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Bobby Fischer (III): L’enfant terrible

Pinball
“Asumimos que los genios son criaturas bendecidas que no tienen que trabajar duro para conseguir sus objetivos. Lo que es difícil para nosotros, resulta fácil para ellos. Pero Bobby, cuando era un niño —con un cociente intelectual que bordeaba los 200 puntos—, le dedicaba al ajedrez de diez a quince horas de esfuerzo mental y fuerte concentración, algo que mataría a una persona normal… o al menos me mataría a mí” (Dick Cavett, presentador de TV, en la presentación de su entrevista a Bobby Fischer)

Llegó, vio… pero dio unas cuantas vueltas sin rumbo fijo antes de vencer. El más grande niño prodigio de los años cincuenta se hizo notar por su imprevisible carácter mucho antes de convertirse en el campeón mundial. Sin haber cumplido la veintena, ya se había enfrentado al establishment ajedrecístico, a los organizadores de torneos, a los mecenas, a los soviéticos, a su propia madre. Era él contra todos; no toleraba que nadie le dijese lo que tenía que hacer y, cuando pensaba que tenía razón, no se doblegaba ante nada, renunciando incluso a dinero y títulos. Durante los años sesenta,desperdició dos ocasiones valiosísimas de pelear por el título mundial. A punto estuvo de dejar pasar una tercera. La mayor parte del público sabe, aunque sea de forma superficial, de su tenso encuentro contra Boris Spassky en 1972, cuando la Guerra Fría parecía estar disputándose sobre un tablero de ajedrez y los medios de comunicación del planeta entero estaban pendientes del evento; todos hemos visto imágenes de aquella final mundial que revestía tintes casi prebélicos. También son conocidos los problemas que Fischer tuvo tras su retirada (o, más bien, tras su sorprendente reaparición en 1992) y sus tristes años finales, perseguido por la ley de su propio país de manera implacable e injusta, y además convertido en un extremista cuyas opiniones, a veces muy lamentables, fueron juzgadas por muchos como propias de un demente. En todo caso, la mayoría de documentales sobre su vida que podemos ver por ahí suelen centrarse en esas dos etapas: el duelo con Spassky y la decadencia personal. Pero, mucho antes de eso, nuestro protagonista ya se había convertido en una figura mediática universal. A lo largo de los años, su peculiar personalidad y su tremendo carisma fueron transformando a Bobby Fischer en el deportista más famoso del mundo, junto a Muhammad Ali y Pelé, aun sin haber ganado todavía la corona mundial. Su carrera deportiva en aquellos años previos al título fue de lo más accidentada, pero también extremadamente brillante. Es más, en sus mejores momentos fue una de las carreras más brillantes que hayan existido en cualquier deporte. Fischer fue una figura fundamental para el ajedrez, compleja disciplina que prácticamente llegó a reinventar por sí solo, pero además fue un individuo único en muchos otros aspectos. En su momento ya dedicamos un artículo a narrar su infancia (primera parte,  segunda parte), así que iba siendo hora de hablar de otro período de su vida: los años que transcurrieron entre su nombramiento como Gran Maestro a los quince años de edad, y su definitiva consagración como mejor jugador del mundo; los años en que se convirtió en el enfant terrible del ajedrez.

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52 comentarios

  1. Interesante articulo. Pero la verdadera piedra en el zapato de Fischer eran Geller y, a bastante distancia, Korchnoi.

    Geller le pegaba unas hostias tremendas en partidas tipicamente muy complicadas, y acabo con score favorable a Geller. El Fischer del periodo que va del interzonal de Palma al campeonato del mundo era inmenso, pero a saber que habria pasado en un cruce con este.

    • E.J. Rodríguez

      Hola, Patillotes:

      Geller tenía efectivamente un score favorable con Fischer y supongo que podrías considerarlo su «bestia negra»… pero solamente hasta 1967. Geller sabía que el juego «irracional» sacaba a Fischer de su área confortable (lo cual no era ningún secreto por otro lado) y usó esa táctica con éxito bastantes veces, especialmente en las dos famosas victorias del 67. Sí, hubo otras victorias antes, pero Fischer era todavía más joven.

      Pero (y este es un gran pero) en 1970 las cosas habían cambiado. Fischer se había convertido en un jugador temible y no ya porque lo dijera él. Los demás Maestros se lo estaban reconociendo. Si tomas la estadística fría y dura, parecería que Geller aún era un hombre a batir para Fischer, ya que le había ganado de manera convincente las partidas más «recientes» (las del 67)… pero la realidad era bien distinta. En 1970 Fischer ya estaba en su apogeo y Geller era muy consciente de ello. Pese a ese score positivo, creo recordar que en el Interzonal de Palma Geller ofreció tablas tras unas pocas jugadas y Fischer se negó sonriendo. El norteamericano terminó ganando la partida y fue la única derrota que Geller sufrió en todo el Interzonal.

      Complicar las partidas y llevarlas a un límite incierto frente al Fischer de 1967, en Skopje o Montecarl,o era una cosa. Hacerlo en un Interzonal contra el Fischer de 1970 era otra cosa bien distinta (de hecho, Geller no lo hizo). Y haberlo intentado en un hipotético match del Candidatos de 1971… definitivamente parece mala idea. Me cuesta mucho creer que el Geller de 1971 hubiese podido tumbar al Fischer de ese mismo año en un match del Candidatos. Piensa en el tiempo que ya había transcurrido desde 1967. Fíjate en lo que Fischer hizo con Taimanov, Larsen y Petrosian. No digo que hubiese hecho exactamente lo mismo con Geller —nunca lo sabremos— pero la evidencia dicta que Fischer tenía todas las de ganar.

      En 1970-71 eran las derrotas frente a Spassky (no frente a Geller) las que se le echaban en cara al norteamericano en plan «con este tipo sí que no vas a poder». Geller cayó en 1970. Pero Spassky ganó una partida a Fischer ese mismo año… y muy brillantemente además, terminando entre aplausos. La clase de partida que parecía indicio en aquel momento de que ya solamente Spassky seguía siendo superior a Fischer. Nadie pensaba algo así sobre Geller en el 70.

      Un cordial saludo.

  2. Otra vez mas un artículo increible, nunca me he interesado por el ajedrez mas allá de jugarlo muy puntualmente, y tú artículo provoca que quiera conocer más del juego, pero sobre todo de Bobby Fisher, espero que esta vez no tardes mucho en sacar la cuarta parte (o sí, si es tan buena como esta).

    Mi enhorabuena!

  3. Para los que sólo sabemos mover las piezas, estaría bien explicar en qué consiste un juego arrollador, uno conservador, lo que es imaginativo, técnico, de esta escuela o de la otra…

    • E.J. Rodríguez

      Hola, Al:

      Es una buena pregunta, aunque algo complicada de responder, pero lo intentaré:

      A grandes rasgos, hay dos tipos de jugadores (en realidad hay más, pero reduciendo a lo básico para entendernos): los jugadores de ataque y los posicionales.

      Un jugador de ataque busca la oportunidad de tumbar rápidamente al rival con un jaque mate, producto de una súbita e inesperada combinación de jugadas que se salen de lo previsto. Sin embargo, ese golpe táctico puede fracasar si el rival consigue desentrañar el plan: normalmente un ataque fracasado produce un fuerte contraataque del rival. Así que la combinación ha de ser lo bastante compleja como para que no resulte fácil defenderse de ella y un atacante requiere mucha imaginación, además de la capacidad para analizar intuitivamente posiciones muy complicadas que van más allá de la teoría y del cálculo racional. Su combinación suele contener inexactitudes, pero como el ajedrez se juega con reloj, no siempre el rival consigue averiguar a tiempo la manera de contrarrestar ese ataque. Los grandes jugadores de ataque son minoría, quizá porque el estilo es muy arriesgado (sería el equivalente de jugar “a la brasileña” en fútbol: todos al área contraria pero descuidando la defensa) y también porque como digo se necesita un tipo muy especial de intuición que va más allá del cálculo. Kasparov decía que en una de sus mejores y más famosas partidas de ataque —contra Topalov— se dejó llevar por la intuición, no por el cálculo. Al principio no sabía cómo acabaría su combinación, pero el instinto le decía que tenía que lanzarse a por ese ataque. La intuición e imaginación, pues, son importantes para el ataque.

      Por el contrario, el jugador posicional evita esas situaciones de riesgo. Quiere tener todas sus piezas ordenadas, sin que haya agujeros en su defensa, y espera a que el rival cometa más fallos y acabe perdiendo la partida por un margen escaso. Necesita otro tipo de habilidad: una gran capacidad de cálculo y saber percibir “de un vistazo” el equilibro de la posición sobre el tablero, dónde están los puntos débiles y fuertes de la estructura de piezas. Evaluar la posición rápidamente es una capacidad innata que han de poseer. Por lo general, los jugadores posicionales quieren ir acumulando pequeñas ventajas que se sumen al final, en vez de buscar una gran ventaja decisiva con un arriesgado ataque.

      Así, un jugador de ataque busca apuñalar al contrario. Un jugador posicional clásico espera a que el contrario tropiece por sí solo.

      Fue precisamente Fischer quien popularizó otro estilo, el “posicional activo”: quería tener sus piezas en orden, pero se las arreglaba para crear una creciente presión en el rival. No un ataque feroz, pero sí crearle al contrario un problema aquí, otro problema allá… hasta que el rival tenía tantos problemas sobre el tablero que no sabía cómo salir. Fischer no se limitaba a esperar, pero en vez de apuñalar, lo suyo era más como estrangular lentamente. Karpov siguió en su línea, aunque su estilo sea menos entretenido de ver.

      Así pues, a muy grandes rasgos, tienes por ejemplo:

      —El atacante clásico, típico del siglo XIX (p. ej. Andersen) que busca el jaque mate con una combinación sorprendente. Esa escuela siguió con Alekhine o Tal, jugadores que querían ante todo una partida de ataque bella y espectacular.
      —El jugador posicional clásico, que simplemente espera a que el rival cometa fallos o a ir acumulando pequeñas ventajas que al final decanten la partida en su favor. Como Capablanca, Smyslov, o un estilo más defensivo y pasivo como el de Petrosian.
      —El jugador posicional activo, que (sin renunciar al orden) busca activamente obtener esas pequeñas ventajas hasta ahogar al rival, como Fischer o Karpov.
      —El jugador universal moderno, que combina posición y ataque. Unos tienen tendencia a ser más agresivos, como Kasparov o Shirov, otros son más tranquilos. Y otros no tienen un estilo definido y se adaptan a cada situación, como solía hacer Spassky.

      Pero esto es solamente una aproximación. Los ajedrecistas no siempre juegan igual; depende del rival, del contexto o incluso del momento de su carrera en que se encuentran. Muchos han evolucionado de un estilo a otro a lo largo de su carrera. Y también hay que tener en cuenta que un mismo estilo ha cambiado según las épocas: por ejemplo, hoy en día no podría jugarse un ataque tan kamikaze como los de Andersen en el siglo XIX, ya que cualquier ajedrecista de nivel está preparado para contrarrestarlo.

      Espero haberme explicado más o menos, aunque sea.

      Un cordial saludo.

      • su explicación es muy buena, señor Rodríguez, pero me gustaría matizar. Creo que habría que distinguir entre dos escuelas: jugadores combinativos y jugadores posicionales. Está estudiado que en el cerebro humano existen dos capacidades intelectuales al evaluar un problema: la facultad analítica y la facultad sintética. La primera de ellas es la dominante en los jugadores combinativos (Andersen, Chigorin, Alekhine, Bronstein, Tahl, Kaspárov, Topálov…), la segunda es la dominante en los jugadores posicionales (Capablanca, Smyslov, Kárpov, Krámnik, Carlsen…). El jugador combinativo se decanta por posiciones más complejas, con muchas variantes para calcular, a fin de explotar su pericia en el ámbito combinatorio. Es ahí donde se encuentra en su elemento, mientras que carece del tacto intuitivo de los jugadores posicionales. Éstos, por el contrario, tienen una maestría casi inhumana para percibir lo esencial de una posición con un golpe de vista, para saber cuáles son las piezas buenas y las malas, las casillas esenciales, las debilidades de la posición contraria, por eso encuentran su elemento en las posiciones llamadas «sencillas», mientras que suelen «perderse» algo en las posiciones agudas. No creo que sea precisa la distinción entre jugadores posicionales y jugadores de ataque puesto que, esencialmente, el ajedrez es un juego de ataque y también los llamados «conservadores» (Krámnik o Kárpov, por ejemplo) atacan las piezas contrarias, sólo que su estilo es más lento. Me gusta la distinción boxística. Los jugadores combinativos buscan el ko, mientras que los posicionales se decantan por el estrangulamiento. La singularidad profunda del juego de Bobby Fischer, creo, es que siendo un jugador de naturaleza analítica (era un virtuoso del cálculo, como dijo Botvínnik) y con no una acendrada sensibilidad posicional (en el nivel de los gigantes, claro, pero no tenía el mismo instinto que un Capablanca o un Carlsen, por ejemplo), se decantaba en su juego por un estilo posicional que buscaba el estrangulamiento. Llamémoslo posicionalismo activo, vale. Pero creo que esa era su singularidad, lo que le hizo único.

        • AlessKnight

          Tienes mucha razón, pero aún en las aperturas «mas tranquilas» como lo son las de peon dama o inglesas -aperturas cerradas-, existen variantes netamente combinativas, no es necesario ser un jugador «siciliano» para estar «en su elemento» caso de los jugadores romanticos o de ataque, por ejemplo Frank James Marshall creador del famoso «contragambito Marshall» era un fortisimo jugador de ataque y ¡casi siempre jugaba aperturas cerradas! a más de esto cabe destacar que estreno la variante contra Capablanca antiguo Campeon Mundial y que este ultimo manejo la partida, aun de ataque, aun partida abierta -española-, aun sin muchos peones centrales, la menejo como si de partida «tranquila se tratase». Saludos.

      • Perfectamente, muchas gracias :)

  4. Peter Guillam

    Brillante artículo. Solo un pero, Tal y Fischer estilos opuestos. Tal y Petrossian sí. Es que en este caso no es el mejor ejemplo.

    • E.J. Rodríguez

      Hola Peter:

      Bueno, es que Tal y Petrosian son dos casos extremos, lo más opuesto que podía haber en el espectro. Pero también Tal y Fischer eran opuestos, por qué no. Cierto es que Fischer no era Petrosian, incluso tiene algunas grandes partidas de ataque (sobre todo en su adolescencia), pero generalmente era un jugador posicional, no un atacante nato.

      De hecho, los soviéticos solían insistir (no sin cierta razón) en que Fischer tenía problemas cuando las partidas eran confusas y requerían más intuición que cálculo. Un problema que Tal nunca tuvo: cuanto más confusa la partida, ¡mejor para Tal! Spassky decía que Fischer tenía poca imaginación y Botvinnik afirmaba que el ajedrez de Fischer era «simple como el de un niño».

      Aunque es más justo lo que dice hoy Magnus Carlsen: que Fischer hacía que pareciera fácil y simple lo que en realidad era muy difícil de hacer. Pero vamos, Bobby era en esencia un jugador posicional. No tan extremo como Petrosian (a quien Fischer admiraba, por cierto), pero sí muy distinto de Tal. Por más que no fuese un inútil en ataque (que no lo era, ¡ni mucho menos!), la magia de Fischer residía más en su capacidad para mantener la armonía posicional de sus piezas *mientras* presionaba al rival, pero sin lanzar un ataque abierto. Kasparov dice que fue así como Fischer modeló el ajedrez actual.

      Un cordial saludo.

      • Peter Guillam

        No, Fischer como jugador posicional. Posicionales son Petrossian, Karpov, Kramnik o Carlsen. Naturalmente tiene partidas posicionales, porque como Spassky, fue un jugador total, o de juego universal.

    • Lo siento pero creo que el autor del artículo tiene razón. El estilo de Fischer (posicional y sobrio) no tenía nada que ver con la heterodoxia, las explosiones irracionales y la fantasía que creaba Tahl sobre el tablero. Que ambos fueran jugadores de ataque no implica que sus estilos fueran similares. De hecho, Fischer siempre admiró a Tahl por su heterodoxia como jugador de ataque, por imaginar conceptos, ideas y jugadas que estaban más allá de lo normal. S2

      • Peter Guillam

        Pues sigue sintiéndolo porque no es así. Sólo hay que ver las aperturas favoritas de Fischer para ver que su juego no es de ese corte. Si Fischer es posicional ¿entonces que son Petrossian o Karpov? Lo repito otra vez, su juego es universal, donde puede pasar de un juego combinativo a maniobrar a largo plazo.

        • pues nada, Guillem, quod natura non dat Salamanca non prestat. Según tú Fischer no es posicional, sigue con el error.

          • Peter Guillam

            Fischer es posicional, es combinativo, lo es todo. ¿Te vuelvo a repetir lo de jugador universal? Si quieres también te pongo las citas sobre Petrosian, el máximo exponente del ajedrez posicional del cual todos sus coetáneos lo calificaban como un combinador sublime. Ahora sigue leyendo lo que te de la gana.

  5. Nadie concita tanta atención hacia el ajedrez como Bobby, lo seguirá haciendo cien años después de su muerte. Sin embargo, es curioso que el mito se impone a ciertas realidades. Una de ellas es que, siendo un jugador superlativo, Bobby no debe ser considerado a la ligera como el mejor de todos los tiempos. Creo que el mejor fue cada campeón en su época: Lasker en 1900, Capablanca en 1922, Alekhine en 1930, Botvínnik en 1947, Smyslov en 1956…etc, creo que estos y otros campeones eran invulnerables, como Bobby, cuando llegaron a su apogeo. Por cierto, se ha hablado poco de la influencia de Smyslov en el juego de Fischer, pero creo que es notable. Su estilo es muy parecido, y al igual que el gran Vassily, Bobby era un maestro consumado en el final de partida. La última cuestión que quisiera precisar es que Bobby no revolucionó tanto el juego en sí como se ha insinuado, sino que su impacto tuvo lugar principalmente en la profesionalización del ajedrez. Esto ya lo señaló Botvínnik: «al analizar unas trescientas partidas de Fischer no me sorprendieron sus ideas, bien conocidas, que se movían por pautas ya jugadas anteriormente por maestros del pasado, pero sí me impresionó su virtuosismo en el cálculo y su voluntad de hierro». Kaspárov, en uno de sus libros, mencionaba el contraste entre Korchnoi o Tahl («irreverentes y heterodoxos con las convenciones») y el juego de Fischer («Bobby reverenciaba las reglas»). Esta última cuestión creo que es la más significativa en cuanto a la verdadera aportación de Fischer al ajedrez, en cuanto a su legado. Su impresionante capacidad de cálculo (calculaba muy profundo, muy exacto y, además, muy rápido) implicaron una mayor profundización en el juego, no bastando meras intuiciones a lo Capablanca o valoraciones generales. Se podría decir que el estilo de Bobby fue la avanzadilla del estilo computerizado actual de la mayor parte de los jugadores de élite, pero su juego no era esencialmente heterodoxo, ni debe considerársele entre los jugadores más creativos (al estilo de Kaspárov, Bronstein o Korchnoi, por ejemplo). De Fischer uno admira su precisión de computadora (la décima partida del match ante Spassky es el mejor ejemplo), su energía y su implacabilidad. Lástima que su paranoia esquizoide maltratara lo que comenzó como un cuento de hadas. Enhorabuena por el artículo. Ojalá haya más cosas sobre el fascinante mundo del ajedrez.

    • E.J. Rodríguez

      Hola John:

      Yo no señalaría a un jugador único como «el mejor» de la historia. Eso sí, Kasparov dice que en su momento Fischer mostró una superioridad sobre sus contemporáneos que no se ha vuelto a repetir y estoy de acuerdo con él. Aunque también es cierto que su reinado fue demasiado breve. Pero vamos, también el propio Kasparov es un buen candidato a ser considerado el más grande de la historia, entre otros.

      Pero yo sí diría que Fischer revolucionó el juego. Estoy de acuerdo en que se parece a Smyslov, pero Fischer dio un salto cualitativo. Más allá de su capacidad de cálculo (Kasparov ha descrito alguna de sus partidas como «juego de ordenador») hay un intangible en Fischer, un talento etéreo que fue magníficamente descrito por Najdorf: «Si Bobby tira las piezas al aire, todas caerán en las casillas correctas». Y no recuerdo bien si fue ¿Taimanov? el que dij: «Bobby tiene la rara habilidad de que sus piezas lleguen al lugar indicado en el momento justo».

      No fue un jugador imaginativo a lo Kasparov o Korchnoi, pero a mi entender sí tenía un talento innato para la armonía muy en la onda de Capablanca, pero con un cierto punto artístico. Un algo indefinible que lo distingue, por ejemplo, de Karpov.

      Un cordial saludo.

      • Apuntas varias cosas interesantes. Román Torán dió hace años la mejor distinción entre las dos K diciendo algo así: «son hijos del mismo padre, Fischer, pero su madre (Capablanca en el caso de Kárpov, Alekhine en el de Kaspárov) es distinta». ¿La diferencia entre Kárpov y Fischer? Sinceramente, no creo que esté en eso que tú denominas «punto artístico», pues hay mucho, pero mucho arte en las partidas del gran Anatoly. La diferencia creo que está no en su visión del juego, posicional por supuesto, en busca ambos del estrangulamiento, sino en la forma de llegar a ello. Fischer era extremadamente enérgico (Kaspárov se asemeja a él en eso), un maximalista en cada jugada, mientras que el estilo de Kárpov era puro minimalismo (¿recuerdas esa maravillosa jugada «h3» en su partida ante Krámnik en Linares’94? ¿y su ulterior plan ofensivo?), menos enérgico que el de Bobby.

        En cuanto a las armonías y demás mitos, francamente, creo que cada campeón mundial despertó en su época una admiración igual de intensa, y una perplejidad general ante su talento. La mitología construida en torno a Capa también fue enorme (y en muchos casos merecida, por cierto), y qué decir del asombro que produjeron muchas partidas de Petrosian o Kárpov en su mejor época, O de la facilidad con que Spassky manejaba cualquier tipo de posición en la segunda mitad de los sesenta. Y qué decir de la asombrosa armonía que tiene hoy día el juego de Carlsen, de los comentarios generales sobre si estamos ante el mayor talento que ha existido, sobre la facilidad de su juego, sobre su colosal sentido de la armonía. La partida que le ganó con negras a Radjábov anteayer, por ejemplo, fue impresionante pues parecía imposible penetrar en la posición contraria y que las tablas eran el resultado inevitable.

        Creo que los más grandes siempre despertaron esa admiración general entre sus contemporáneos. Fischer fue uno de ellos.

        Un saludo cordial

        • E.J. Rodríguez

          La frase de Torán es fantástica.

          Y sí, creo que el término «enérgico» para distinguir a Fischer de Karpov es lo que estaba buscando. Me gusta tu definición de «jugadas maximalistas», captura bastante bien el espíritu del juego de Fischer. De todos modos, sigo pensando en que en Bobby hay una faceta artística mayor a la de muchos jugadores posicionales. Ciertamente no era un creador a lo Tal, pero…
          Eso sí, lo que indudablemente distingue a Fischer de entre los demás campeones es su carisma único. En 1971-72 lo llamaban «el Muhammad Ali del ajedrez», lo cual me parece muy acertado, pese a parecer un paralelismo más bien facilón de la prensa del momento. Facilón, ¡pero muy cierto! Y bueno, la época 1972-1992, cuando estuvo desaparecido… su figura adquirió una magnitud mítica, casi de leyenda medieval, que no ha tenido ningún otro deportista vivo en ninguna disciplina.

          En cuanto a Magnus Carlsen, bueno, es asombroso cuando uno piensa en lo que puede llegar a convertirse… ¡con lo joven que todavía es! No tiene demasiado carisma, qué le vamos a hacer, pero en cuanto al estilo, comparte unos cuantos intangibles con Fischer

          • Sobre su calificativo como el Muhammad Alí del ajedrez, lo cierto es que los sesenta fueron una época singularísima del siglo XX. La época en que hasta los deportistas se convirtieron en iconos sociales. Siempre he sospechado que el verdadero Alí hizo más por la igualdad racial en los EEUU que todos los discursos del mitificado Dr. Luther King. Fischer fue un icono de la guerra fría, del enfrentamiento entre el liberalismo occidental ante el totalitarismo soviético, pero la paradoja está en que los símbolos de ese enfrentamiento representaban lo contrario. Curioso, ¿verdad? Creo que Spassky encajaba mucho mejor con el liberalismo que el intransigente y vocacionalmente totalitario Bobby. En cualquier caso, es triste que del compromiso político social de aquellos mitos sesenteros que no se mordían la lengua se haya pasado al deportista tan políticamente correcto de la actualidad, cuyo mejor ejemplo fue esa excelencia de plástico llamada Michael Jordan (recuérdese su famoso comentario «los republicanos también compran zapatillas»). En cuanto a la desaparición de Bobby durante veinte años y su mito consiguiente, te recomiendo la lectura del excelente libro de Yasser Serirawan «Chess duels», donde cuenta la extraordinaria anécdota de Bobby con una prostituta durante su visita a Bruselas en 1990. El libro es delicioso. Abz

      • Peter Guillam

        ¿Fischer no fue un jugador imaginativo? Me sabe mal, pero es que estoy alucinando.

        • Claro que era imaginativo, no desbarres. Pero no al nivel de un Bronstein, Kaspárov, Tahl o Korchnoi. Kaspárov ya lo dijo en una entrevista en 1996 en una entrevista con Eliazar Ubilava en la revista española «Gambito»: «Fischer no fue un innovador, pero sí un extraordinario compilador». El mejor sintetizador del siglo XX, pero no un «creativo» del juego al nivel de otros campeones o reyes sin corona.

          • Peter Guillam

            Habló la sarten al cazo. El máximo exponente de la escuela de Botvinnik ¿en qué ha innovado aparte del trabajo en las aperturas? Del que no hay que restarle ningún mérito por ser el primero en ver la importancia de la informática en el juego. ¿Eso lo hace un jugador más imaginativo que Fischer? Ni hablar. Es como decir que Carlsen tiene una imaginación sin parangón porque lleva a los jugadores fuera de las preparaciones caseras porque en un ajedrez «desnudo» sabe que va a ganar 8 de cada diez partidas.

            Otra cosa que me sorprende, y viendo que no eres precisamente un indocumentado en la materia, es coger las palabras de Kasparov al pie de la letra. Tipo inteligente que nunca lo va a decir, pero se considera el mejor jugador de todos los tiempos, y sabe perfectamente que si hay un jugador por encima del resto que le puede discutir ese honor es el americano. Cada vez que se ha planteado públicamente sobre ese tema u otro análogo, el de Bakú ha echado chispas. Aún recuerdo cuando no eligieron su combinación contra Topalov en ¿Wjk an zee? como la mejor, en cambio sí la de Shirov contra el mismo jugador, el famoso Ah3 como la mejor, y la que lío. El tiempo ha demostrado que la del letón era correcta y la suya el búlgaro no eligió las mejores bazas, pero ya sabemos que en este mundo si al Ogro le pica todo el mundo se rasca.

  6. Por cierto, si alguien quiere ver a Bobby hablando un poquito de español, aquí tiene este enlace. Al 01:20″: http://www.youtube.com/watch?v=RiY4_oTbeio

    • E.J. Rodríguez

      ¡Fantástico! ¡Fischer hablando español! Me encantaría ver completa esa entrevista.

    • En ese video (al 01:47″ aprox.) es buenísimo como Kasparov le da la mano a Karpov para acabar la partida, mira para otro lado descaradamente!! Se ve que se apreciaban

  7. Esto del youtube está plagado de cosas asombrosas:

    1) Fischer a los quince años en un programa de tv:
    http://www.youtube.com/watch?v=t7JcwOJADf8

    2) el reportaje que el mítico «Sesenta minutos»,de la CBS, hizo en 1972 antes del match con Spassky:
    http://www.youtube.com/watch?v=uniN-ungh2w

    3) su entrevista con Dick Cavett antes del match, donde dijo la famosa frase («breaking his ego») sobre lo que más placer le causaba en ajedrez:
    http://www.youtube.com/watch?v=MPlXC3M8hbg

    4) y la primera vez que fue descubierto por una tv tras veinte años de retiro:
    http://www.youtube.com/watch?v=YjpaoRS-2Fc

    Saludos

  8. Tenía muchas ganas de leerlo y no ha defraudado.
    Ahora no puedo aguantar al siguiente, que en mi opinión narrará los mejores años de Fischer hasta convertirse en campeón mundial tras un tiempo enclaustrado.

    Es el mejor serial de todo Jot Down (y los que pueden hacerle frente también son escritos por el mismo autor…).

  9. Lester Freamon

    Fantástico, llevaba esperando leer algo más sobre este genio.

  10. Antes de leer el artículo decir una cosa: No está de más que enlacéis los reportajes previos. Creo haberlos leído en su día, pero en cualquier caso…

  11. A Peter Guillam: probablemente Kaspárov tiene argumentos sobrados para discutirle al Fischer el calificativo de «mejor de todos los tiempos», cosa que si lees otros comentarios que he hecho, entiendo que es muy subjetivo e imposible de determinar. ¿A quién quieres más, a papá o a mamá? Y sospecho en tus palabras cierta antipatía hacia el ruso, independientemente de que te asista la razón respecto a su conocido mal humor en ciertos momentos. Concretamente, y sin mirar nada, escribo de memoria, creo que la famosa y sublime jugada de Shírov (Ah3!!) en su final de partida contra Topálov pertenece a la edición de Linares’98, y por tanto no fue coincidente con la magia desplegada por Gari (también ante Topálov)en el torneo de Wijk aan Zee’99.

    Respecto al tema de la universalidad, insistes, y llevas buena parte de razón, en que Fischer era universal en su juego. ¿Me puedes dar el nombre de un solo campeón que no lo fuera? El título de universal sólo comenzó a aplicarse con Spassky, precisamente por la facilidad enorme que éste tenía para manejar cómodamente todo tipo de posiciones. O quizás se le etiquetó así a Boris por el estilo indefinible de su juego, pero ¿no eran también universales Lasker, Alekhine, Botvínnik, Petrosian o Kaspárov, por poner varios ejemplos? ¿No lo era también Paul Keres, rey sin corona? Se puede ser universal pero adoptar una tendencia dominante en tu juego, y esa es la razón de etiquetar a un jugador bajo un prisma u otro. Tú mismo señalas que Petrosian era un magnífico combinador, cierto, pero está claro que su estilo, aunque barroquísimo en ciertos momentos, era netamente posicional. La singularidad de Bobby radica, en que siendo su facultad dominante claramente analítica, pues poseía un talento combinatorio fuera de lo común, prefería aplicar esa habilidad bajo las reglas estrictas de la sobriedad posicional, luego su juego, universal, impecable en lo combinatorio, era predominantemente posicional. Sobre este punto, te recuerdo que sólo Kárpov ha superado al americano en el manejo de la apertura más posicional de todas, la Española, donde Fischer era un consumado especialista. Capablanca dijo que «la Española es la piedra de toque del juego posicional». De hecho, ya avisó Petrosian de que jugarle a Bobby la Ruy López, donde todo transcurre por cauces más o menos claros y ordenados, no caóticos, era un suicidio.

    Entiendo que la naturaleza rebelde de Bobby, su mitología, sus fantásticos remates combinatorios, pueden hacernos creer que estamos ante un jugador de deslumbrante imaginación, que su leyenda no casa con la sobriedad de los Rubinstein, Capablanca, Smyslov o Krámnik. Pero una cosa son los mitos y otra las realidades. En su madurez, y ya antes pero sobre todo muy claramente en el período 1970-72, se aprecia clarísimamente la querencia de Bobby por el juego ortodoxo y de líneas maestras posicionales.

    • Peter Guillam

      Te equivocas. Nadie que sienta antipatía por alguien se come una cola de 3/4 de hora para que el antipático le firme un libro, al final fueron dos. Otra cosa es que es para echarle de comer aparte y que es muy capcioso en sus comentarios.

      Te doy el nombre de campeones no universales, Tal, Karpov, Petrossian. Y mira que el estilo del primero es lo opuesto a los otros, sobre todo al armenio.

      Si te das cuenta no he mentado en ningún momento a Botvinnik por su juego, y menos a Capablanca o anteriores. Botvinnik se destacaba por lo concreto, y la preparación en base a los rivales. Capablanca o Lasker pertenecen a un ajedrez de altísmo nivel, pero demasiado lejano para poder hacer comparación. Y a Keres yo no lo he mentado en ningún momento.

      Yo no sé que entiendes por posicional, pero lo que dices está muy lejos de lo que he aprendido en muchos años. Precisamente sus posiciones son muy dinámicas, naturalmente tiene partidas de todo tipo de corte, y la elección de las aperturas, y sobre todo, el conocimiento y el tratamiento de su época sobre las mismas lo dictaban así.

      Y yo no hablo de imaginación o de leyendas. Yo he reproducido sus partidas, la mayoría comentadas, y distan mucho de ser de corte posicional. Y no caigas en el error de catalogar las aperturas jugadas en los 60-70 con la visión del siglo XXI. ¿O quieres comparar el tratamiento del gambito del rey de principios del XX a como lo ha jugado en la pasada década Short? O la variante del cambio de la española, de como se juega ahora a como la jugaba Fischer.

      Al final la cuestión es como le llamas a las cosas, y a Fischer no puedes meterlo en un saco donde caben Karpov o Petrossian, como exponentes más deslumbrantes, porque eso no es cierto.

  12. Me congratula que no le tengas manía a Gari, aunque no excluye tal posibilidad el hecho de tragarse tres cuartos de hora haciendo cola para que te firmara dos libros, pues debes saber que toda antipatía también es perfectamente compatible con la lógica admiración hacia un genio. Y me sorprende que lo tildes de «capcioso en sus comentarios», precisamente un tipo que, como dijo Korchnoi, tuvo una educación ajedrecística inmejorable (mérito de Botvínnik, entre otros) y que de jugadores del pasado siglo debe conocer algo. Al respecto, y como eres admirador de Kaspárov, te recomiendo su obra magna «Mis geniales predecesores», especialmente los volúmenes IV y V, donde hace una comparación entre el juego de Kárpov y el de Fischer que te puede parecer irritante y errónea. Me alegra saber, al menos, que aparte del autor del artículo de esta web, servidor también comparta con el XIII Campeón del Mundo erróneos criterios interpretativos sobre la naturaleza eminentemente posicional del juego de Bobby Fischer.

    Por cierto, dado que concedes excesiva importancia a las nomenclaturas, yo no meto en «el mismo saco» a todos. La generalización básica distingue entre jugadores posicionales y jugadores combinativos, pero en cada una de esas dos categorías pueden existir similitudes y diferencias, resultantes de muchos factores. Capablanca tenía una elegancia y sencillez de la que carecía Kárpov, mucho más sutil y psicológico en su juego; el barroquismo de Petrosian distaba un mundo del juego rectilíneo de Smyslov; la energía implacable que desplegaba Fischer se asemeja poco al minimalismo científico de un Krámnik; la pureza cristalina de Rubinstein no casa mucho con el juego prusiano de Botvínnik. Todos ellos posicionales; todos, también, distintos.

    Me alegro, finalmente, no ser el único que ha reproducido todas, o al menos, la mayor parte de las partidas de Fischer. Pero ya imaginarás que una cosa es transportar madera y otra bien distinta reflexionar sobre lo estudiado.

    Un saludo cordial

    • Peter Guillam

      Primero una cosa, sobra la condescendencia. ¿Piensa que libro fue uno de los que me firmó? ¿Tú crees que no voy a conocer el libro , los, más famoso de los últimos años?

      Yo le concedo valor a significado de las palabras, al que tienen, ni más ni menos. Porque eso de juego prusiano …

      Y ya que nos ponemos con las citas: El punto fuerte de Fischer es su versatilidad.En su estilo se aprecia una constante búsqueda de la iniciativa y respeto por el material, armoniosamente combinados. Puede sacrificar material por ataque, pero también puede aceptar un sacrificio y asumir una defensa difícil.. Vamos, que lo que dice Viktor el Terrible en ajedrez se resume con una palabra, no voy a escribirla más.

      Por cierto, eres tú el único que no mueve las piezas como un robot. ;)

  13. Maravillosa serie de artículos y no menos interesantes los comentarios.

    Enhorabuena.

  14. Muy bueno el artículo. Tan sólo dos cosillas quería comentar:
    Que pongan los artículos en la categoría de deportes, que si no cuesta encontrarlos!
    Y no nos hagas esperar tanto para la cuarta entrega como para ésta…

    Un saludo y gracias

  15. Grandísimos artículos sobre Fincher, al mismo nivel que aquellos ya míticos de Capablana y Alekhine (Mozart y Salieri). Enhorabuena, señor Rodriguez.
    Soy un aficionado puntual al ajedrez y con estas historias siento una cierta adicción por el juego, que alcanza aquí dimensiones casi épicas. Me gustaría saber cuándo estará preparada la cuarta parte (por favor, dentro de poco), y si habrá próximamente una serie sobre algún otro gran ajedrecista. ¿Kasparov, quizás?

  16. Me cuelo entre los comentarios nada más para felicitarte, E.J., por tan preciosos artículos. Yo que nada más me sé cómo se mueven las piezas y que las blancas juegan primero. Pero la grandeza del ajedrez, el misticismo de Fischer y el gancho de la redacción hacen de estas unas notas imprescindibles. Saludos.

  17. Ford Fairlane

    Enhorabuena por esta serie de artículos! Yo, como otros «comentaristas», apenas he jugado al ajedrez desde la infancia, pero últimamente me veo leyendo e investigando sobre ellos porque a mi hijo de apenas 6 años parece que se le da bien. No sin orgullo confieso que ya me ha ganado en una ocasión, que si bien no tiene mucho mérito por lo que a mis capacidades respecta, no deja de ser una batalla desigual.

  18. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Bobby Fischer (IV): “¿Qué le pasa a Fischer?”

  19. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Bobby Fischer (V): La máquina de aplastar rivales

  20. Increíble artículo E.J. Rodríguez.

    Un diez también a los comentaristas. Así da gusto.

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  26. Acabo de caer en este fantástico artículo y me he leído todos los comentarios. Solo tengo una observación. Peter Gillam eres un gilipollas.

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