, había contemporáneamente hospitales llenos y vacíos. Sí, es necesaria la soberanía perceptiva. Aprender a navegar en océanos de incertidumbre encontrando archipiélagos o flujos de certeza, como dice el sociólogo Edgar Morin».

Así pues, el ser humano se encuentra hoy en un laberinto, un dédalo, y este se hace más enrevesado cuanto más se fuerza la salida. «La vida te dispara a la cara la necesidad de saber mucho, descubrir el infinito. Quienes no saben, no saben que no lo saben. Al poder va quien dice saber, y esto lo dice quien no sabe». Es precisamente ahí, en ese mar abierto, cuando surge el miedo al silencio y la necesidad, como recordaba Steve Bannon (promete dar guerra a Trump en las presidenciales de 2028), de «llenarlo de mierda». «Es inundar todo con narrativa. Versiones diferentes para crear confusión. Es tratar de deconstruir la retórica para dar de comer a la imagen símbolo, mitificándola. El silencio da miedo, sí, pero es la clave para contrastarlo. El problema es que pensamos que es estéril», apunta mientras apura su café con el último sorbo.

Esto es real, aunque también susceptible de convertirse en una fábula quimérica extraída de lo inmaterial o una parafernalia literaria que enriquece este ignominioso relato. Sin enjundia, sin ínfulas, sin hadas. Una medianía maravillosa. Una maravillosa medianía. Una medianía maravillosa. Una maravillosa medianía. Una medianía maravillosa. Una maravillosa medianía…

TIC, TAC, TIC, TAC, TIC, TAC…

La ventana de Overton

La tendencia hipnocrática de hoy es clara. Se explica bien con el modelo sociológico de Overton. «En nuestro espacio público hay cosas normales, extrañas y absurdas. Cuando el discurso se centra en lo último, esto se normaliza. El libro es la destrucción de sí mismo. Es condenar la impostura siendo un impostor. Criticar el trance utilizándolo. Cuando escribí en su día Tu non sei dio. Fenomenologia de la spiritualità contemporanea, exploré cómo todo hoy es un fenómeno de consumo, sin tradición. Es la extensión del capitalismo. Fíjate, por ejemplo, en el Katechon, la figura que neutraliza el anticristo. Bien, haciendo eso ralentiza también la llegada de Cristo. Ralentizando lo que destruye tiene un precio a pagar: atrasar lo que reinventa», aclara mientras exprime una y otra vez, como Trump, como su libro, como esta pieza, la presencia de distintos planos en la realidad actual.

«La revolución no es despertar de este sueño místico, sino entender nuevos estados de conciencia para moverse. Hacerlo sin asomarse a la obsesión de ganar y gobernar. Separar lo ordinario de lo extraordinario, lo religioso y lo espiritual… En las antípodas, Trump, quien explica lo complicado con una tabla de números cambiándolos aleatoriamente. El drama es que el silencio no es productivo. El sueño, tampoco. ¿Sabes que la competencia de Netflix no es Amazon Prime? No, es que desgraciadamente el ser humano necesita dormir para vivir», subraya. ¡Y eso no se puede monetizar!

Es, de hecho, en esta marabunta infinita de todo (y nada) donde irrumpe con fuerza el libro del siempre contemporáneo Jonathan Crary: El capitalismo al alcance del sueño. «Ese espacio es el único que no pueden atacar. Hay que construir espacios de contemplación, regeneración. Estar, basta. Jung fue una vez a visitar a un nativo americano y le preguntó qué hacía allí todo el día, sin hacer nada. “Estoy viviendo”, le contestó. Haciendo dos o tres cosas a la vez se nos olvida construir un entramado fuerte para sostener el peso de la existencia, y esto lo ha entendido mejor que nadie Donald Trump. Nos seduce, porque a él también le aterra morir. Quiere construir instrumentos conceptuales y médicos para no morir. La religión es tecnológica, y nos gusta. Es peligroso, porque nos hacen creer que la muerte verdaderamente se puede evitar. Ingiriendo eso ya estamos enterrados».

Desinflar el lenguaje

Se asoma el final, pero en realidad nada ha comenzado. Mientras pensábamos que el nuevo mundo traería sofisticados teoremas de Pitágoras para explicar la hipotenusa o que grandes oradores arribarían con términos o vocablos superiores a facsímil, anatema o algunos más, llega Trump y su gente (extrapolable a otros países) sacando un repertorio que se antojaba más arcaico que regalar flores o perfumes y que, sin embargo, es ultramoderno. «Teta, culo, pedo, pene…», soltadas aleatoriamente e insistentemente… Es el Futurismo de Marinetti en salsa 2026. Es la estupidez más inteligente y sublime de la historia. Una reedición del estilo inacabado de Miguel Ángel.

Lo desmenuza la periodista y filósofa italoamericana Nadia Urbinati, desde hace muchos años al otro lado del Atlántico. «Ha desinflado el contenido del lenguaje con el uso-abuso de reiteraciones. Todo es vacío, sin análisis ni conexión. La palabra llega al lado emotivo directamente. Conecta con la tensión, las vísceras. Cambia de opinión constantemente. Usa cosas magnéticas que se pegan. Inmigración, tasas, tarifas… Términos simples que utiliza en varios contextos a la vez, haciendo así que tengan significados a la carta. Todo es impreciso y desordenado, pero es su orden. La reiteración de términos tiene eco, y este los dota de vida autónoma. Y eso vale para cualquier contexto, lugar, persona… Sí, Trump unifica gente y territorios, porque ha comprendido que la victoria es la repetición del lenguaje. Está catalizando algo nuevo que aún desconocemos cómo se llama».

Mientras el mundo va hacia adelante y las guerras siguen (hay imágenes actuales de Ucrania tanto devastada como en perfectas condiciones), es mejor cerrar con una frase de Hegel que recoge Ipnocrazia, un ready made con capítulos y páginas. ¡Parece un libro! «Lo nuevo no es una extensión de lo antiguo, sino que representa un salto de calidad que exige nuevas categorías de comprensión».

TIC, TAC, TIC, TAC… Ya es demasiado tarde, porque The Donald se encuentra en Cuba en las vestes de papa. Esto es extrapolable a Groenlandia, con Musk. Todo es cuestión de sincronía y sintonía.

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