
Partes anteriores: Primera, segunda, tercera.
Imaginen a un precoz talento de veinte años establecido en la élite de un deporte. Lleva varias temporadas entre los primeros clasificados del mundo y desde la adolescencia se le ha reconocido como a un superdotado; es más, a tan temprana edad, los auténticos límites de su talento no se vislumbran todavía. Lo normal sería que ese joven prodigio deseara participar con la mayor frecuencia posible en la alta competición. Que quisiera aprovechar cada mínima ocasión para medirse con los mejores, para obtener experiencia… para intentar comerse el mundo, en definitiva. Pues bien, a mediados de los años 60, el veinteañero Bobby Fischer hizo exactamente lo contrario. Apenas se dejaba ver en la alta competición. Aparecía en dos o tres torneos al año; a veces, ni eso. Incluso dejó pasar algunas valiosísimas ocasiones de intentar pelear por la corona mundial. Nadie conseguía entender al complejo e imprevisible Bobby. Parecía enfrascado en una competición paralela donde no solamente los demás ajedrecistas eran sus rivales, sino en la que también tenía que combatir a los organizadores de los torneos, a los periodistas, y a cualquiera que le llevase la contraria. De todos modos, serían precisamente esa actitud beligerante y su fuerte personalidad las que ayudarían a construir un aura única en torno al joven genio de Brooklyn. Eso sí, a costa de desperdiciar algunas de las mejores oportunidades de su carrera.
Ocho torneos en cuatro años
Recordemos que Fischer había tenido una participación inesperadamente anodina en el Torneo de Candidatos de 1962, celebrado en Curaçao, donde jugó de manera irregular sin conseguir hacer frente al poderoso contingente soviético. Recordemos también que el propio torneo quedó eclipsado por aquel artículo en el que acusaba a los rusos de amañar el camino hacia el Campeonato Mundial, un artículo que forzó a la FIDE a cambiar el formato de la competición. Pues bien, tras la tormenta de Curaçao llegó una completa calma. Bobby Fischer comenzó a aparecer cada vez menos en torneos de primera magnitud. Al principio nadie lo sospechaba, pero aquello terminaría convirtiéndose en un periodo de cuasi retiro competitivo que se iba a prolongar durante años. Una circunstancia que, sin embargo, no le impidió seguir añadiendo espectaculares logros a su creciente currículum. Participaba en pocos eventos, sí, pero en algunos de ellos obtuvo resultados extraordinarios, dignos de pasar a la historia.

Durante 1963, Fischer no viajó al exterior para disputar grandes competiciones internacionales. Es más: fiel a sus exagerados pero firmes principios, se negó a participar en la primera Piatigorsky Cup, organizada por la gran mecenas del ajedrez estadounidense Jacqueline Piatigorsky. Bobby, como ya narramos en el anterior capítulo, había tenido un agrio enfrentamiento con ella dos años atrás a causa del match frente a Samuel Reshevsky. Todavía resentido y considerando —no sin razón— que había sido injustamente tratado, declinó la invitación de madame Piatigorsky y despertó una oleada de habladurías en un mundillo poco acostumbrado a semejantes muestras de rebeldía. Aunque la mayoría de los observadores atribuyeron la actitud contestataria de Bobby a una comprensible fogosidad juvenil, otros ya empezaban a imaginar que Fischer sencillamente era así y que resultaba probable que fuese a cambiar poco en un futuro. Por lo demás, aquel año únicamente participó en tres torneos, los tres celebrados en su país y, aunque eran de cierta importancia, ninguno de ellos podía considerarse de primera categoría internacional. Eso sí, demostró que su dominio en el ajedrez norteamericano era total, aplastante. Primero, en un torneo celebrado en Michigan, obtuvo un resultado de 7-1-0: siete victorias y un único empate. Lo mismo sucedió en otro evento similar donde terminó con un 7-0-0, ganando sus siete partidas sin ceder siquiera unas tablas. Resultados muy poco frecuentes en el ajedrez, espectaculares sin duda, pero que venían a demostrar lo que ya se sabía: que el joven Fischer estaba al nivel de los más grandes jugadores del mundo y que aquellos torneos de “segunda fila” se le habían quedado pequeños.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Bobby Fischer (III): L’enfant terrible
Pingback: Bobby Fischer (IV): “¿Qué le pasa a Fischer?”
¡Pero por Dios no me dejes asi!. Por favor no tardes con el siguiente capitulo…..
Buenísimo, con ganas de «La Era Fisher»
Excelente artículo. Incluso voy a recuperar el tablero, que tengo en el trastero desde niño. Gracias
Y todavía queda lo mejor, tanto «ajedrecísticamente» como fuera de los tableros.
Recuerdo leer hace ya unos cuantos veranos, con el tablero en la mesa, el tomo de «Mis geniales predecesores» dedicado a Bobby, y quedarme con la mandíbula desencajada viendo la que monta Fischer entre el 70 y el 72 en el tablero; y la que prepara fuera de ellos en Reikiavik.
Enhorabuena por esta serie de artículos, es sensacional.
Excelente, como toda la serie. Hay un pequeño error tipográfico: es Aivars no Alvars*.
Cómo puedo conseguir los otros artículos? Gracias
http://www.jotdown.es/2013/04/bobby-fischer-iii-lenfant-terrible/
Hola ninona;
He añadido enlaces a los capítulos anteriores al inicio de este artículo.
Un cordial saludo.
Estimado Rodriguez: un place todos los capítulos. Espero ansioso el resto. Felicitaciones!
Extraordinaria serie de artículos. Un relato apasionante muy bien narrado. El ajedrez tiene infinidad de historias como esta.
Saludos.
Es la mejor serie de artículos de Jot Down.
No lo puedo poner en duda.
La de Lucky Luciano es completamente brutal también. Los artículos de EJ Rodriguez son los que más me gustan de Jot Down con diferencia. Gran trabajo.
A mi me encanto el serial de Pete Maravic. De E.J. también. Contando historias no tiene comparación.
Y el de la crisis de los misiles de Cuba, que no se me olvide.
Un largo largo articulo, pero genial! :)
Excelentes artículos. Increíble trabajo de recopilación y exposición de información.
Toda mi admiración!! Seguid así! :)
Más, por favor!!
Cuando cojones sale la siguiente parte!!!!!! agggggg
Genial esta serie sobre Fischer. Mi enhorabuena a E.J. Rodriguez.
Buenísimos los cuatro artículos. Quedo esperando el siguiente, como los demás.
Un mes esperando impacientemente la «V»!!!! no te alargues mucho mas!!!
Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Bobby Fischer (V): La máquina de aplastar rivales
Pingback: Bobby Fischer (VI): Comienza la guerra
Pingback: Bobby Fischer (VII): En la cumbre
Pingback: Bobby Fischer | El juego es cultura