I. El asombroso mundo de Gumball
Tenemos una sitcom en torno a la prole de los Watterson (un apellido que tiene poco de aleatorio, es una muestra de respeto hacia el creador de Calvin & Hobbes). Un gato azul llamado Gumball, un hermanastro bautizado Darwin o el pez que ejercía de mascota familiar hasta que le brotaron piernas y la adopción formal se consumó, una conejita rosa superdotada llamada Anais y un binomio parental construido por dos polos opuestos: Nicole, una gata trabajadora que vive acampada en el límite que separa la cordura de la total enajenación causada por el estrés y Richard, un conejo rosa que eleva el mongolismo y la vagancia hasta unos niveles que hacen que Homer Simpson y Peter Griffin parezcan un par de refinados eruditos. El detalle más importante a tener en cuenta es que esta extraña familia podría ser lo menos asombroso del programa.
II. La fascinante psicodelia de la cabecera
El opening de cualquier serie es un vestíbulo fundamental, una introducción fugaz que se utiliza para informar al espectador de lo que se va a encontrar durante los próximos minutos y de paso para insinuar el tono del programa. Normalmente ese prólogo aprovecha para ofrecer destellos de los protagonistas principales y alguna pista sobre el mundo en el que estos se mueven. Pues bien, El asombroso mundo de Gumball tiene una cabecera que dura veintiséis segundos y consiste en esto:
Un caleidoscopio psicodélico de personajes bailongos, glitches con distorsiones digitales, unicornios voladores, gatitos con sombrero y el sentimiento general de que esto del prólogo es un mero formalismo para dejar claro que al propio show se la suda un poco todo, y que al mismo tiempo se siente orgulloso de enarbolar el caos como carta de presentación de su esencia.
III. La maravillosa técnica de la disonancia visual
Ben Bocquelet trabajaba como creativo publicitario y en su carpeta uno podía tropezarse con cosas como este curioso cortometraje animado titulado The hell’s kitchen. El hombre sería contratado por la cadena Cartoon Network para echar una mano a aquellos que entraran por la puerta con ideas que airear en el recientemente creado Cartoon Network Development Studio Europe, pero pronto acabó planteándose que él mismo podía proporcionar material interesante. Se puso a rebuscar en su papelera y rescató de sus propuestas publicitarias a un puñado de personajes que habían sido rechazados. Lo curioso es que entre ellos no existía una unidad estética: algunos eran dibujos clásicos en 2D, otros creaciones CGI realistas, otros cuantos eran personajes animados mediante stop-motion y otros tantos estaban construidos a partir de modelos en 3D estilizados. Lo poco homogéneo del conjunto le hizo mucha gracia y llegó a la conclusión de que el único lugar donde una tribu tan extraña podría convivir era el interior de las aulas de una escuela. Decidió colocar todo aquello sobre la fotografía del patio de recreo de un colegio y quedó encantado con el resultado. Nacía la técnica de Gumball, una tan fascinante como en apariencia causante de intensos dolores de cabeza al departamento de producción: estilos de animación opuestos conviviendo de manera inexplicable sobre escenarios reales. No era la primera vez que algo así se hacía, Las maravillosas desventuras de Flapjack ya tonteaba en ocasiones con los destellos de mestizaje conceptual, pero sí que quizás era una de las más notables y arriesgadas.
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Pendelton Ward es un ‘manchild’ con serios problemas mentales, y series como ‘Hora de aventuras’ e ‘Historias corrientes’ deberían hacer intervenir al Defensor del Menor. Hay capítulos que provocarían sudores fríos a David Cronenberg, joder. ¡Y esto es lo que ven los críos hoy en día! He dicho.
Yo llevo viendo mierda gore desde que me empezó a salir pelo en el pubis y el capítulo en el que Limoncio empieza a crear aberraciones genéticas para paliar su soledad me provocó un agudo caso de «mirada de los mil metros».
Eso sin hablar del Mayordomo Menta y sus escarceos satánicos.
Pendleton Ward es un genio.
Pingback: XII razones para amar a Gumball
La creatividad de esta gente es fascinante.
El capítulo en el que el padre encuentra trabajo y es algo tan anormal que está perturbando el espacio tiempo es digno del mismísimo Phillip K. Dick. Y el chiste de «¡tiene que despedirlo!», «¡no puedo! ¡alterar la estructura del espacio-tiempo no es causa de despido procedente!» es algo al alcance de… nadie.
Gran post! :)
PD: Por otra parte, no entiendo muy bien por qué hay que hablar de hora de aventuras en un post sobre Gumball…
Buenas Luis,
Lo de partir de algo cotidiano (en el mundo real o en la trama típica de una serie) para a continuación enredarlo y potenciarlo hasta el extremo si se hace bien es extraordinariamente gracioso. Hay un capítulo de Historias corrientes en el que los protagonistas comienzan contando mentiras y debido a ellas acaban trasteando con la antimateria para evitar el fin del mundo en la NASA. Esa clase de genialidad para proyectar las cosas hasta el infinito porque pueden es muy de agradecer.
Se menciona Hora de Aventuras porque:
-Esa serie y Gumball tienen mucho de gran trofeo actual de la Cartoon Network. La propia cadena suele utilizarlos de bandera.
-Y también porque el último manuscrito en el que se repasaban los dibujos animados en esta revista trataba sobre el mundo de Ward
Sin duda esta serie te reconcilia con el juego, la inteligencia, el buen humor. No te sientes tan solo o estúpido tras ver capítulos como el que nombras.
No sé quién es Diego Cuevas, pero por favor, cásese conmigo! Jajaja!
Es una de mis series favoritas y hago parones en el trabajo (desde casa) para ver la serie en Boing.
Sublime artículo!
me encanta, igual que hora de aventura, que también ya tuvo su artículo, ¿para cuando el de historias corrientes? ¿o es que ya se me pasó?
Estoy con José Antonio Fernández, ¡a por Historias Corrientes!
Entre Hora de Aventuras, Gumball e Historias Corrientes estoy recuperando la fe en la humanidad (perdida entre Digimones, Gormitis y Monster Highs).
Hola caballeros,
La verdad es que acabo de empezar a verla en serio hace nada. Y por ahora todo muy BIEN.
No es por nada, pero Digimon Adventure está más cerca de las primeras que de Gormitis y Monster Highs. Hablo de calidad, claro, no de tono.
y por este temazo en el que sin duda es uno de sus mejores episodios:
http://www.youtube.com/watch?v=95TkgtshKgE
j
Gumball es genial.
Hora de aventuras es patética.
lo recomiendo! excelente artículo. mateus