Editorial

Xabier Fortes o el machismo atávico de la progresía

fortes
Xabier Fortes en La noche en 24h (09/07/2026)

Se ha visto en la televisión pública española. La Torre Eiffel de fondo, dos hombres aguardan el comienzo del Francia-Marruecos y entretienen la espera con una mujer muerta. «Un personajazo», celebra el presentador, que confiesa que la historia que trae el otro al plató le ha encantado y que no entiende «algunas polémicas», sin que a lo largo de la conversación llegue a formular una sola pregunta sobre ellas, que, digo yo, habría sido la manera de intentar entenderlas. No citaré al autor ni la biografía fabulada objeto de la conversación entre ambos; ya tiene suficientes escaparates y, además, esto no va de la «obra». Tampoco va, en rigor, contra Xabier Fortes, aunque su nombre encabece estas líneas. Va de los profesionales de la comunicación que se han pasado la última década explicándonos el machismo estructural con solemnidad eclesiástica, y que han recibido con complicidad y risitas un artefacto construido, desde la primera página a la última, sobre el arquetipo misógino más viejo del inventario.

Que conste en acta que Fortes no ha sido el primero en celebrar este pasquín categorizado como «narrativa basada en hechos reales» ante un micrófono o una cámara ni será el último; le precedieron otras tertulias, otros elogios jocosos entre colegas, otras tardes de radio que no merecen la molestia de ser nombradas para no aburrir al lector. Lo escojo a él porque encarna a quien se piensa como un periodista de servicio público orgulloso de ser exigente con el poder. Si el machismo atávico de la progresía fuera cosa de patanes carecería de interés, porque del patán ya lo esperábamos todo. Lo instructivo es verlo operar en un referente comunicativo que se autopercibe como el mejor de la clase sin que su superyó ilustrado registre la más leve turbulencia intelectual. Es tan sorprendente que en redes sociales, anticipando este artículo como una amenaza, anima a sus seguidores a ver el programa para demostrar su «buen hacer». Ese es el fenómeno que estas líneas quieren describir, sin acritud y con cierta melancolía.

Dicen que a cada cerdo le llega su San Martín y a cada progre su clase de deconstrucción. Así que manos a la obra. Empecemos por la lección primera, señor Fortes, la del machismo, ya que su programa se anuncia como espacio de análisis. El relato vital que usted celebra narra la historia de una mujer muerta, que no puede replicar, y lo hace exponiendo su pueblo, su familia, sus tragedias, su expediente psiquiátrico, sus diagnósticos, sus ingresos hospitalarios y hasta sus kilos en la camilla de la ambulancia. Frente a ella desfilan supuestos hombres adultos que sostuvieron con una desconocida algún tipo de relación emocional. A esos hombres, vivos y algunos poderosos, el relato les regala el anonimato. Un banquero, un articulista, un músico, un colaborador. Sin nombre, sin apellido, sin cargo. La contabilidad del artefacto es exacta y es la de siempre. La muerta paga con su cuerpo, su historia clínica y su intimidad; los vivos cobran en discreción. A eso, en los seminarios que ustedes tanto citan, se le llama doble vara, y cuando la vara se aplica sistemáticamente en función del sexo tiene otro nombre que usted conoce y que, si no, le recuerdo yo: machismo.

Sigamos con el arquetipo, porque el retrato no es neutro ni nuevo. Una mujer que asciende engañando a hombres mediante un rostro prestado. La sirena, el súcubo, la embaucadora, la femme fatale, Eva y la manzana. Quince siglos de literatura clerical resumidos en algo denominado «narrativa basada en hecho reales». Los hombres seducidos, en cambio, aparecen retratados con ternura de posguerra. Estaban solos, eran vanidosos, pobrecitos. Usted mismo remató la faena en directo al describir el ego del varón periodista como «la ecuación perfecta», entre carcajadas, sin advertir que acababa de firmar la absolución general del gremio. Ellos, víctimas de su vanidad. Ella, culpable de la vanidad de ellos. En su plató se comparó incluso a la élite periodística española con una señora sola estafada por un falso galán de internet. Fíjese en el detalle, porque es una preciosidad. Para explicar la credulidad de los hombres más poderosos del periodismo español hizo falta disfrazarlos de mujer mayor y sola. Ni en la metáfora exculpatoria supieron ustedes salir del estereotipo.

Y una capa más, que a la progresía debería quemarle en las manos. El pecado original de la protagonista, según el propio relato que usted aplaude, fue entrar sin pedigrí. Una mujer de un pueblo pesquero, sin estudios superiores, sin másteres, sin apellidos, logró dirigir durante años una parte del cotarro cultural de este país. Quince años después de aquello, y cuatro después de su muerte, la intrusión todavía exige castigo póstumo con autopsia pública incluida. Eso, señor Fortes, no es un personajazo. Es un escarmiento de clase con perspectiva de género, servido en papel de regalo, y usted promociona el linchamiento en la cadena que pagamos todos.

Lección segunda, la del oficio. Usted presentó el producto como el relato asombroso de un hecho real y lo despidió, dos veces, deseando suerte a «la novela». En una misma entrevista caben así las dos licencias, la de la verdad cuando conviene al morbo y la de la ficción cuando uno deja de ser «analista» para compadrear con sinceridad. El autor, en otras plazas, jura que no hay una sola línea inventada; usted, en la suya, lo llama novela y tan contento. Alguien que dirige un programa de análisis de actualidad debería haber sentido comezón profesional ante esa doble naturaleza. Debería haber preguntado cuántos de los episodios íntimos están documentados y cuántos reconstruidos, por qué esos pasajes carecen precisamente de toda atribución, qué pruebas sostienen lo que una muerta ya no puede desmentir, y qué protocolo deontológico ampara publicar la biografía fabulada de una persona que dedicó su vida entera a negarse a ser contada. No preguntó nada de eso. Y cuando su invitado reconoció espontáneamente que la familia consideró que el libro no debía hacerse, y añadió que el enfado «le viene muy bien» al producto, usted volvió a las risotadas y pasó a la siguiente anécdota. El duelo de una familia convertido en plan de marketing, ratificado en horario nocturno de la televisión pública con la Torre Eiffel de atrezo. Contrastar no es hostilidad hacia el entrevistado, señor Fortes. Es el oficio. El mismo que usted exige, con toda la razón, cuando el entrevistado es un político de derechas.

Le diré, para que no se sienta solo, que la única lección de periodismo emitida en todas las horas de radio y televisión que este libro lleva acumuladas la dio un extranjero. En una de esas tertulias amables, el anfitrión preguntó con sorna si Jot Down todavía existe. Mathieu de Taillac, corresponsal de Le Figaro, le respondió que la revista no solo existe, sino que es de lo poco que hoy merece la pena leerse. Podía afirmarlo porque había llamado antes a la redacción para contrastar1, y la redacción puede acreditarlo. Fue el único, entre todos los participantes de todos esos programas, que hizo esa llamada. Descolgar un teléfono, señor Fortes. La unidad mínima del oficio quedó ese día en manos de un corresponsal francés, y nadie en las mesas pareció reparar en la enseñanza.

Todo esto ocurre, además, sobre un paisaje muy concreto que ya denunciamos aquí. Basta repasar el mapa de los medios españoles para comprobar que ni uno solo de los diez diarios más leídos, ni las mañanas de las grandes cadenas de radio, ni los informativos de las principales televisiones tienen hoy casi ninguna mujer al mando. Una restauración silenciosa y eficaz, ejecutada sin columnas encendidas, sin manifiestos y sin protestas, con la progresía mirando hacia otra parte mientras las últimas mujeres que dirigieron un gran periódico o una gran mañana de radio salen por la puerta de atrás. Sobre ese panorama deben leerse tantos programas amables. La única mujer que en los últimos quince años logró fundar y dirigir un medio de referencia en este país, sin pedigrí, sin padrinos y sin salir de casa, recibe ahora su castigo póstumo en forma de fabulación biográfica que no le reconoce ningún mérito intelectual. Y quienes la celebran entre risas son, precisamente, hombres con micrófono propio en un ecosistema del que las mujeres han vuelto a desaparecer sin que ninguno de ellos le haya dedicado al asunto ni un minuto de su antena. La primera pregunta, la única que importaba —quién habla por la mujer que ya no puede hacerlo, y con qué derecho—, nunca se formuló en sus micrófonos, igual que nunca se ha formulado la otra, la de por qué ya no queda casi ninguna al mando y todos tan tranquilos.

1De los más de ochenta reportajes, podcast y artículos que llevamos recopilados solo tres periodistas nos han llamado para contrastar. El ya comentado Mathieu de Taillac, Arcadi Espada e Ignacio Vidal-Folch

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34 comentarios

  1. Enhorabuena, por el fondo y por las formas.

  2. Interesantes puntos de reflexión que echaba de menos ante tanta bronca.

  3. Clonazepando

    Fachosfera total, escribes ”progre” y criticas al progrerío. La que te va a caer.
    Mi solidaridad contigo.
    Y enhorabuena por el artículo.

  4. Invito a todos los lectores que comentan a visionar la entrevista a Daniel Verdú. Yo, que pude verla en directo, la he vuelto a revisar y no veo lo que dice aquí el Sr. Fernández Recuero. Al contrario, se trata a la figura de la protagonista de la «novela» con respeto y hasta diría admiración, hay elogios a su inteligencia y talento, lo mismo que a la calidad de su propuesta periodística.
    En fin, ya se defenderá el mismo Fortes de estas acusaciones, que Fernández arroja por extensión a la odiada «progresía». Yo tengo el propósito de comprar el libro de Verdú desde hace unos días.

    • Clonazepando

      Yo he releído el artículo.
      Y el primero de la ”serie” y el de Vidal-Folch.
      Ángel está molesto y con razón por la manipulación de Verdú. Una manipulación que afecta a una compañera y amiga que, por desgracia, no se puede ya defender.
      Qué es eso de ’narración basada en hechos reales’. Pescar en río revuelto. O investigas y haces una crónica rigurosa o escribes una novela. Pero quedarte enmedio con el embudo no es de recibo.
      Eso es lo que critica el autor. Y sí, efectivamente esa actitud salpica a la progresía, a El País, a esa progresfera que tiene al señor del Pino, mezcla de comisario delegado y cura con mala leche, como uno de sus faros morales.

  5. Estoy leyendo el libro con sumo interés y solo lamento que en aquellos tiempos hubiera visitado otros foros y no el famoso Areópago donde comenzó la cosa, seguro que a estas alturas tendría un mejor curriculum y una mejor jubilación.
    Tengo una enorme admiración por Mar de Marchis, me parece genial lo que hizo y me hago complice de su enorme satisfacción interior por llevarse al huerto a tanto falso ilustrado. Pero (siempre hay un pero) no me parece que la defensa sea recurrir a lo del machismo. No es práctico y si me permites, eso es un Barbra Streisand de libro, ya sabemos el caso.
    Ángel Fernández Recuero, no te merece la pena descalificar en base a esa argumentación, teniendo una bomba H mayor a tu disposición. La ridiculización de los medios, de su poder, de sus desmanes y tropelías , gracias al encanto y la seducción, que no son palabras sexistas, de esa mujer tan inteligente.
    Hay que hablar en positivo de sus virtudes y de su poderío, sin necesidad de sacar el repertorio ético de género, ya que se da por supuesto.
    Se te nota con rabia y eso te perjudica porque no puedes actuar serenamente en este asunto. No puedes atacar a cada periodista que hable sobre el tema. Lo haces aún más grande y viral.

    • Un dato, llevo recopilado 81 artículos y programas. Hasta ahora, solo he criticado a dos, a Elvira Lindo y hoy a Xabier Fortes. De los artículos más sangrantes y gratuitos como el de Antonio Lucas o el de ayer del ABC no he comentado nada ni lo haré. Hoy mismo, Ana Iris Simón en el programa de Cantizano en Onda Cero ha hablado con Verdú del libro y no me ha parecido mal, más allá de que la mitad de lo que cuenta es erróneo o directamente falso, sin que ello suponga ningún agravio a la memoria de Mar (solo al periodismo).

      Por lo tanto, no hay ninguna defensa numantina de quién hable bien del libro. Lo ha hecho hasta uno de mis columnista favoritos como es J.A. Montano.

      Mis dos artículos (por qué solo son dos) no están en clave de enfado sino que sino que responden a algo muy concreto. A que dos personas con altavoz público hayan cruzado una línea que no tiene que ver con la crítica literaria sino con la deshonestidad intelectual. Elvira Lindo por presentar como periodismo lo que es un ajuste de cuentas con datos que le constaba que eran falsos, y Fortes por hacer desde la superioridad moral de la progresía exactamente aquello que dice combatir.

      Con 81 piezas recopiladas y solo dos respuestas, creo que los números hablan solos. Si esto fuera una cruzada contra el libro, habría escrito ochenta y un artículos. He elegido responder únicamente cuando el agravio no era a mí, ni siquiera a Jot Down, sino a la memoria de Mar o al oficio mismo. Y pienso seguir con ese mismo criterio, aunque me cueste morderme la lengua con piezas que lo merecerían sobradamente.

      Y, añado, sí, estoy enfadado con dos personas y ninguna es el autor del libro, una de ellas Enric González, por ser un traidor. Pero no habrá artículo, habrá, cuando la familia me lo permita otro libro. Y en ese sí aparecerán los nombres que no menciona Verdú.

  6. anacompostelana

    no estoy al tanto de los detalles de este conflicto, de hecho, aunque lectora intermitente de jotdown desde el principio, lo cierto es que jamás me había preguntado quién o quiénes estaban detrás de tan estimulante propuesta, y para mí como para muchos veo que fue una sorpresa descubrir su identidad. no podemos negar que la historia es un caramelo, aunque es cierto que involucra a personas que ya no están y no pueden defenderse, y a personas que obviamente la han querido y respetado, como es muy obvio por parte de quien deja escritas estas líneas.

    sí quiero resaltar una idea que aquí se desliza y que a mí me asusta. cuando a golpe de jueves, y sin acabar la temporada, la barceló se despidió de sus oyentes me quedé helada, y pensé justamente eso: dónde está la voz de las mujeres en puestos de dirección en medios en teoría progresistas? (por cierto, el enric gonzález en este caso no sé si habría que buscarlo en su sustituto, que llevaba meses dejando caer en entrevistas que el nuevo periodismo tiene que ser neutral o no será), qué papel se les da a las tertulianas en ese programa en que alguna afirmó que no comería mierda y que se iba para no volver… hasta después de 24 horas? dónde están las colaboradoras en programas de late night que se pretenden de humor y se pretenden también progresistas?

    en el panorama mediático que nos está quedando dan ganas de parafrasear al público del concierto de rosendo en carabanchel y gritar bien alto, a ver si alguien lo oye, «no estamos todos, faltamos las mujeres!»

    • A ver, si es que no ponen a mujeres porque no hay (o aún no hay tantas como debería). En mi sector, donde si hay mayoría femenina, no vemos ese problema. En particular, ahora mismo tengo dos jefas y tan bien. Anteriormente, también dos jefas y no tan bien, pero no por ser mujeres, evidentemente.

  7. 40% en las plantillas y 27% en cargos directivos, un porcentaje en aumento.

  8. Es justo y necesario un libro de Ángel Fernández sobre Mar de Marchis que ponga las cosas en su sitio. No deje pasar esta ola, apresúrese en su redacción y desnude la impostura del libro de Verdú ahora que está siendo tan publicitado. Háganos ese regalo.

    Yo he leído «La bola» y, más allá de su verosimilitud, la obra es muy mediocre, todo su interés se sostiene sobre el cliché que Ángel Fernández denuncia y que resulta del todo punto increíble, en el sentido literal del término. Y se entiende la inquina contra Enric González por parte del autor de este artículo, pero creo, humildemente lo digo, que para criticar no hay que recurrir a etiquetas prefabricadas como «progresía», imponiéndolas con la lógica del reproche «ad hominem» más burdo. Se debería criticar la acción, no la persona: si algo está mal hecho, qué más da que quien lo haya hecho sea «progre» o «facha». Que se entiende que un «progre» debería ser más coherente con su moral feminista, por ejemplo, pero yo como lector lo que percibo es la proyección por parte del articulista de unos fantasmas que, justo es reconocerlo, no deben ser fácilmente soslayables cuando se trata de defender de la manipulación y la simplificación la imagen de una persona amiga ya fallecida .

    • Cher Flâneur (con acento circunflejo). Le agradezco que :
      -Le rete al Sr. Fernández Recuero a escribir ese libro. Veremos, a ver…
      -Denuncie la etiqueta «progre».
      -Coherencia con la moral feminista, es escasa (por desgracia) en muchas personas de ideologías situadas a la izquierda: Véase, por ejemplo el caso de Errejón, o el mismo Ábalos.
      Cuando pueda leer «La bola», volveremos a dialogar, siempre con el respeto debido, espero.
      Atentamente.

      • Clonazepando

        Retar
        1. tr. Desafiar a duelo o pelea, o a competir en cualquier terreno.

        Segunda vez que toca los huevos a AFR.

      • Estimado Alex Solar:

        Mi intención no es «retar», solo he expresado un deseo de justicia: entiendo que la fundadora de este espacio no merece un retrato tan simplista como el que presenta Verdú en su libro. Y que esa persona merece, sobre todo, un acercamiento más trabajado y no tan «apriorísticamente» diseñado. Poco se habla, por ejemplo, de «La página definitiva», el germen del foro «Areopago», del que fui asiduo durante mi lejano año como becario Erasmus, mucho antes de que todo resultase reseñable, al parecer, para unos y para otros.

        Tampoco denuncio (no exagere) simplemente califico una palabra como cliché. La «progresía» como término tiene su origen en los medios o personas que se consideran más allá de lo progre por ser ellos una izquierda verdadera, no socialdemócrata. Criticar a los progres resultaría anacrónico, por lo que esos puristas se inventan un término con resonancias con el término «burguesía», como si la «progresía» fuera una clase social. ¿Alguien ha leído o escuchado esa palabra en los últimos años antes de que la emplease el inefable Pablo Iglesias?

        Por otro lado, cabría definir qué entendemos por «progresía». Si, con Benveniste, entendemos que todo concepto se define por lo que deja fuera en su señalamiento referencial, yo me reconozco como progre. No pertenezco a quienes rechazan el racismo, el feminismo, etc. ¿Son Fortes, «El País», Sergio del Molino «progres»?¿Por qué? Si queremos debatir de verdad, en serio, deberíamos de dejar cosas por supuestas. A mí, por ejemplo, del Molino me parece progre en «El País» y no progre en Onda Cero. Y sobre todo, señore/as de JotDown (a propósito, ¿cuántas mujeres hay ahora en la dirección): si del Molino nos pareció tan imbécil fue porque descalificó JotDown como revista que solo leían los imbéciles. No incurran ustedes en el mismo error, se lo pido respetuosamente. Que leemos «El País» y escuchamos «A vivir…» sin ser imbéciles, que sabemos de qué pie cojea cada quién. Pero hasta que ustedes saquen un periódico y monten una emisora de radio, seguiremos escuchando «A vivir…» y leyendo «El País». Por no hablar del adjetivo «atávico»: ¿de verdad el machismo de los progres es nada más y nada menos que «atávico»?¿En serio?

        Pero vayamos a lo esencial: ¿es más reprochable un acto moralmente deleznable por el hecho de que la persona que lo realiza se compromete con esa moral que considera ese acto moralmente deleznable? Por ejemplo: ¿es peor el insulto racista de una persona antiracista o el de una persona racista? ¿Es peor el machismo de un misógino o el de un feminista? ¿De qué va la ética, de la coherencia -en ese caso un acto racista de un antiracista sería malo, mientras que un acto racista de un racista sería bueno- o de otra cosa?

        Dicho todo lo cual, entre el grupo Prisa y JotDown, yo siempre con JotDown, faltaría más.

        • Alex Solar

          Estimado contertulio digital :
          Si le parece, cambiamos el verbo, de «retar» a «instar», o «apremiar». Son algo así como parientes cercanos en lo semiológico.
          El término «burguesía» es correcto, tanto en sentido peyorativo como histórico, etc. Y en especial para los que nos consideramos hijos del pensamiento marxista.»
          Si un energúmeno, como algunos de este foro me llama «progre carca» (y «chileno», como añadidura peyorativamente) .acepto el escupitajo de manera estoica. Qué no habré sufrido en mis viejas barbas desde el aciago día en que , siendo un adolescente, llevaba en la solapa la insignia del candidato Salvador Allende en uno de sus intentos electorales allá por 1964.
          En España nunca voté por la socialdemocracia. Les vi de lejos el pelaje «burgués». Hijos de fascistas reconvertidos al credo democrático en colegios pijos y sacerdotales, como el tal Cebrián. Por cierto, leí su tabloide hasta que dejó de interesarme (ya no estaba Haro Teglen) y empezó su era digital. Me niego a pagar por información, que ya viene subvencionada y pagada, y que además influye en lo que publican. A veces leo a Espada en El Mundo, porque un amigo facha me lo regala.
          Ah, el Dart Vader de PRISA. Lo vi en un par de ocasiones en Menorca. Una, bailando en un guateque en casa de un amigo pediatra que tenía un casoplón en Sant Lluís. Otra vez, en el Hotel Port Mahon, cuando dialogaba con su invitado, Gabriel García Márquez. Nos miró a mi amigo pediatra de arriba a abajo, con recelo y petulancia.
          No sigo a Sergio del Molino. No escucho la radio sino para mis programas de música en la Clásica.
          Veo de vez en cuando a Sentidiño Fortes, al menos trae a escritores, historiadores, filósofos. Debería invitar a Don Ángel, el boss de este medio, aunque fuera por desagravio. Lo digo con todo respeto, mi intención no es tocarle «las bolas», como afirma el «benzodiazepino» majadero.
          En fin, ha sido un placer dialogar con Usted.
          Siga con salud, como decía, creo, Don Arcadi (el sofista más destropopulista de la prensa fachosférica).

  9. «Apresúrese», le dice ese comentario. Y que «no lo deje pasar».

  10. Clonazepando

    Oiga, Solar, lo de ”chileno” es descriptivo, de peyorativo nada. Yo soy mestizo, así que difícilmente descalificaré a nadie por su identidad. Eso sí, lo de ”progre carca” lo asumo sin lenitivos, eso sí es valorativo.
    Echo mi cuarto a espadas, por cierto. Nunca me gustó por intrínsecamente relativa y, por tanto, confusa la dualidad conservadurismo/progresismo. Progresista puede ser la derecha; ídem, la izquierda también puede ser conservadora.
    Además, no olvidemos que, como dijo el clásico, eso de derecha e izquierda es la derecha e izquierda de la burguesía. Así que prefiero definir políticamente con otras categorías: liberal, neoliberal, socialdemócrata, democristiano, etc.
    Hace cuarenta años ya me reventaban los progres retóricamente radicales y prácticamente reformistas, siempre al lado del sol que más calienta.
    Por supuesto, etic soy un progre/izquierdista para la derecha sistémica y no sistémica. Pero emic no me considero progre en absoluto, soy un marxista normalito.
    Por tanto, sí, aquí tienen a este humilde servidor, energúmeno y majadero, pero nunca progre.

    • No, Clonazepando. «Democristiano» era Eduardo Frei Montalva, ex presidente de Chile. Y apoyaron el golpe de estado contra Allende en Chile. En un momento dado, y esto es lo que los «marxistas normalitos» (que es lo que dice Usted que es, permítame dudarlo: ni «normal» ni «marxista») no entienden, buena parte de la ciudadanía «normalita» se pliega al fascismo, delatan , son cómplices del matarile. Por motivos de venganza personal, por ambiciones (Frei pensaba que le caería esa breva en la boca y murió esperando pues el tirano estuvo 17 años) o porque sienten que atacan «sus valores» (la propiedad privada, sus medios de prensa, la religión, permitir la legalidad del aborto o los matrimonios homosexuales, etc.).
      Cuando «queman las papas» no hay grises, solo blancos o negros. No hay «mestizaje político» que valga.Y esa viene siendo hoy la situación de España, lo mismo que hace un siglo.
      Coja su pala y cave trinchera. De lado de los malos, si quiere.

  11. Clonazepando Millenomis

    Solar, no se ciegue, es muy sectario, ¿ve? Carca progre o progre carca, tanto monta.
    A mí qué me cuenta de Frei… Yo no he dicho nada, ni bueno ni malo, de la democracia cristiana, solo la he mencionado como ideología.
    De ”mestizaje político” tampoco he dicho nada, usted verá. (He dicho que yo soy mestizo y no juzgo a nadie por su identidad)
    Vale, gracias, no soy normalito, ya lo sé, era por no darme ínfulas. Marxista sí que soy, ya me puede llamar majadero y energúmeno, pero no negarme que comparto el materialismo histórico.
    Beba más agua y relájese.

    • Detector de ínfulas

      ¿Marxista usted? ¿De Groucho, no? Porque no le he leído una idea de Karl en todo este tiempo. Más bien la alienación «as usual» de un ¿cincuentón? que en su día votó PSOE.

      • Clonazepando Millenomis

        Ni puta idea tienes, Detector.
        Es que en cuanto sales del surco del discurso establecido seas un facha tendrá que pasar, como todo lo hace, soy optimista.
        Esto de que gente que ni ha leído el Manifiesto sepa escribir tiene su mérito, por otra parte.

  12. Al amigo «Clon» lo han puesto en su lugar: de impostor.
    No he sido yo. Yo doy la cara siempre (o casi siempre).
    Me voy de vacaciones , en sentido figurado (no tengo ganas ni plata).
    Lamento que esate foro se haya transformado en un dimes y diretes de ataques personales, en vez de comentar los contenidos de los artículos. Mea culpa, que comparto con algunos oponentes.
    Que siga Jot Down con salud (Arcadi dixit), se puede no estar de acuerdo con su línea pero hay que reconocer que es estimulante, adictivo…una droga, vamos.
    A ver si me rehabilito y me puedo desintoxicar con buenas lecturas.
    Hasta la vista.

    • Clonazepando Millenomis

      Solar, efectivamente, tú y los que como tú os dedicáis sin parar a decir si esto o aquello entra o no entra en el dogma progre (o en el dogma facha) sois los que sesgáis el comentario de los artículos.
      Ande y que le den.

  13. César Fernández

    Puede que reciba algún papirotazo por lo que diga a continuación y, de antemano, prometo no responder. Otra cosa es que se me interpele de modo pacífico.
    El señor Clonazepando es un troll perverso que a veces hace gracia y a veces no. El señor Solar es una persona con recorrido e interesante, pero con complejo de superioridad moral y doctrinario.
    Algo que me parece muy atractivo de Jot Down es su pluralismo. Esto es una revista digital, no una logia ni un partido. Puedes leer de quienes son de aquí y de allá, el tono editorial es respetuoso. En definitiva, no hay apriorismos intelectuales ni bandería a la que haya que adscribirse para disfrutar del medio. Los comentaristas dicen lo que quieren y no tienen que seguir una línea para ser aceptados. Qué contraste con otros lugares digitales donde he visto que se me aceptaba hasta que un buen día discrepaba de la ”oficialidad”. Recuerdo dos sitios (ya hace años): el diario.es y Revista de Libros.
    De verdad, en estos tiempos de polarización cainita y absurda encontrar un espacio de calidad y respetuoso con todos es un tesoro para los lectores.
    Un saludo.

  14. El «Feminismo» y sus variantes fanáticas («FeminaZZismo», Misandria, Hembrismo) son los tontos útiles del Capitalismo consumista-hedonista-narcisista.
    Ha tenido que llover mucha ingeniería social para hacer hombres plancha-bragas sin testosterona y mujeres explotadas que delegan la educación de sus hijos en otra mujer o tienen perrijos (ni hablar de los gatos y los orfidales de las solteronas…).
    La lucha de clases abandonada por chiringuitos feminoides de todo pelaje (más de 20.000 Millones de Euros para política de igualdad); mientras las colas del hambre aumentan, la vivienda es prohibitiva, la cesta de la compra por las nubes y el Polonia ya es más rica que España (PIB per cápita).
    Feminismo que empieza a caer por su propio peso, el péndulo nunca falla; seguramente sea demasiado tarde para este país del «progreso»…

  15. Rojipardo descerebrado, lee un poco en vez de comer Cheetos mientras ves vídeos de YouTube, que eso sí que es malo para las hormonas y las neuronas.

  16. Seguro que eres de la secta del Frente Obrero, en la que todos piensan lo que diga el «amo » Vaquero. Hazte un favor: sal de ahí.

  17. José Antonio

    Hemos visto a Fortes en un medio público comportarse no como un periodista, sino como un hombre perfectamente cómodo dentro del poder cultural al que pertenece.

    Ha tratado con ligereza lo que exigía respeto, ha reído donde tocaba preguntar y ha protegido con su actitud al que tenía delante, porque lo reconocía como uno de los suyos. No necesitó censurar a nadie: le bastó con no incomodar.

    Y ahí se le ha visto.

    Se le ha visto el clasismo de quien admira al que domina el relato y no mira demasiado a quien queda debajo. Se le ha visto el machismo de quien acepta sin sobresalto que una mujer sea expuesta, juzgada y convertida en material de entretenimiento mientras los hombres conservan la dignidad y el anonimato. Y se le ha visto también esa superioridad moral tan cómoda de quien exige mucho cuando mira hacia fuera, pero se vuelve blando cuando el espejo apunta a su propio mundo.

    Fortes no quedó en evidencia por una mala pregunta, sino por no hacer ninguna. No por desconocer el problema, sino por no querer verlo. Su comportamiento mostró algo bastante feo: que también él participa de aquello que probablemente cree combatir.

    Lo más revelador no fue lo que dijo. Fue lo tranquilo que estaba mientras lo hacía.

  18. Es mejor para todos, especialmente para ti y la revista, que no hagáis editoriales. Limitáos a publicar artículos y que el público decida qué le gusta y que no. Una revista que trabaja con colaboradores de todo pelaje, no debería expresar la opinión de su director porque a él le apetezca o crea que es su deber.

  19. Petrus Máscaras

    He leído con avidez el libro de marras… y me he llevado un chasco.
    Me ha sorprendido lo mal redactado que está, esperaba más de Verdú.
    La cronología es un auténtico caos; tuve que releer y apuntarme todas las fechas para aclararme.
    No concreta ninguna de las supuestas interesantísimas conversaciones con las que que Mar de Marchis encandilaba y convencía, día si y día también y durante horas y horas cada día, a lo más granado del periodismo español.
    ¿Cuántas horas tenían los días de la protagonista, según este relato?, ¿y por qué no se mencionan más de 3 ó 4 nombres, de las docenas con las que Marchis trataba a diario?
    El autor entrevista a Juan Luis Cebrián… ¡y se limita a preguntarle por un tema tan secundario como la foto de Darth Vader!
    ¡Y otro capítulo entero para los patitos!.
    Todo el libro me ha parecido un juego de artificio, sin fondo alguno.

    Pero también me parece que Ángel Fernández no puede amagar continuamente con escribir la «versión auténtica» de los hechos… y no hacerlo de una vez, con la excusa de la familia.
    Si alguien está legitimado para escribir ese libro, es Ángel Fernández.

  20. Jaime Villamor

    Hubo un tiempo en que los políticos temían a los periodistas. Hoy da la sensación de que muchos periodistas temen perder el favor de los políticos, de los partidos o, simplemente, de su propia parroquia ideológica. Y ese cambio explica muchas cosas.
    Da igual que uno encienda RTVE, Atresmedia, Mediaset o cualquier otro gran medio. Cambian los rostros, cambian las líneas editoriales, pero con demasiada frecuencia se repite el mismo fenómeno: las preguntas más incómodas suelen reservarse para los adversarios, mientras que a los afines se les ofrece un camino mucho más cómodo. No es un problema de una cadena. Es un problema de oficio.
    Por eso el debate nunca debería reducirse a Xabier Fortes. Mañana podría llamarse de otra manera y la reflexión seguiría siendo exactamente la misma. Un periodista no demuestra su independencia cuando entrevista a quien piensa diferente; la demuestra cuando es capaz de incomodar a quien considera cercano.
    Oriana Fallaci lo hizo con presidentes, dictadores y líderes religiosos. Jeremy Paxman convirtió la insistencia en una herramienta periodística. Mike Wallace entendía que una entrevista era una prueba de resistencia para el poder. José María García nunca me cayó bien. Jesús Quintero tampoco. Pero ninguno de los dos parecía hacer una entrevista pensando en caer simpático o en proteger al entrevistado. Esa es la diferencia entre ejercer un oficio y representar un papel.
    Soy gallego y me gustaría que los periodistas de esta tierra fueran reconocidos por esa tradición de independencia y no por la prudencia. Porque el periodismo nunca ha consistido en hacer amigos. Ha consistido en recordarles a quienes tienen poder que alguien sigue dispuesto a hacer la pregunta que nadie quiere escuchar.

    • Teodoro León Gross (La muerte del periodismo, Planeta de Libros, Ediciones Deusto, 2024)) nos dice que el periodismo añora el tiempo en que era el «Cuarto poder». Esos tiempos se han acabado.
      Los diarios, según este autor, ya son un rol secundario en el sistema. También las televisiones. Entretenimiento para sedentarios, jubilados, etc. La radio, también. Cafeína auditiva para trabajadores a turnos nocturnos, ancianos solitarios.
      El verdadero poder está en las bambalinas del escenario, del tinglado, del teatro que ejercen presentadores, tertulianos y demás ralea.
      Estuve en Nicaragua, en los ochentas, en plena revolución sandinista. Un free lancer al estilo Kapuscinsky, que vio como el corresponsal de Newsweek y otros eran los predilectos de Ortega.
      En una ocasión lancé una pregunta a Alfonso Guerra en una rueda de prensa ofrecida en la casa que alquiló para vacacionar en Menorca (Pincho se bañaba por la cara en la piscina de los vecinos británicos, ausentes). «¿Por qué el gobierno socialista de España comercia con armas para el fascista de Pinochet?».
      Lo negó. «Ud. miente o está mal informado», me espetó.
      El «problema del oficio» es el problema del sistema. Por otra parte, Internet, las redes sociales, han convertido al periodismo en un zombi.

  21. Yo solo lo puedo decir que la actitud de Fortes en redes ha sido como poco decepcionante. Tenía una visión de periodista con rigor y calma, y él solito se ha desvelado como una persona bravucona y maleducada. Ha perdido mi respeto, y mis ganas de verlo en TV

  22. Lo malo de un artículo como éste es que no informa de nada. Es la crítica visceral de alguien que cree que los demás padecen la obsesión que parece que a él le corroe por dentro.
    «Tampoco va, en rigor, contra Xabier Fortes, aunque su nombre encabece estas líneas».
    Pues te ahorras la cita al periodista y la foto malintencionada, y expones lo que a ti te ofenda. Ahora, alguien que ondea la bandera feminista con ánimo de que el personal entre al trapo, sin razonamiento y al margen de hechos que valga, tampoco pertenece a la progresía. Exhibe maneras fascistas.

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