Nació en Roma en 1927, tiene la sintaxis castellana metida hasta los tuétanos y, aunque no cree en la idea de progreso, vive en el barrio de Prosperidad (alguna vez me pareció verlo de lejos, como un Pynchon fantasmal, paseando por López de Hoyos). Pasa de la vida literaria y se limita a escribir desde su cueva. Es el último sacerdote de la palabra. Cualquiera diría que ha jurado los votos de castidad, no-humildad y pobreza sobre las tapas de la Gramática de Nebrija, o mejor aún, sobre la Teoría del lenguaje de Karl Bühler. Un buen día descubrió la hipotaxis, que se convertiría en la anfetamina de su prosa tras la prohibición de la Dexedrina con la llegada de la democracia; al parecer, el castellano está especialmente dotado para estas relaciones sintácticas de subordinación que pueden estimular la argumentación y la caligrafía hasta límites imposibles, como una droga de la escritura.
Con menos de treinta años había conquistado la gloria literaria, pero lo que otros habrían celebrado como un extraordinario festín de vanidad él lo interpretó como una vejación (“el grotesco papelón del literato”) y quiso huir de la farándula encerrándose en sí mismo, para dedicarse en pleno a los estudios gramaticales. Durante más de una década llevó un régimen de vida monacal (espartano o hedonista, según se mire): se tomaba unas anfetaminas, se encerraba en un cuarto con las persianas bajadas, para que no entrara la luz del día, y se pasaba cuatro días seguidos sin dormir tomando apuntes sobre cuestiones lingüísticas. Después se ponía a dormir durante casi un día entero para recuperarse. Estaba por entonces casado con la escritora Carmen Martín Gaite, y a sus amigos les decía: “Carmen es como una viuda que tuviera el muerto en casa”. En uno de esos trances anfetamínicos, en compañía de Agustín García Calvo, vio un descendimiento de Cristo en las manchas de la pared.
Después del éxito apabullante de El Jarama no publicaría ningún libro durante tres décadas. Unos dicen que Ferlosio dejó de escribir novela por aburrimiento, otros porque le parecía poca cosa (tonterías sin valor ni importancia) y otros porque descreía de la ficción. Según Gil de Biedma, lo hizo simplemente por joder, algo muy típico del español. En una magnífica semblanza, Delibes sentencia: “Ferlosio será siempre Ferlosio, es decir, un hombre que haga lo que haga —vivir o escribir— lo hará siempre a su aire, desdeñando la rutina y las convenciones sociales. […] Ferlosio es honesto consigo mismo; esto es, su determinación [de no escribir más novela] —definitiva o no, equivocada o no— no es el fruto de una pose, sino consecuencia lógica de su carácter”.
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Me he llevado un pequeño chasco porque al leer el titular pensé que era una entrevista pero me lo he leído enterito. Muy buen artículo.
El Jarama es el horror.
(el horror, el horror, si, si rianse de Kurz y Wilard y las Walkirias.
Es una perfecta máquina gramatical que comienza con una cita perfecta (una descripción tomada de un tomo de geografía de la cuenca del Jarama), casi bucólica de puro botánica y descriptiva.
En giro perfecto la descripción continua, a partir de ahí con la descripción objetiva de la geografía moral, cotidiana, vacia del tardofranquismo con toda su ignorancia y todo su aburrimiento.
Yo no la consideraría una novela representativa del tardofranquismo (de su crítica), dada la época en que fue escrita. Se encuentra más cercana a «Nada» de Laforet, que a las novelas de los años 60 y 70 del palo.
Si es que se la puede circunscribir a «género» alguno, como a su propio autor.
La gran novela en español del siglo XX.
Ja, ja, qué bueno, «El Jarama» un horror.
«El Jarama» es una obra maestra de la literatura universal del siglo XX. y «Alfanhui» otro tanto, diga lo que diga su autor (al que amo profundamente, aunque no se deje) diga lo que diga el autor de este artículo y digas lo que digas tu.
¡No hombre no! No dijo «un horror», sino «el horror», lo cual equivale a decir que era una obra maestra a la altura de la novela «El corazón de las tinieblas».
Jjajajajaja…
Buen artículo. Ha despertado mi interés por un escritor al que no conocía más que por el nombre y alguna foto.
Lo que más me choca, a parte de sus peculiares hábitos, es que culpabilice a Disney de un fenómeno que ya se daba -por ejemplo y sin ir muy lejos- en los cuentos de Grimm, Christensen o las fábulas de La Fontaine y que tampoco que creo que haya tenido las nefastas consecuencias que le otorga. Lo único que hizo Disney fue trasladarlo al lenguaje audiovisual (y almibararlo un poco o bastante, pero eso ya es otro tema).
Me corrijo: me refería a los cuentos de Andersen.
«En cambio, deberían prescribir la lectura de sus cuentos El huésped de las nieves y El escudo de Jotán»
Deberían mejor proscribir esos libros; la manera más efectiva de ejercer atracción.
Buen artículo.
Al autor del artículo: deja ahora mismo lo que estés haciendo y corre a leer Alfanhui. No sé por qué no pudiste en su momento, pero cuando vuelvas sobre ello no te perdonarás no haberlo hecho antes.
Lo haré, Fernando. A ver si este verano, en vacaciones.
Como dice Tu Quoque, no hay mejor forma de alejarte de un libro que el que te lo pongan como lectura obligatoria en el Instituto.
Aunque no lo menciono en el artículo, hay otro libro de fragmentos que os recomiendo a todos: «Vendrán más años malos y nos harán más ciegos».
Gracias por los comentarios.
sus libros menos famosos son bastante inencontrables, me temo.
si a alguien le interesa el personaje como tal, sanchez drago le hizo una entrevista en un doble programa donde su hurañez bate records absolutos con momentos salvajemente hilarantes de silencios sepulcrales.
j
Sé que puede parecer raro, pero muchas personas tímidas son hurañas. En esa entrevista que concedió a Dragó, a mí Ferlosio me pareció una criaturita, dicho esto sin ánimo de reprochar u ofender. Es un ser inofensivo, cándido en el mejor sentido de la palabra, porque la candidez y la inteligencia no tienen por qué ser mutuamente excluyentes. También está un poco ensimismado, algo que quizá comparta con otros hombres de letras, que parecen vivir en su mundo particular.
Ha tenido mucha suerte de dedicarse a la escritura; las personas tímidas sufren más que quienes no lo son, y si Rafael se hubiese dedicado a otra profesión, lo habría pasado mal. No me lo imagino de vendedor a puerta fría.
Me encantan sus novelas. Pero, sobre todo, me encantan sus ensayos: «Sobre la guerra» y «God & Gun» especialmente. Y me gusta que él mismo sienta disgusto al comprobar el nivel de convicción que parece tener cuando escribe; es la inseguridad la característica que mejor define al sabio. Porque el sabio sabe que no lo sabe todo y que, con frecuencia, el ser humano siente «amor a los errores», como decía Séneca. El sabio se caracteriza por anularse un poco, y eso lo diferencia de los demás, que no se anulan, sino que se reivindican y se reafirman casi con agresividad, tal vez por simple necesidad, pues, más allá de los libros y el estudio, la vida es complicada.
La entrevista
http://www.rtve.es/alacarta/videos/premios-cervantes-en-el-archivo-de-rtve/entrevista-profundidad-escritor-sanchez-ferlosio-1-programa/740660/
«Dice escribir con el deseo de tener razón y con el propósito de convencer a los demás. Ese “cargarse de razón” es, quizá, la coraza que se construye para poder enfrentarse al mundo desde su frágil condición de buena persona.»
Una duda que agradecería que el autor me aclarara: ¿dónde o cuándo ha dicho Ferlosio que escribe con ese propósito? He leído todos los textos citados (incluidos Alfanhuí y El Jarama: un error no haberlos leído antes de escribir un artículo de este cariz) y jamás he percibido en Ferlosio interés implícito ni explícito en convencer a nadie; más bien lo recuerdo criticar con frecuencia y sin piedad a la gente que gusta de «cargarse de razón», vicio que, si no me engaña la memoria, Ferlosio encuentra característico del español (el pueblo, no el idioma).
Gracias anticipadas. Un saludo y enhorabuena por el artículo.
«[…] como estoy irrecuperablemente anclado en el Ancien Regime y todavía escribo con el anticuado deseo de tener razón y de convencer a alguien de algo que me parezca cierto, tanto la duda […]» (La forja de un plumífero)
Pero creo que lo ha dicho también otras veces.
Un saludo y gracias.
de hecho, tiene un miniensayo (pecios, los llama) donde se dedica a darle vueltas a la expresión «cargarse de razón» y utiliza las escenas cómicas de «el gordo y el flaco» como comparación que es más que divertida.
j
Al autor: muchas gracias por la cita, que no recordaba. Aunque (sin ánimo de polemizar) no sé si el espíritu de las palabras de Ferlosio (escribir para «convencer a alguien de algo», como tirando por lo bajo en sus aspiraciones) queda reflejado en la idea de escribir para «convencer a los demás», objetivo menos humilde (y que, quizá erróneamente, yo no percibo en el tono general de los textos de Ferlosio). Saludos y gracias de nuevo por la respuesta. (Todo el Archipiélago dedicado a Ferlosio, el que incluye La forja de un plumífero, es una lectura deliciosa: recuerdo por ejemplo el texto de Savater, al que tan bien pone a menudo en su sitio su imagino que amigo Ferlosio cada vez que éste descubre la trampa en las aparentemente impecables argumentaciones del filósofo; éste encuentra la metáfora perfecta para describir el impulso creador del Ferlosio ensayista: la del perro que rastrea sin descanso hasta que encuentra la que, según le indicaba su olfato, era su presa.)
A De Ventre:
Pero, por lo que recuerdo, ese divertido texto (¿tienes la referencia?) critica o ridiculiza a la gente que gusta de cargarse de razón, ¿no? O quizás lo interpreté mal cuando lo leí, hace ya mucho…
no, simplemente, le da vueltas a la expresión en la medida en que es un verbo activo, pero una acción pasiva y blablabla.
j
Jajaja buena explicación, ¡muchas gracias!
En cualquier caso, Jerry, no veo que sea incompatible una cosa con la otra: no le gusta esa gente que se carga de razón pero a veces al releer sus ensayos detecta eso mismo que detesta (igual que odia España pero no puede dejar de ser español). Es una autocrítica… con su carga de ironía, creo yo.
Pero, vamos, nada más lejos de mi intención que cargarme de razón en este punto. :-D
:) no no ni por mi parte. Es interesante debatir y Ferlosio lo merece, nada más. :) Buen artículo y buena elección de tema. Ahora a leer Alfanhuí y El Jarama, los vas a disfrutar! :) yo pienso releerlos inmediatamente. Y luego El alma y la vergüenza, que creo que es mi recopilación de ensayos y artículos favorita. Saludos!
Por lo que recuerdo, Sánchez-Ferlosio desprecia el «cargarse de razón» por ser una estrategia, un medio de justificar la reacción que se avecina por parte del que se ha cargado de razón. Pone ese ejemplo de una escena del Gordo y el Flaco en la que por despiste el Flaco empieza a pintar con una brocha la cara del Gordo, y éste en vez de avisarle le deja hacer, cargándose de razón para insultarle. Más grave es cuando EE.UU. se carga de razón para atacar a algún país: sufrida una agresión (11 M) al poderoso imperio le sobran razones para atacar allá donde digan su inteligencia militar. Precisamente Ferlosio es muy fino delatando esas expresiones tan comunes como , «merecido descanso», «sana alegría» o «verdades como puños».
Saludos.
de cara a la r
Siempre sabiendo lo que tienen los demás por dentro; como todos los literatos; y no digamos si encima periodista.
Excelente, Ernesto. Así es don Rafael, de quien creo haberlo leído todo -lo que vio la luz-, y si no todo, casi. Si este fuera un país algo más escolarizado, leído y agradecido, su nombre andaría en boca de muchos más, en los suplementos dominicales de los periódicos, en los magacines, en las listas de libros sugeridos para cumpleaños, Reyes y demás, o en las referencias de nuestros escritores consagrados (por la prensa y las grandes superficies, por ejemplo, entre tanta mesa de consagración que hay), en lugar de ser ese gran desconocido casi siempre.
Gracias infinitas por estar al otro lado de las trincheras.
Perdón:-) No fue querer daros gato por liebre en lo de la web requerida, fue mi natural sentido de desorientación virtual.
«Vendrán más años…» es un libro maravilloso lleno de pepitas de sabiduria. Adjunto enlace a un breve texto que he escrito sobre uno de sus pasajes más enigmáticos (el que se refiere a la ceguera del título) por si a alguien le interesa echarle una ojeada:
http://bailarsobrearquitectura.wordpress.com/2014/03/19/imagen-y-ceguera/
Saludos y enhorabuena por el blog!
Iago López
Pingback: El huésped de las nieves. Rafael Sánchez Ferlosio | Biblioabrazo
Buenísimo artículo. Ferlosio es el mejor escritor para mí que tiene España. Aparte de las lecturas escolares solamente he leído de él sus Pecios y QWERTYUIOP… es lo más brillante que he leído con mucho de mis contemporáneos españoles. Leeré todo lo suyo en los próximos años, Dios mediante. Se nota que el autor del artículo le profesa la misma admiración que uno. Gracias. Larga vida a Ferlosio.